Estos días he estado de vacaciones por la costa mediterránea, desde Cádiz a Barcelona, y ha sido un viaje muy interesante, sorprendente de alguna forma.
Estaba precioso todo, con los turistas encerrados cual gremlins.
Durante todos los días tuvimos sobre nosotras una borrasca que nos perseguía e hizo que visitásemos cada lugar con las calles más vacías que nunca, bajo una manta de agua.
Las paradas: Torremolinos, Cabo de Gata, Valencia y Barcelona. Todos estos lugares los conocía con anterioridad, pero hacía tiempo que no los visitaba.
En todos lados por donde pasé, pude constatar los estragos de la especulación urbanística. Para llorar. Ya nos vale.
Y en Canarias, y en Coslada y, si metes “corrupción ayuntamiento” en google, flipas la de casos que han ido surgiendo. Y los que todavía no se saben, que estoy segura de que son mayoría.

Como nos sobró un día, hicimos noche en Medinaceli (Soria, creo). También diluviaba, cómo no, pero justo antes del atardecer la lluvia dio una tregua y fuimos las únicas que paseaban por las calles del pueblo.

Todos los sitios son bonitos, hasta Torremolinos, cuyo boom urbanístico setentero se torna casi naïve si lo comparamos con las barbaries de los últimos años. Ahora es incluso humano.

Todos los sitios a los que fuimos son bonitos, las calles brillando por la lluvia, pero en todos se notaba que este último boom general los ha dejado tocados, rebuscando la identidad entre los escombros. Ha sido un cambio brutal en el paisaje, y estilo y calidad de vida para todos. Quizá tenemos la edad justa para apreciar el cambio en toda su dimensión, puesto que nosotros fuimos los últimos de jugar en la calle, las dos cadenas y toda esta nostalgia infantil, ya se sabe.
Y si es verdad que por edad somos testigos privilegiados también somos en cierta medida responsables, de la corrupción que nos rodea (aunque en menor medida que la generación anterior, en mi opinión) y que los cambios no se encaucen hacia valores más humanos.

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He podido seguir las noticias más o menos durante estos días, a pesar de no tener radio en el coche, y está de lo más entretenido contemplar a los del PP arañándose la cara, oye.

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