“Si alguna vez vais a tomar el té con el Papa, decidle que una bruja transgénero ha dicho que Jesús es una niña de Afganistán”.

Antony, el de los Johnson, dixit. La bruja transgénero es él.
No era una frase preparada, la pronunció sobre la marcha durante su último concierto en Madrid, en mitad de un discurso feminista de más diez minutos que a algunos cargó ligeramente y a mí me entusiasmó (contra lo que pueda parecer, es un tipo divertido). Después interpretó al piano cómo sería la segunda venida de Jesús, encarnado en la niña de Afganistán, cómo sale de una cueva y divide las aguas y, (suspense…) todos, y ella misma, toman consciencia de que es Jesús. Se le va la bola, pero es un ser maravilloso.

Ésta es mi canción favorita de Antony: Cripple and the Starfish

La cantó en el concierto. En un momento dado se bloqueó. Podía haber seguido, acompañado por unos músicos excelentes, y prácticamente nadie se hubiera dado cuenta (¿cuántas veces no hemos visto eso en un concierto?), pero paró y ordenó a sus sorprendidos acompañantes que pararan. Dijo que a veces se bloqueaba cuando cantaba esa canción (no me extraña, yo estaba extasiada); la gente aplaudió y él dijo, disgustado consigo mismo, que no aplaudieran, que las cosas malas no se aplauden. Y volvió, con mucha aplicación, al teclado.

◊◊◊

Estos días han muerto Antonio Vega y Mario Benedetti. El mundo está hecho una mierda, pero cuando piensas en estas personas, te das cuenta de que también está lleno de seres maravillosos, artistas y poetas que regalan magia, y gente corriente también, gente con enormes corazones que por lo menos te permiten pensar que este paseo merece la pena.

De nuevo he cambiado mi vida, no tengo remedio.
Cuando por fin comencé el proyecto fue como estar enamorada. Me acostaba pensando en él. Me despertaba, al amanecer, hecha polvo, y sin dolor, ilusionada, me iba hacia allá.
El enamoramiento pasó casi a obsesión, tengo tendencia, y ahora estoy buscando equilibrios.
No sólo encontré a la empleada perfecta, ¡encontré a dos! No hay nada como desear las cosas, tengo la maldición.
Fui a Lisboa, el último día conseguí desconectar. Fui a Madrid y me hubiera quedado. Volví y el dinosaurio seguía allí :)

No paro de aprender cosas y el cielo me parece más grande que antes, aunque a veces no pueda sino preguntarme por qué iría a plantar la estaca aquí.

Desayunamos en un bar de viejos, puedes ver a algunos con el carajillo, otros con las tragaperras, tan temprano. Allí te enteras de todo y puedes contratar personal, maquinaria, lo que quieras.
A media mañana vamos al bar ultrapijo del puerto deportivo, donde además hay wifi. Con nuestras peores pintas, las botas hasta arriba de barro, allí nos plantamos, entre jubilados ricos y parásitos varios. En este lugar también se hacen negocios, ventas de yates de millonarios venidos a menos y esas cosas.
Algunos días, por la tarde, si hay que hablar más cosas, vamos al chiringuito moderno que está más lejos, donde a veces los guiris se reúnen a ver el fútbol.
Un día fuimos a la playa, a la bonita, por cambiar, pero allí no hay mesas.

También nos vienen a visitar, no sólo los de los presupuestos, sino toda una procesión de gentes variadas que se dan largos paseos para preguntar qué es lo que hacemos allí. Unos aconsejan, otros se entusiasman, los malvados desaniman.

Es un mundo extraño, para qué lo voy a negar, pero una aventura más.

Lo único, la distancia: la previsible soledad y el temido olvido. Y organizar viajes, escalas y encuentros, arañar los días para poder repartirme.

Algún día volverá a cambiar mi vida, pero para eso todavía queda mucho. Mientras, tras el enamoramiento, tengo un compromiso con un trocito de tierra.

