¿Qué estabais haciendo el 13 de abril de 1998?

Pues ése fue el día en que todo comenzó, las malayas y malayos, y esa hipoteca que cada vez cuesta más pagar.

¿Por qué en España de pronto este fenómeno y no en otros países europeos? Que en todos lados cuecen habas, o boil beans, pero en ningún sitio como en España.

No, no era el destino o los designios divinos los que nos hicieron caer en esta vorágine de especulación, en gran parte la causante de los altos precios de la vivienda en la actualidad. Esta situación tiene un antes y un después, un día concreto en que todo empezó: el 13 de abril de 1998, el gobierno de Aznar, muy zorramente, aprobaba la Ley del Suelo.

Y la clave está en este artículo:

Artículo 10. Suelo urbanizable
El suelo que, a los efectos de esta Ley, no tenga la condición de urbano o de no urbanizable, tendrá la consideración de suelo urbanizable, y podrá ser objeto de transformación en los términos establecidos en la legislación urbanística y el planeamiento aplicable.

A partir de entonces los terrenos ya no eran más urbanos y no urbanos*, ahora eran urbanos, no urbanos y “urbanizables”.

*Ya sé que hay más categorías menores, es para resumir y que se entienda.

Esta ley supuso la tan esperada liberalización del suelo, pero no como la mayoría nos imaginábamos, ni como se nos daba a entender que sería.
La ley dejaba la puerta abierta para que los ayuntamientos, esa institución que siempre que se ha caracterizado por su transparencia, control democrático y falta de amiguismos, tuvieran el poder de disponer de terrenos más allá de sus planes originales, y hacer y deshacer a su antojo.

Para una información muy completa, este artículo.

El pasado 1 de Julio de 2007, entró en vigor la nueva Ley de Suelo. La norma, aprobada el día 10 de Mayo de 2.007, en el Congreso, sustituye a la Ley 6/1998 de Régimen del suelo y Valoraciones. Sólo considera el establecimiento de suelo rústico o urbano, desaparece la clasificación de suelo urbanizable, pero no la existencia de éste, que a partir de ahora tiene que estar motivada.

Hay que reconocer que la nueva ley parece útil a la hora de prever la corrupción, al menos mejor que la anterior será, pero el daño ya está hecho.

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