Al hilo del post de Óscar, en Normalizado, donde pregunta… (iba a escribir “lanza la pregunta”, pero he rectificado a tiempo, no quiero que Manzanita y sus purismos me crucifiquen
, -no suelo utilizar la expresión, pero en este caso es que casi la lanza, parece decir: “ahí, ahí la lleváis” como final de post-).
Bueno, que me voy por la ramas, decía que Óscar pregunta, tras recuperar el billetero que había olvidado en la FNAC, sobre lo más valioso / extraño / avergonzante que nos hemos dejado por ahí.
Aparte de ocurrírseme obviedades, como la honra o la dignidad, que me las he dejado en más de una ocasión en los sitios más insospechados, y sobre todo con la que gente más insospechada, voy a relatar el caso de pérdida, de objeto, más espectacular que he sufrido, por las consecuencias, más que nada.
Antes, (me acaba de venir a la memoria), quiero mencionar una frase que a veces dice mi madre, y que proviene de mi abuela, en referencia a cuando uno tiene que rebajarse -quizá ésta sería la expresión más adecuada-. Dice mi madre: “El orgullo es una cosa que se coge, se tira, se pisotea, y luego coge una, lo sacude y queda como nuevo”. Mi abuela molaba mucho, pena que se muriera cuando yo era niña aún.
Y ahora sí, prometo no irme más por las ramas y contar mi “caso dramático”:
Sicilia, digo… Leuven, Bélgica, dos mil… algo.
Un día cualquiera, muy al principio de mi estancia en la ciudad (¿o debiera decir pueblo? mmm, ¡ciudad universitaria!), caminando por el centro, perdí (o me robaron, nunca lo sabré) la cartera con el dinero, pasaporte… todo. No sólo me quedé sin dinero para comer, sino que ni siquiera podía desplazarme al consulado, o llamar por el móvil, porque era de tarjeta y tenía el saldo justo, y menos desde una cabina. Como acababa de llegar al país, apenas conocía a nadie, y los pocos que conocía estaban de viaje. Lo llevaba todo encima porque estaba de papeleos, compras y las cosas típicas que se hacen tras una mudanza. Encima, llegaba el fin de semana. Lo peor de todo, o lo que me creaba más angustia en ese momento, tonta de mí, era que esa tarde llegaban los muebles de Ikea, y yo no tenía un duro para pagarles por el transporte, que se pagaba después de comprar, a la llegada de los muebles (la historia de cuando me quedé tirada en el polígono de Bruselas y me rescataron unos que tuneaban coches es bonita también, pero no viene a cuento).
Fui a la comisaria a denunciarlo. Aunque no estuviera segura del hecho, algo me decía que lo más conveniente era decir que me lo habían robado. Dificultades idiomáticas aparte, no me hicieron ni puñetero caso.
En este punto, tengo que decir dos cosas:
1) los que digan que en la parte flamenca de Bélgica todo el mundo habla inglés, mentira, mentira cochina. Lo hablan cuatro, el resto lo chapurrea y mal, con un acento que no lo entienden ni ellos. Los que venden cursos, de la materia que sea, en inglés en Flandes, deberían ser condenados, como mínimo, a una estancia de tres años, digamos en La Alpujarra, prometiéndoles, de la misma manera que ellos hacen, que allí se habla inglés, mucho inglés, vamos, allí los niños nacen bilingües y después de decir mamá, la siguiente palabra que pronuncian es excuse me. Bastante tiene el vulgo con aprender holandés, francés y después alemán, como para ponerse con el inglés, aunque mérito y capacidad no les niego a ninguno de ellos, y envidia me dan con tanto idioma de por medio.
2) es mucho mejor quedarse sin dinero en un país subdesarrollado (me ha pasado) que en la vieja y opulenta Europa; la gente, a pesar de ser más pobre en general, se muestra más amable y comprensiva, por paradójico que pueda parecer.
Sigamos con la historia, y la voy a resumir mucho, conste, que me pasaron más cosas:
Después de volver a casa, sentarme, levantarme, sentarme, maldecirme, angustiarme, acojonarme, ¿qué se me ocurrió? Mamá. Cobro revertido.