Comentaba hoy con mi hermana, autopista de la Costa del Sol por delante, la pena de que se hubiera desperdiciado la oportunidad, al construir tanto, de hacerlo en casas sostenibles. Lo dije con hastío, puede que por última vez, puesto que el tema no da para más. A esto, mi hermana me respondió, con tranquilidad y optimismo, que todo ello tenía una cosa buena. La miré con incredulidad, con gran incredulidad, llegué a pensar hasta que me estaba vacilando. Sí, me respondió, como ha habido taaaanto dinero y no se sabía qué hacer con él, se han gastado millones y millones en jardinería ambiental. ¿Te has fijado, por ejemplo, en la cantidad de palmeras washingtonias que se han plantado? Cuando esas palmeras crezcan las copas toparán las unas con las otras. Se van a formar verdaderos bosques, de palmeras y de todos esos arbolitos que ahora parecen escuchimizados. Esos árboles crecerán y para entonces ya nadie los podrá quitar. Algún día, las casas, que se han construido con materiales de mala calidad, se caerán, y los árboles perdurarán.

Mi hermana dixit.

No lo digo por hacerme la que sabe más que nadie, pero es que a mí misma se me olvida. Todos los medios españoles desinforman sobre lo que ocurre en Venezuela, Bolivia y países latinoamericanos en la misma onda. (Me hizo gracia cuando en una entrevista le preguntaron a Evo Morales qué le diría al recién elegido presidente paraguayo y respondió: “Bienvenido al eje del mal”).
No sé la razón profunda (aunque la sospecho, y no quiero hacerlo), pero la actitud de los medios españoles, no sólo de los tradicionalmente de derechas, sino especialmente El País y recientemente Público, hacia estos gobiernos es de auténtica inquina.

Un ejemplo reciente: imaginaos que en España se celebra un referéndum, y resulta que hay zonas, pongamos por caso, País Vasco y Cataluña (y el paralelismo lo paramos ahí porque no es comparable), donde el porcentaje de votos de aprobación es menor y no llega al 50%, pero al final es aprobado. ¿Titularía al día siguiente El País “España se rompe”, “Zapatero divide a España”? No. Pues eso hace con Bolivia, cual Jiménez Losantos cualquiera. Y eso que la constitución boliviana, tampoco he profundizado mucho en el tema, recoge aspectos tan “terribles” como el reconocimento de los derechos de los pueblos indígenas o la prohibición de privatizar el agua y la electricidad. Qué cosa tan tremenda.

Haciéndome eco de uno de los comentarios más repetidos en los últimos tiempos, es increíble como siempre se ha criticado cualquier nacionalización por parte de estos países pobres, pero ahora, cuando se trata de insuflar dinero a los bancos o incluso nacionalizarlos a todos, hasta a los neocons les parece estupendo. Hay que ser hipócrita.
Y también, al hilo, me repatea cuando el gobierno español se lanza a pecho descubierto a defender a compañías tipo Repsol, BBVA y Telefónica, porque son españolas. Que son unas putas compañías privadas, que la mitad de los accionistas no son españoles ni nada, y aunque lo fueran. ¿Qué preferimos, que los beneficios de unas explotaciones petrolíferas redunden en una compañía privada (en las carteras de los accionistas, que son los mismos de los bancos y las inmobiliarias) o en los habitantes empobrecidos de estos países? Igual el gobierno, antes de lanzarse, debiera preguntar a sus propios votantes.

Fue escandalosa la manipulación que El País realizó no hace mucho, cuando las revueltas en Bolivia. Había dos grupos, los opositores, violentos y organizados, y los indígenas que apoyaban a Evo Morales, que en esta ocasión decidieron apostarse pacíficamente junto al Palacio presidencial para mostrarle su apoyo. El País no dudó en mostrar a los violentos (que se ven que son niños pijos con pelas suficientes como para hacerse “escuditos” de serie –encima con el emblema de Santa Cruz, el núcleo de la oposición al gobierno, que hay que tener poca idea para no darse cuenta-) como si fueran los que apoyaban a Morales, y a los pacíficos (indígenas) como si fueran los pobrecitos opositores.
Pues bien, El País tardó diez meses en dar explicaciones. Y en este caso no me cuela que fuera un error, lo siento.

El delito de estos gobiernos, principalmente, recae en cosas tan deleznables como, por ejemplo, pedir que las compañías extranjeras paguen impuestos como lo hacen en los demás países desarrollados, cosa que hasta ahora no hacían. Y claro, de no pagar nada, a tener que pagar una pasta, duele.
Sí, por ejemplo, aunque nos pueda parecer inconcebible, hasta que Chávez llegó al poder, ninguna compañía extranjera, las que manejan el grueso de la economía del país, ya fuera petroleras o de alimentación, pagaba impuestos. Eso no se cuenta.

