Desde hace unos días, tengo la oportunidad de conducir un Toyota Prius (coche híbrido) que me han prestado porque el mío sigue roto.
Siempre que lo conduzco, me digo que tengo que hacer un post sobre él. La verdad es que mientras conduzco en general se me ocurren mil cosas que pienso que debería escribir, pero luego se me olvidan. Me digo que debería llevar una grabadora en el coche, pero todos sabemos que eso nunca ocurrirá 🙂 .

El coche me gusta mucho, estoy enamoradita de él. Personalmente, me encantaría tener uno de éstos, pero mi economía no está muy boyante, por lo que calculo que tendré que esperar al menos un par de añitos.
A mí me encanta conducir y eso de poder tener la conciencia medio tranquila en la cuestión ecológica satisface mucho (tendré la conciencia tranquila del todo cuando sea eléctrico completamente, en vez de híbrido). También sé que cualquier producto manufacturado no es ecológico en sí mismo, pero si nos ponemos así apaga y vámonos.

Mientras lo conduces, es fácil imaginar ciudades y carreteras donde todos los coches fuesen silenciosos y poco contaminantes. Es un escenario idílico, pero que no debería estar tan lejano. Tuve un momento, conduciendo por una carretera comarcal rodeada del verde de la primavera, que al pasar un puente sobre el río sin contaminar, me crucé con unos ciclistas que me saludaron, y me pareció estar dentro de un anuncio.

El Toyota Prius por fuera no es la gran maravilla, aunque a mí no me disguste su diseño, pero donde se ve que es un gran coche es cuando te sientas en su interior. Es muy amplio y cómodo, no tiene nada que envidiar a una gran berlina.

Lo diferente y mejor viene a la hora de conducir, y donde más se nota es al arrancar. Es suave y tan silencioso que es imposible distinguir si está arrancado o no. La sensación, para los que sabéis conducir, es como cuando un coche está en punto muerto, no tiene puesto el freno de mano y avanza casi a la deriva. Descoloca un poco al principio, pero luego encanta. Cuando aceleras con fuerza sigue siendo muy suave, aunque algo más de ruido hace, pero poco, y se agarra muy bien. Es muy ligero y ágil en general.

Es automático, y en este sentido funciona como todos los automáticos. Es un poco aburrido de conducir, pero no se puede tener todo en la vida. Tiene el freno de mano en el pie, en el lateral izquierdo, y el embrague en el salpicadero, como los americanos.
Me ha ocurrido que me he acostumbrado a conducir en automático y el otro día cogí un coche de marchas normal y me encontré que llevaba diez minutos por la autopista en tercera. Ejem, esto que no salga de aquí.

Luego, conduciéndolo, he notado que el sistema no es como se comenta por ahí, que hasta los 50 km/h es eléctrico y luego pasa a ser de gasolina. No, más bien se trata de que cuando va cuesta arriba toma del motor de gasolina (que a su vez realimenta al otro) y cuando va cuesta abajo es eléctrico, con matices. Esto lo sé porque hay una opción en pantalla donde puedes comprobar el flujo de energía mediante unos gráficos. De hecho, he llegado a estar conduciendo a 120 km/h durante un par de kilómetros, en la bajada de la autovía de Torremolinos, consumiendo exclusivamente del eléctrico.
Por supuesto, tiene gps, voz de señora que te habla y todas las chorradas que no sé utilizar. Tiene cámara para cuando vas marcha atrás, y por lo visto, te aparca solo, pero de eso no me he enterado bien y no me he atrevido a probarlo, vayamos a tonterías, que el coche no es mío.

La gran ventaja de este coche, especialmente en los tiempos que corren, de subida imparable de los combustibles, es que consume poquísimo, como os podréis imaginar. Por ejemplo, llené el depósito, me hice unos doscientos kilómetros por autopista, metiéndole caña, es decir, tirando en exceso del motor de gasolina, y de los diez puntos de llenado del marcador del salpicadero, al concluir el viaje, aún estaba por el décimo (aunque también es verdad que todos sabemos que ese último punto en realidad refleja un margen mayor de gasolina que los otros, pero bueno está).

Conclusión, que el coche es cómodo, ágil, tiene una aceleración de cero a cien espectacular y consume muy poco.
Entonces, lo que me reconcome en estos días es: ¿por qué estando tan bien este coche (y supongo que sus similares también) la gente sigue comprándose Volkswagen Golf y Mercedes CLK -por ejemplo-? Puedo entender cuando se compran otros más baratos, porque no todos tienen la economía tan saneada y los híbridos son relativamente caros, pero si disponen del dinero, ¿por qué seguir introduciendo en el parque automovilístico vehículos tan contaminantes?
Creo que las medidas del gobierno al respecto son insuficientes, no sólo se debería subvencionar la compra de vehículos híbridos, sino gravar aún más los otros, (si no prohibirlos directamente una vez vendido el stock actual, pero sé que aquí me estoy pasando). Tampoco hay campañas institucionales, al menos no lo suficientemente fuertes, que animen al respecto.
Y socialmente, también se debería hacer más presión, quizá mirando mal a la gente que compra vehículos nuevos dependientes del petróleo, que el que se compra el Mercedes o el Porche descapotable no pueda ir presumiendo por ahí (que, no nos engañemos, ésta suele ser una de sus finalidades), sino que reciba miradas y comentarios de reprobación. No se me escapa que la gente que se compra este tipo de vehículo, de lujo y no tan de lujo, suele pertenecer a unos grupos sociales muy consumistas que no se caracterizan precisamente por su conciencia ecológica. Habría que ir cambiando esto.

Interesante esta página (Asociación para la promoción de vehículos eléctricos y no contaminantes en España).

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