No puedo dormir, el Teletienda de fondo, durante un intermedio de Días de Cine (no me puedo creer que hayan alabado Oviedo Express, es lo más infumable que me he tropezado este año).
Un mundo el de las teletiendas, desde aquel mítico wok a los cuchillos que todo lo cortaban, o a las balletas que limpiaban las mayores guarrerías imaginables. Nada que ver con los tostones de electrodos y aparatos varios para estilizar la figura que hay ahora. Me hizo gracia uno que vi en México, de un antes y un después: la tía ponía descaradamente mala cara al principio y una gran sonrisa más tarde, además de meter barriga.
Ahora mismo están poniendo uno de una cama hinchable, para “no obligar a sus amigos y familiares a dormir en incómodos sofás o colchones que se desinflan”, que digo yo que nadie obliga a nadie, que es lo que hay.
Mentira gorda lo de esa cama, no me lo creo. Es imposible que eso sea cómodo, por no hablar del numerito del inflado y posterior desinflado. Me ha recordado a mí misma, despertándome en mitad de la noche porque el colchón (de esos azules) misteriosamente se había vaciado y yo estaba sobre el suelo, la espalda molida, y levantarme al día siguiente como si no hubiera pegado ojo. Qué sensación. ¿Y dormir en un sofá en el que no se entra porque es más corto que tu estatura?
Me disponía a relatar diferentes lugares y situaciones horribles para dormir (tiendas de campaña, coches, ¿la calle?, la playa…), pero han empezado Los conciertos de Radio3 y toca una tía que me está gustando. Como siempre me he perdido el nombre al principio, pero paso de buscarlo en internet, estoy demasiado cansada.
El perro se está comiendo una bola del árbol de Navidad, ¿será tóxica?, ¿se morirá? Esta vez no voy a quitársela, llevo todo el día detrás.

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