Recientemente ha habido cambios en Público, se ha producido un trasvase de gente desde El País. En esta nueva línea, nada más destituir al director (cuyo blog desde entonces está mejor que nunca), se ha cambiado al corresponsal en Venezuela. Demasiado sospechoso.

Hay que tener mucho cuidado. Estamos intoxicados todos, yo la primera. Es fácil, y críticos como somos, dejarnos llevar.
Así que cuando leo algo sobre esto en El País, o ahora en Público (mi panfleto favorito), tengo que sacar el chip de alerta y pensar que me la pueden estar metiendo (más de lo habitual).
No es que yo a Chávez le tenga simpatía. El tipo tiene un ego del tamaño de varios campos de fútbol (la medida española de las cosas), y es impresentable su ansia de perpetuarse en el poder, pero se trata a estos países como si fueran dictaduras, y no lo son. Cuando lo sean, entonces entenderé la actitud de acoso y derribo, pero hoy por hoy no lo son, y lo que hacen los medios españoles es ningunear la voluntad política de esos pueblos.

*Quitando lo chabacano que es Chávez, ha tenido puntos históricos estos años, como cuando llamó borracho a Bush (“danger, danger”), o cuando a raíz de la expulsión del embajador de EEUU de Bolivia (que era de la CÍA y apoyaba un golpe de estado, cosa que no me creo que sea mentira, ni baladí), dijo “váyanse al carajo”, “yanquis de mierda”. Diplomacia fina no es, la verdad, pero dio en el clavo sobre lo que muchos pensaban. Por ejemplo, El País hizo más hincapié en las palabras del presidente venezolano que en la profundización sobre el hecho gravísimo de la incitación al golpe de estado sobre un estado democrático (el enésimo).

Me llamó la atención algo que dijo Chávez en su discurso durante la última reunión del Foro Social Mundial. Decía que allí se habían encontrado un militar (él mismo), un obispo (el presidente de Paraguay), un chicago boy (Correa es un economista de la Escuela de Chicago –de ésos que EEUU formaba para luego gobernar Latinoamérica en el neoliberalismo, si no en una dictadura- reconvertido) y un tupacamaru (Morales). Es verdad que los tiempos cambian una barbaridad. Años atrás, los tres primeros hubieran sido los dictadores perfectos, y el cuarto, el opositor perseguido.

Tampoco hablan nunca los medios de la erradicación del analfabetismo en los niños de Bolivia y Venezuela, que a día de hoy es total. Y con democracia, que no son Cuba. Tampoco de la corrección en los índices de pobreza. Según la ONU, en los últimos años, en los únicos países donde el problema del hambre ha mejorado de manera destacable ha sido en Brasil y los del entorno. Ya lo digo, para mí esos presidentes (quitando a Lula, que tiene un pase, aunque haya defraudado a muchos) no son santo de mi devoción, demasiado brutos, demasiado aire paleto (habría que ver su opinión sobre la homosexualidad, por ejemplo, -y los indígenas muy guays todos, pero son machistas a más no poder-), pero sólo con lo que ya han hecho, para como está el mundo, me vale.

Me he dado por vencida. No me entero de nada.
Últimamente, he tratado de informarme sobre el estado actual del mercado de las semillas en el mundo. De entrada, parto de que las transgénicas son malas. Es simple golpe de intuición. ¿Y por qué son malas? Porque todos alguna vez hemos recibido informaciones esporádicas de que así es y porque la manipulación de la naturaleza siempre nos vino grande (a las pruebas me remito). Los ecologistas dicen que son malas, y las multinacionales explotadoras que buenas. Con el recorrido que llevamos no hay duda de por dónde van los tiros.

Pero hay tanta información inconexa que es imposible ordenar un patrón:
-    Agricultores indios se suicidan en masa
-    Las semillas transgénicas producen frutos estériles
-    Las mutaciones podrían no ser estables
-    Las multinacionales presionan a los gobiernos
-    Las instituciones crean estándares permisivos
-    Los certificados ecológicos impiden la utilización de transgénicos (por algo será)
-    Francia es la mayor detractora de las semillas transgénicas
-    Francia es el primer país que autoriza ciertas semillas transgénicas
-     ¿???