Ahí comienza el episodio Western Union, que es una mierda y no vale pa ná. Resulta que existe una manera interna de transferir dinero a través de esta compañía cuando el receptor no dispone de documentación, como era mi caso. Se trata de una palabra secreta que el emisor del dinero debe comunicar al que lo va a recibir, y que éste deberá pronunciar a la hora de cobrarlo. La palabra secreta era el nombre de una de nuestras gatas, Cleo. Al día siguiente, me voy a Western Union, me presento, espero la interminable cola, me sitúo ante el mostrador y el encargado me dice que no habla inglés. Mentira, seguro, pero bueno. Le cuento mi vida a uno que pasaba por allí y no tenía mucha prisa del todo, considerando que la oficina está situada en la estación de tren, y se ofrece a hacerme de intérprete. Volvemos a esperar la cola, hacemos todo el trámite, nombres y demás, y cuando llega la hora de decir la palabra secreta, el hijo de puta del encargado me dice, con sorna, que no entiende lo que le acabo de decir, que no es la palabra. Se la intento escribir pero no me deja un papel. Me da a entender que no puede esperar más y le da paso al siguiente de la cola. Mi intérprete se aleja confundido. El hijo de puta se ríe.
En ese momento, supe lo que eran ganas de poner una bomba (y lamentablemente ya no sólo por este caso, pues otros peores me esperarían en mi vida). Y me puedo imaginar la angustia de la gente que llega sin papeles, sin conocer a nadie, y encima los putean; y eso, que al fin y al cabo, yo sabía que antes o después lo mío se solucionaría, porque tengo una familia que me respalda, y una nacionalidad que me ampara, pero esta gente no, es la misma angustia sin visos de final.
Ah, los de Ikea llegaron, con las ganas que tenía de que me trajeran los muebles, pero les tuve que decir que volvieran otro día, a lo que accedieron sin sorprenderse demasiado, aunque a saber cuándo sería eso y si no habría malos entendidos con el envío que después yo no podría solucionar por problemas con el idioma.
El domingo, día en que la católica Leuven se asemeja a un desierto, me quedé en casa, sin salir, derrotada y pensando en las ideas más peregrinas. Aburrida, revisando los papeles de la universidad, comprobé que disponían una especie de servicio de asuntos sociales. Ésos eran los míos.
A la mañana siguiente, allí que me fui. Les conté toda la movida y me prestaron el dinero para poder ir en tren al consulado de Bruselas y así sacarme un pasaporte con el que poder tener acceso al dinero. Muy simpáticos, muy buenos y muy efectivos.
Tomé el tren y me dirigí al consulado. Me perdí mucho intentando encontrar el consulado, venga patearme Bruselas, pero al final llegué. Espero mi cola, hago los trámites, foto, huellas… y cuando voy a la ventanilla donde me tienen que entregar el pasaporte me dicen que por ese día ya es muy tarde, que vuelva mañana. En ese momento me doy cuenta de que no tengo dinero para volver a Leuven, a mi casa (=techo). Les digo que no puede ser, primero intento ser educada, explicarles mi situación, pero acabo por montar el número, medio llorando. Me siguen diciendo que nada, que no.
Salgo, paseo, vuelvo. Que no. Me siento en las escaleras de la entrada.
Llamo a mi madre. Me dice que espere, que va a intentar solucionarlo desde España. Desconfío, profundamente. Yo acababa de salir de dentro del consulado, ¿qué iba a hacer ella desde Cádiz?
Me siento, espero. Para pasar la noche en cualquier parte mejor esperaba allí, por si al final le daba pena a alguien.
Una hora después, se me presenta un señor mayor, con aspecto de dandi ajado. Me dice que es el cónsul, que ha hablado con mi madre, que ¡vaya mujer!, que no me preocupe que en un momento me dan el pasaporte. Lo miro con los ojos muy abiertos. Lo acompaño, me lo dan, y me dice, con toda su cara: “es que nos lo tenías que haber explicado mejor”. ¿MEJOR, MEJOR? Pero sonrío, y me callo, ¿qué mas daba ya? Él no me importaba, yo sólo visualizaba “banco, banco”. Le digo que tengo que ir al banco, que corría el riesgo de que cerrasen, y encontrarme en las mismas. Me dice que me acompaña, no vaya a ser que tenga algún problema. Vamos en metro, que “era más rápido”, consigo el dinero, y en la boca del metro al despedirme, el cónsul me dice: “¡pero antes de todo llama a tu madre, que se quede tranquila!”.
