Este año ha sido muy bueno para mí, sin duda.
Me lo vaticinaron en enero, y no se han equivocado (chapó). He conocido a gente maravillosa, hecho viajes increíbles y he sido simplemente muy feliz.

Peeero, (malo cuando se empieza así, ¿verdad?), llevo unos días torcidos, torcidos. Creo que se nota en mis posts, ahora me doy cuenta de lo transparente que puedo llegar a ser.

Acumulo colecciones de señales y no sé qué hacer con ellas. Un día estoy triste, otro de mal humor, casi peleo con mis amigos. Me aguanto porque mi razón entiende que es un arrebato. Otro me levanto melancólica, o sarcástica, con auténtica mala leche. Y tengo ganas de discutir, tengo ganas y me controlo. Otro, alcohol por medio, miro hacia dentro y la visión es la de mi cara más oscura. Noto que no brillo como antes, que a poco que me lo proponga, con dos gestos y tres palabras, soy capaz de crear mal rollo a mi alrededor. Me esfuerzo por contenerme.

A peso muerto no hay quien me pueda sostener, eso lo sé, lo aprendí hace mucho y sería inútil hacer la prueba de nuevo. No sólo no me podrían sostener, sino que arrastraría conmigo al que se interpusiese. Y no queremos destrozos.

Tengo que admitir que algo pasa, y no sé lo que es. Llevo suficiente tiempo en el negocio como para saber que no hay que ignorar estas cosas, que cuando te vienes a dar cuenta estás en un hoyo al que no sabes cómo has ido a parar.

Que soy complicadita yo. Los tiempos oscuros están ahí y no se pueden borrar de un plumazo. Yo estoy ahí, y soy la misma, o casi la misma, una versión mejorada sobre el original, quizá empeorada en algún aspecto (la inocencia que todos vamos perdiendo). Cada siete años el cuerpo humano ha renovado completamente todas sus células, pero todos sabemos que la esencia permanece, el recuerdo está distorsionado pero se muestra como realidad innegable, y los miedos, listos como virus, sólo han hecho cambiar de forma, para que no sepas cómo aniquilarlos.

Claro, te pones a comparar y a mí no me pasa nada al lado de las grandes desgracias mundiales, o locales, pero tampoco es comerme la cabeza por gusto (otra de mis especialidades históricas, por cierto). Me ha costado incluso superar la fase de negación, y la de paralización. Bueno, estoy en ello: hoy me he tropezado con la Sabia Jovencita, voy a empezar a llamarla así, y me ha dicho que no me confronte a ello, que lo siga. Le voy a hacer caso, a ver qué tal. No es tan fácil.

Y ya está de posts metafísicos. Me voy una semanita a trabajar a lo bestia, y me voy a cagaaar……… (¡qué fina estoy últimamente!, empiezo a imaginar por qué no acabé en la casa real 😛 ).

Mira, igual nadie entiende lo que he escrito, pero yo sí, y me vale mucho (la llamada función terapéutica de los blogs), así que… a volar.

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