Sobre cualquier otro tema, uno piensa que metiéndose en internet va a encontrar información suficiente como para hacerse una idea general del tema. En este caso no.
Los conceptos básicos, muy básicos, los tengo claro, pero después no he visto campo sobre el que haya mayor oscurantismo, intereses creados y desinformación como en éste. Y todo tratándose de un elemento tan básico, tan ligado a la supervivencia de la humanidad, como son las semillas de la comida que nos sustenta. Ya sé que es un tema sobre el que no tengo formación ni experiencia previas, pero lo dicho, me rindo.
Alguien, sin embargo, debería cuidar no sólo de vigilarlo, sino de informar de manera clara a la población de temas, que aunque en principio no les importen, les afectan de manera importante.

¿De dónde viene la comida? No vale sólo “Piña, Costa Rica” (por cierto, en Costa Rica apenas hay variedad de frutas en los mercados, son todas para la exportación mientras parte de la población está desnutrida-). Piña, ¿de dónde, cómo? ¿Y la harina de los bollicaos?, ¿y el maíz de los cereales?, ¿y la fruta del yogur?
No entremos en la carne, que es tema aparte y peor.
Cómo y dónde, ¿son sanos?, ¿son transgénicos?; bueno, y ya llamadme ilusa, ¿en qué condiciones laborales estaban los trabajadores que recolectaron esa comida?
Ni idea, ¿verdad?
Pero es que aunque os queráis enterar nunca lo lograréis, ni eso ni saber quién mueve el cotarro exactamente, o cuántos millones se manejan. Parte del motivo es que lo hacen en países en desarrollo con nula transparencia.

Nestlé, Monsanto, ellos se lo guisan, nosotros nos lo comemos, a ciegas.

A continuación, una de esas noticias de rabiosa actualidad que tanto me gustan:

En unas obras que se están realizando en el Teatro Romano de Cádiz ha aparecido una inscripción del siglo I a.C., en la zona destinada a la élite social (en el proedrio, la primera fila, como si dijéramos). La inscripción, oculta, está realizada con puntero y mazo, no con cincel, es decir, deprisa y corriendo, seguramente por algún artesano que tuvo acceso a las obras del teatro, y dice algo así como: “Balbo, ladrón” (Latro Balbe).

Ahora los rumores son que Balbo trabajaba en la Junta. O quizá era prestamista el tal Balbo.

No tengo remedio, más que comprobado, y a esta edad ya no voy a cambiar: soy nocturna.

Por suerte, o porque me era vital montármelo así, tengo un horario más o menos flexible. Todos los días me propongo “madrugar” y es raro cuando lo consigo, normalmente cuando no hay más remedio y he quedado con alguien, o tengo que ir al banco, administraciones varias y esos sitios horribles en los que hay que esperar cola. Por las mañanas soy un zombi, y por las noches un vampiro.

Las tardes son magníficas, rindo a gusto, y a veces, cuando me entretengo, me pilla la madrugada. Si no estoy realizando ninguna actividad que sea incompatible, pongo la tele de fondo, por evitar el silencio de la noche, compañía lo llaman algunos.

Recuerdo los tiempos de las teletiendas, aquel magnífico wok, los cuchillos indestructibles que lo cortaban todo, bayetas mega absorbentes, hasta que llegamos a los más modernos (y odiosos) aparatos de gimnasia, los que te infringen descargas y los que acaban de percheros o bajo la cama. Nunca pensé que podría añorarlas. Ahora quedan pocas, como mucho la del ordenador normalito a precio caro que te venden como prodigio de la tecnología.

Ahora, a altas horas de la madrugada, la programación que te sueles encontrar son unos concursos horrendos (Noche de suerte, Ganas de ganar…) con unos presentadores chillones que parecen elegidos por su capacidad de hablar mucho y no decir nada, y sobre todo de molestar, llamar tu atención. Por no hablar de la música, estridente y acelerada, que incita al asesinato. Estos concursos, cloneados en todas las cadenas, ofrecen unas cantidades supuestamente atractivas a cambio de llamar por teléfono y responder a una pregunta, cuanto más tonta mejor. Toda la producción consiste en un rincón de plató (por llamarlo de alguna manera) cutremente decorado, y al presentador no da la sensación de que le paguen más que a cualquier becario medio. Por supuesto, no explican que las tarifas convierten en risibles las de los teléfonos eróticos.