Qué no le diría mi madre. Me lo puedo imaginar, y no me extraña que respondiese así.




30 comments
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18 Abril 2008 a 8:44 am
Brixta
Oye, ya que te veo embalada podrías contar lo de Londres. Eso sí que es perder algo y recuperarlo
18 Abril 2008 a 8:51 am
La Petite en Belgique
Ostras! Qué raro! Para mí Leuven (donde vivo desde hace ya 1 año y 7 meses) es la ciudad más segura que he pisado. Nadie roba nada, excepto bicis, y un amigo mío se ha dejado ya dos veces la cartera en la mesa de alguna terraza y ahí seguía.
Los belgas pueden ser unos seres asociales, fríos y un poco maleducados, pero lo que tienen es que son honrados.
Y eso de que no hablan inglés… siento decir que muchos se niegan a hablarlo o a escucharte aunque su inglés sea mejor que el tuyo. Te lo digo por experiencia que ya me ha pasado un par de veces (una de ellas en la policía de Phillipsite). Es una pena que ese grupo de imbéciles creen tan mala imagen del resto de los belgas…
Por cierto, una cosa que me encanta de Leuven y que me hace no mudarme a Bruselas: una puede andar sola a las 4 de la mañana que no pasa NADA. Por supuesto que la prumera vez que llegué se me hizo pequeñito, pero ahora me siento muy cómoda.
Por cierto, en qué época estuviste y en qué zona viviste?
18 Abril 2008 a 11:56 am
Manzanita
Recojo con prisas la pregunta al vuelo (tras ser lanzada, ejejeje, lo mío es un poco enfermedad Iwita, pero me gano la vida, entre otras cosas, corrigiendo y al final, afecta a las neuronas y a las neuras)…y voy pensando qué es lo más loco que he perdido, ¡¡¡seguro que acabo cayendo en algo!!!.
La cartera, como me la robaron hace un par de semanas, aquel día que iba yo disfrazada de Alaska, y ya lo he contado, ya no lo digo más.
18 Abril 2008 a 12:01 pm
Iwi
Brixta, lo de Londres, en un mes y pico o así, que lo quiero contar completo (parezco Mala con el post de la boda, yo con el de Londres).
Petite, si te fijas yo no llego a afirmar nunca que me robasen (
), digo que nunca lo sabremos (probablemente se me caería en algún sitio). Efectivamente, Leuven es una ciudad ultrasegura, aunque gana la palma Aberystwyth Wales. La policía de Leuven sí fue amable y me hablaron en inglés, lo que pasa es que no me dieron ninguna solución a mi problema. Y no estoy de acuerdo en los belgas hablen tan bien inglés, sí el ambiente universitario que predomina y contagia Leuven, pero te sales de ahí y no es tanto pa tanto.
Leuven me parece una sitio muy cómodo y agradable para vivir, absolutamente nada que ver con Bruselas, por si alguien está asociando en este momento. Vivía en una paralela a la calle que va de la estación al centro (cómo se olvidan las calles). Yo pasé un gran año allí, fue en el 2002-2003, creo recordar, y aproveché para viajar mucho, y barato. Recuerdo que el tren funcionaba muy bien, y había cada dos por tres, igualito que aquí.
Leuven me gustó mucho, es una pequeña joya suelta en el centro de Europa, disfruta de tu tiempo allí.
18 Abril 2008 a 12:10 pm
Iwi
Manzanita, la lengua hay que cuidarla, y me parecen muy bien tus neuras
Ya leí lo de tu cartera, qué fastidio, espero que todo se haya repuesto ya y constituya sólo un mal recuerdo.