Ejemplo:

Me ponen de muy mal humor, no acierto a encontrar el mando cuando aparecen. Alguna vez, si estoy muy concentrada, no me doy cuenta hasta que noto que algo me molesta y no sé lo que es. Cuando por fin cambio el canal, el descanso es infinito.

Esos programas proliferaban hace años en las televisiones locales y recuerdo que hubo una sentencia, o una declaración de alguna institución, o algo así, que ordenaba su retirada. La razón era que constituían un engaño, no sólo por los precios de la llamada, sino porque al televidente, sobre todo si era una persona mayor o con poca formación, le daba la sensación de que tenía alguna posibilidad de ganar cuando se demostró que ésta era prácticamente inexistente. Sin embargo, la llamada sí la solían coger, y te mantenían mucho tiempo en espera. Si luego no entrabas al concurso (en ningún sitio dicen que si llamas lo más seguro es que no puedas participar, y al ser las preguntas tan fáciles mucha gente se ve tentada a hacerlo) alegaban falta de tiempo o algo similar. Es el juego de azar más caro en relación precio/posibilidad de premio y el menos regulado. No sé qué ocurrió después, ni por qué motivo esas razones se olvidaron y las televisiones nacionales volvieron a dar cabida a estos concursos-engaño. Por otro lado, pienso que negocio bien lucrativo debe de ser cuando ha triunfado de esta manera. Además, cada vez comienzan en un horario más temprano.

Son una plaga. Hay un momento de la noche en que la única cadena que no los emite es la Primera. La 2 suele recoger algún evento deportivo decisivo, del tipo balonmano, partido de cuartos entre Estonia y Alemania. La Primera emite un debate político relativamente interesante, el problema es cuando empieza a repetir las noticias cada quince minutos y te las aprendes de memoria. Si hay alguna noticia especialmente molesta/trágica/mal hecha, la rayada alcanza límites insospechados.

Yo me pregunto, ¿tan difícil es programar una cosita normal, no degradante? Nada caro, entiendo que esos horarios apenas son rentables, no pido nada del otro mundo: un documental antiguo, una peli serie B, unos vídeos musicales, cualquier cosa. Hasta con una teletienda me conformaba, a eso hemos llegado, lo que demuestra que todo siempre podía ser peor.

Qué tiempos aquellos de las pelis gafapasta de la 2 hasta las tantas. Pero con eso te entretenías, las acababas viendo. No sé ni lo que quiero.

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Y para terminar, continuando con los patetismos, el clásico de la presentadora borracha:

(No lo pongo por mofarme de la muchacha -aunque tiene su gracia-, sólo pienso que, en el fondo, representa la mejor parodia de este tipo de programas, destaca sus incongruencias y ese hablar por hablar).

Nos han hecho el truco, una vez más.

Yo lo utilizo mucho con mi pobre madre, que si no ya le habría dado a estas alturas.

El truco, cuyo objetivo es paliar el efecto de terror en la víctima, es éste:

Trasladado a mi vida, hace años (ejemplo):
- Mamá, que me voy a estudiar al extranjero
- ¿Pero cóóómo?
- Me voy a EEUU, a la costa oeste, decidido.
- ¿Quéééé?
- Bueno, me lo he pensado mejor, me voy sólo a Londres.
- Ahhhh, bueno.

Trasladado a una situación cotidiana (bastante desagradable por cierto, ojalá nunca nos tengamos que ver en ésas):
Una persona que conoces tiene un accidente y está en la UCI. Se lo tienes que comunicar a su familiar. No le das la noticia de golpe. Le dices: “Fulanito ha tenido un accidente y sería conveniente que fueras al hospital”, para que se le vaya haciendo el cuerpo. Cuando va, se encuentra con la verdadera situación.
Ahí estarás tú luego para abrazarlo y decirle que se pondrá bien.

Trasladado a la vida política y económica de este país:
Sale Solbes, (que sabía seguro de la inminente publicación de la previsión de la UE; digo yo que Almunia algún telefonazo le habría echado), y le da una entrevista al País, diciendo que las cifras del paro eran peor de lo que se había calculado en un primer momento (16%), las del decrecimiento ni te cuento y “vivimos una situación insólita; vamos a algo muy excepcional“. Tres días después sale el Comisario europeo Almunia, cuando aún nos estábamos haciendo el cuerpo, diciendo que la cosa es mucho peor, que el paro se irá al 19%, el decrecimiento al 2% y las previsiones “encierran un nivel de incertidumbre excepcional” (excepcional otra vez, hummm, tú verás que el paciente está muerto). Al día siguiente aparece Zapatero en la SER dando palmaditas en la espalda, diciendo que no será para tanto, que fijo que nos recuperamos un poco antes, que no se habían tomado en cuenta las supermedidas del gobierno. Ay, ay.

Nota: Sobre las supermedidas tengo yo mis objeciones. Consisten, entre otras cosas, en dar respaldo a los bancos y financiar a ayuntamientos y otras instituciones públicas para que creen empleo, a través de la construcción de infraestructuras y similares.
Si ése era “el único margen que tenían contra la crisis” se lo han gastado muy tontamente. A estas instituciones se les da un plazo muy breve para que presenten proyectos. Deprisa y corriendo, no se ha pedido ni el 50% del dinero disponible. Pan para hoy y hambre para mañana, es seguir alimentando al enfermo del sector de la construcción, para disimular desempleados. Antes o después, esos trabajadores volverán al paro. Se podía haber invertido en industrias con futuro. Pero tanta planificación nos supera, parece.

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El otro día estuve en casa de mi amiga, la que juega peligrosamente con el lado oscuro, y me empapé de todo. Parecíamos Romeo y Julieta, ella comentando las maravillas de la vida tranquila en Colombia y yo la paz social de Ecuador o Bolivia.
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Nunca me había preocupado especialmente la seguridad ciudadana. Si acaso evitar las calles demasiado oscuras, tener precaución con el bolso en el barrio o comentar algún suceso de poca monta (lo he hecho en este blog: cuando me atracó dos veces el mismo tío -2 euros-, o el incidente de la despistada de mi hermana y el ordenador). Bueno, y en el piso de Madrid un día vino la policía y se llevó arrestada a la italiana de la puerta de enfrente, la que decía que era arquitecta. Ya nos extrañaba a nosotros. Se la llevaron por falsificación de documentos o algo así. En fin, Lavapiés.

Ya lo he dicho, nunca me había alarmado por estos temas, lo consideraba un problema de eficacia policial fácilmente solucionable con un mínimo de buena gestión. Pero ahora que paso más tiempo en la Costa del Sol las cosas aquí tienen otro cariz.

Las noticias de sucesos en España comentan numerosos casos, que si mujer apuñalada (si no le hacen algo peor, que parece que están por a ver quién bate el récord), porteros de discotecas, mafia búlgara, lo de Coslada como mucho, atracos que acaban con heridos, algún muerto de vez en cuando. Quizá incluso haya un aumento de delitos en los últimos tiempos, efectos secundarios de la crisis.

Pero lo que pasa en la Costa del Sol no es normal. No hay semana que no muera alguien como consecuencia de las mafias. Lo más grave es que NUNCA aparece en las noticias. Te enteras, cuando llevas un tiempo aquí, por el boca a boca. Al principio puedes hasta dudar de la veracidad, pero llega un momento en la información es directa de conocidos, y yo misma conozco a dos víctimas de grandes robos con violencia, violencia de UCI.  Atracos a mano armada en establecimientos que frecuento… Son demasiados casos, hasta yo, que soy tranquila para estas cosas, tengo que reconocerlo.

Hasta ahora había extremado la precaución en casos como los que he citado anteriormente, calles oscuras y demás, lo de sentido común. Ahora, siento preocupación en circunstancias en las que no debería.

Las empresas de seguridad hacen su agosto, enero que es. Ahora pone alarma todo el mundo y no hay negocio, por pequeño que sea, que no encargue la recaudación a gente especializada.