A mi hermana le robaron el bolso por las mismas fechas, en una cafetería de Lavapiés. Aparte de un buen dinero (porque iba al dentista), le quitaron cosas tan peregrinas como las llaves del coche (que estaba en Cádiz) y las llaves de MI casa. Yo no sé qué hacía con esas cosas en el bolso. En fin…
18 Abril 2008 a 12:29 pm
Manzanita
Los bolsos son siempre esos pozos donde echas más cosas de las que debes, y que contienen prácticamente tu vida entera (los míos, cada vez más grandes, claro). Últimamente he oído muchos casos, debe ser temporada alta de robos.
Sigo sin acordarme de todo lo que llevaba en la cartera…me van viviendo flashes con el tiempo, pero bueno, poco a poco. Con la excusa ayer me compré un billetero nuevo monísimo…EJJEJE.
18 Abril 2008 a 11:51 pm
La Petite en Belgique
Gracias, en eso estoy. Llevo algo más de año y medio por aquí y aún no me canso
21 Abril 2008 a 3:59 am
macorina
Yo nunca he perdido nada muy importante, o al menos nada que no haya encontrado rápido. Paradójicamente es lo que tiene ser muy despistada, que me obligo arevisarlo todo mil veces.
21 Abril 2008 a 11:36 am
malayerba
Eso mismo me pasa a mí, Macorina.Antes de salir de casa, tengo que mirar y remirar bolso, bolsillos y demás varias veces.
21 Abril 2008 a 12:12 pm
nickprecioso
y cuando te vas perder por madrid?
21 Abril 2008 a 3:17 pm
Iwi
bueno, bueno, Maco, perder no sé, pero olvidar… Recuerda: no hace tanto, la montaña, las llaves de tu casa… ejem
yo siempre digo, años y años de práctica, al salir de casa: “tabaco, dinero, llaves”, es mi frase. Es una putada cuando dejas de fumar porque te lo recuerda.
“nickprecioso”, jajaja, en madrid me gusta perderme de vez en cuando, cada vez menos, porque sabes que soy de no salir del barrio
en breve, en breve…
21 Abril 2008 a 4:34 pm
gurb
yo se de 3 que son aficionadas a la perdida compulsiva de aviones y trenes….
21 Abril 2008 a 4:42 pm
gurb
y no miro a nadie
que se dice el pecado pero no el pecadorrrrrrrrrrrrrr
21 Abril 2008 a 5:28 pm
Manzanita
Los aeropuertos, cada vez con más medidas de seguridad, donde te quitas y pones las cosas mil veces, son un sitio perfecto para perder cosas.
21 Abril 2008 a 5:50 pm
gurb
Eso a los virgos no nos pasa. Un buen virgo (uno de verdad, que hay mucho embustero suelto) se presenta al areopuerto 3 dias antes de la salida del avión.
(tengo un comment en moderasssaoooo)
21 Abril 2008 a 6:54 pm
Brixta
Gurb, no flipes!
Si yo contara la cantidad de veces que perdido un avión, abría otro blog dedicado sólo a eso. Una vez perdí uno, paradójicamente, porque perdí la tarjeta de embarque dentro del aeropuerto. Un número.
21 Abril 2008 a 9:55 pm
Iwi
Bueno, atención, ACABO DE PERDER EL MÓVIL, por primera vez en mi vida, hace unas tres horas.Eso me pasa por hablar. ¡Qué gafe!
Esto no hace sino ratificar mi teoría de que cuando hablas de algo lo atraes. Nada en el mundo me hará cambiar de idea sobre esta teoría.
Estoy muy disgustada.
Ha sido en Ikea Málaga, mientras apuntaba pasillos y secciones sobre una mesa MIKAEL en la sección de muebles de oficina. Me lo dejé allí, y cuando me di cuenta, al llegar a la cafetería, volví y ya no estaba. Ha sido una odisea, y para nada: busca una cabina, pregunta, atención al cliente-objetos perdidos, volver a oficinas, volver a atención al cliente. Superdivertido. Aprendizaje sobre esto: la única salida que hay en Ikea una vez que subes las escaleras de entrada es por caja (el que entra no sale).