No sé de qué me extraño. La Costa del Sol es refugio de la mayoría de las mafias mundiales. También es sabido, desde los tiempos de Gil, que la mayoría de los periodistas, por no hablar de periódicos completos, están comprados. No es coña, ni paranoia: yo misma tuve un día en mis manos la documentación que probaba la financiación de cierta mafia a cierta empresa editorial local.

En serio lo digo, que como no se le ponga remedio a esto, va a llegar el día en que vaya del todo de las manos del Estado. Un bonito ejemplo lo tenemos en montones de países latinoamericanos.

Me da mucha pena ver esta decadencia. Primero el hormigón, y ahora esto. No hay remedio. Y no hablemos ya de la degradación de valores y demás cuestiones filosóficas.

Ahora, que es invierno, y Marbella perdió el glamour que nunca tuvo, muchos de los negocios dedicados al lujo siguen abiertos, aunque cierren los que nos abastecen a las personas normales. Restaurantes, tiendas de ropa, joyerías, tiendas de decoración subsisten ambientadas con acentos del este, alguno italiano, chileno o de origen indescifrable. Se nota los que son en la actitud, el musculito, la ropa. Los coches. Están tirados de precio ahora. Un ferrari no vale nada, sólo un poco más que una vida, parece.

Me da a mí, esto es suposición, que la crisis llega para todos, y las mafias están rabiando. El negocio del blanqueo está muy mal. Y aquí se juntan todos, muchas bocas y poco pastel. Sigue alguna construcción, una ilegal en Estepona vi el otro día, pero ya no da para lo que ellos necesitan, no para lo que estaban acostumbrados. Los acólitos se aburren, los acólitos no reciben las prebendas habituales, y si los acólitos saben que Fulanito guarda cien mil euros en su casa van a por él, da igual reventarle la cabeza. Y Menganito es mío, no te lo vayas a quedar tú.

A mí, el día que me crujió todo fue el día que vi, hace años, a la poli local saludando, con actitud obediente, a un Hummer sin matrícula. Y yo había visto a los del Hummer antes, tomando copas en el bar guay, y no eran precisamente secretas. Una está esperando tranquilamente aparcada en el puerto deportivo, fumando un cigarrito, y se lleva esos sustos.

Mi experiencia con la mafia es amplia y extensa, por desgracia. Te entra rabia, pero nunca me arriesgaré.

Ojalá se fueran de aquí para siempre. Joder, yo vivo al lado de Gibraltar, aquí no había nada, se ha vivido del contrabando siempre, mi propio padre trapicheaba con café y azúcar, y mi abuela ostentaba la venta-guardiacivilfree (tiempos de Franco, se entiende). Por eso, actualmente, las mafias implantan tan bien en la mentalidad popular local. Y luego la cercanía con Marruecos. Si nos remontamos en los tiempos, llegamos hasta los bandoleros y las tropas francesas. Es el puto sino.

Esta tierra está muy jodida, lo cuento porque sé que me leéis los de otros lugares. Un poquito de autocompasión.

Y eso, que de esos barros, estos lodos.
Pero me refiero a GIL (Grupo Independiente Liberal). Llegó a gobernar en nueve municipios (de extensión territorial considerable en total), después en Ceuta. Llegaron hasta a gobernar en mi querido Casares durante dos años (los engañaron, publicidad por persona –venía un tío y te ponía un vídeo en tu casa —anda que no hacen faltas pelas para eso– -), PC/IU desde el principio de la democracia, a los dos años la gente se dio cuenta del percal y los largaron con viento fresco, ahora han vuelto a la racionalidad). Nueve municipios. Un minipaís. Nadie, que no sepa lo que es esto, sabe lo que supone.

Ya lo dijo mi profesor de literatura (la suerte de mi vida ha sido tener tal cantidad de profesores excepcionales). Era 1º de BUP o algo así. Llegó él, El País bajo el brazo (cuando El País, en el contexto de nuestro colegio y demás, significaba algo), el día de la victoria de Gil (un compañero mío de clase era el hijo del teniente de alcalde), y dijo, refiriéndose a la victoria de Gil, rictus grave en el rostro: “Llegará el momento en que nos acordemos de este día”.
Visionario era.
Me sigo acordando. Profundamente.

Es que esta tierra era muy despoblada. Frontera durante siglos. Peligrosa.
Hijos de puta, han venido a apropiarse de ella los peores.