Los pies me duelen. He llamado para que restrinjan las llamadas y mañana haré un duplicado de tarjeta, pero por lo que estoy jodida es porque he perdido cientos de números de teléfono. La última vez que hice copia de la agenda fue hará unos tres años y vete tú a saber dónde estará ese papel con tanta mudanza. Mira que me decía que tenía que hacer una copia. Total, los números de los últimos años perdidos, si no todos.
Números de ex, de viejos conocidos, de contactos laborales, de todo.
22 Abril 2008 a 9:58 am
Manzanita
Jooooo, qué rabia, ¿no ha aparecido?.
Yo no hace mucho perdí en Ikea SSebastian de los Reyes una chaqueta de traje que estrenaba ese día. No la recuperé y me hice el “circuito interno Ikea” varias veces en el único sentido que se puede hacer.
22 Abril 2008 a 10:00 am
Manzanita
Me apunto, por cierto, hacerme una copia de la agenda pero YA.
Gurb: mi mejor amiga es Virgo de las buenas, y efectivamente no perdería el avión NUNCA. Yo es que soy Acuario de las buenas-buenas. Si no he perdido nunca el avión es de milagro.
22 Abril 2008 a 10:59 am
La Petite en Belgique
En Ikea hay una puerta para no tener que hacer el recorrido cual hamster u oveja del rebaño, pero teóricamente es sólo para los que trabajan allí. Yo la usé un par de veces en uno de los IKEA cercanos a Bruselas.
Perder la agenda del movil es una de las tragedias que nos suceden a todos al menos una vez en la vida. Bueno? Malo? A veces es necesario dejar cosas atrás y no somos capaces, llevando ese lastre durante años. A veces perder el movil es casi un favor… Los que tengan que seguir seguirán porque llamarán…
La Petite y sus teoría- que-no-pone-en-práctica-ni-jarta-de-vino
22 Abril 2008 a 12:21 pm
Iwi
Efectivamente, La Petite, es sólo para empleados. De hecho hay un ascensor de bajada junto a la escalera mecánica de subida, pero con llave, y si no está de ellos bajarte pues no te bajan.
Tenéis razón, así cambio (que no cambio nunca, ejem, pero bueno). El que quiera contacto que me llame, ea.
Hacía falta un post nuevo, tenía ya hasta el tema, y me apetece, mucho, pero ando más liada que la pata de un romano, a ver cuándo puede ser.
22 Abril 2008 a 12:26 pm
Iwi
jejeje, me ha encantado mi amiga L., que habiendo sabido mi historia del móvil no sólo me manda un correo con sus teléfonos, sino los de todas nuestras amigas comunes de la infancia, y los números para reservar en mis restaurantes favoritos. jeje, cómo ha acertado, cómo me conoce…
22 Abril 2008 a 12:32 pm
Iwi
Y Minaya, que me manda el suyo y el mío.
22 Abril 2008 a 2:36 pm
La Petite en Belgique
Ves? La gente que merece la pena siempre acaba volviendo
22 Abril 2008 a 5:28 pm
Manzanita
Of course!!! volverán, y si no, no necesitabas tanto los números.
22 Abril 2008 a 8:07 pm
Óscar
Juro que mis pérdidas son inofensivas (lo último: el azúcar, dentro del frigorífico).
Cucha, ¿y qué ha sido de los planes?
22 Abril 2008 a 9:00 pm
Brixta
¡Qué peazo detalle que te manden tu propio número! Y no lo digo con sorna, que no veas si cuesta aprendérselo, sobre todo cuando llevas un número n e infinito de móviles en tu haber.
Ahora que lo pienso también debería abrir un blog dedicado a pérdidas y robos de móviles. Y otro a pago de carreras de taxi en Londres con móviles.
Me estoy deprimiendo. Tengo crisis de identidad astrológica: ¿de verdad soy virgo? Yo creo que mi familia me ha engañado.
22 Abril 2008 a 9:55 pm
malayerba
Tendrás ascendente acuario :p
22 Abril 2008 a 10:01 pm
Brixta
No, sagitario. P(L)eor (G)aú(E)n
(Uy, se me han colado unas letras)
22 Abril 2008 a 11:44 pm
iwi
óscar los planes siguen.
estoy en casa ajena, cero tiempo para enrollarme. próximamente en sus bandejas de entrada.