¡Ratero!, ¡mafioso!, grita un viejo con la mirada fija en el televisor de un bar de Estepona.

Quien la ha hecho que la pague, comenta una señora, y por su cara se puede deducir que ella votó al alcalde y se siente traicionada.

Presuntamente, apunta su amiga con tonillo. Cuánto daño han hecho los programas del corazón.

Hoy, tras una vuelta por el centro de Estepona, llevo a mi madre a visitar el recién inaugurado centro comercial de Laguna Village, para que pueda opinar con conocimiento de causa. Para mí, es el más claro ejemplo de los desmanes urbanísticos que se han cometido en Estepona, aunque justo al lado los haya similares (y en el resto de la Costa del Sol casos aún más sangrantes, tengo mi ránking personal, basado en la rabia que me producen).

Laguna Village está en las afueras de Estepona, en la playa del Padrón, junto a la desembocadura del río Padrón, uno de esos ríos que se secan en verano pero que cuando les da por bajar arrasan con todo (tiene su nombre en geología, yo lo sé). De toda la vida, la playa del Padrón (que desde ahora ha perdido el nombre, la pobre, para pasar a llamarse Laguna Vílell) ha sido una playa decente, tranquila, de arena gris clara, que ocupaba un kilómetro de largo y más de cien metros de ancho, hasta que tropezaba con la carretera. Una de mis mejores amigas vivía por encima de la carretera, por lo que, desde pequeña, conozco bien este rincón.

Muy antiguamente, había un chiringuito que abría sólo en temporada alta para las familias que residían en la zona y unos pocos turistas. En la época Gil (ya se llama así, la Época Gil), y sus chiringuitos pijos, cerraron el viejo e instalaron dos nuevos, que a pesar de todo y de ser unas construcciones permanentes más sólidas, no estaban demasiado mal, con un ambiente más tranquilo y bohemio que en las playas del centro del pueblo.

Hace aproximadamente un año, advertí con horror que comenzaban unas obras en la playa, y levantaban pilares sobre la misma arena. Para disimular la obra, le han puesto techo de paja, pero eso ya no es un chiringuito, sino un señor edificio, y bien grande. El supuesto chiringuito es ahora un centro comercial de marcas de lujo, restaurantes y bares donde tomarte una copa te cuesta un ojo de la cara. Entre el edificio y la orilla hay una enorme piscina, en la que por pillar tumbona tienes que pagar, creo que eran, 40 euros. En realidad, tan feo no les ha quedado, horteradas mayores hay a lo largo de la costa, pero una cosa no quita la otra, y soy incapaz de verlo con buenos ojos, por mucho que se tire allí cuarenta años. Ah, y el ambiente andaluz, que se supone para armonizar con el entorno, no se encuentra por ningún lado, es más bien ambiente balinés.

“Chiringuito”

La playa ha quedado reducida a unos escasos veinte metros (y para mí, que la foto que pongo de muestra está hecha con marea baja, que aunque en el Mediterráneo las mareas no son tan grandes, algo son, y esta zona está todavía bastante cerca del Atlántico). Eso en verano. Todavía no ha pasado un invierno completo para estos edificios, y el invierno pasado fue especialmente benévolo. Me apuesto lo que queráis a que, el día en que haya temporal del bueno, se lleva la arena y ésta no vuelve más. Entre eso y nada que suba un poco el nivel del mar, adiós playa del Padrón. Yo viví una inundación en Estepona, hará más de viente años, en la que el agua del mar se juntó con el centro del pueblo inundado, la gente sobre los coches. Eso hace veinte años, que el tiempo no estaba tan revuelto.

Al dejar la playa, mi madre dijo: “no te preocupes, que esto vuelve a ser playa antes de lo que pensamos, van a tener que salir corriendo de aquí con la ropa de marca en brazos”. Es verdad, el nombre de Laguna Village todavía no saben que es premonitorio. Como ha sido todo de chanchulleo, dudo mucho que ningún local le haya comentado a estos guiris inversionistas las particularidades de esta zona, ni se haya hecho ningún informe técnico riguroso de nada.

Pero no me sirve de consuelo, porque el daño ya está hecho.

Me parece increíble, hay ayuntamientos que pagan por traer arena a sus playas, ellos la tienen, y van, y se la cargan. Y no es una obra de hace treinta años, que no se sabía tanto del medio ambiente, es una obra del año pasado.

Ganan tres y pierde todo el pueblo, para el resto de generaciones.

El día de la detención del alcalde de Estepona (modus marujeo: amiguísimo de Bono, por cierto fin de modus marujeo), salió Gaspar Zarrías, consejero de la Presidencia de la Junta de Andalucía, con unas declaraciones en plan “tolerancia cero con la corrupción” y demás. Gaspar Zarrías, de habitual un hombre enérgico y hasta autoritario, ese día estaba tembloroso, sudaba y parecía que la corbata le apretaba más de lo habitual. No es una impresión personal, no he sido la única en darme cuenta de este hecho, más gente lo va comentando.

La Junta de Andalucía dice que presentó más de ochenta expedientes contra irregularidades en Estepona, (aun siendo del mismo partido). ¿Y qué? Si la Junta hubiese querido, hubiera parado esas barbaridades, como se ha parado, por ejemplo, la de la playa del Algarrobico. Hoy mismo, ha salido la noticia de que la Xunta Galega construirá VPOs, a pesar de la negativa de algunos ayuntamientos, porque muchos de ellos no se aclaran con sus planes de ordenación urbana. Se puede. Entonces, ¿POR QUÉ NO LAS PARARON?

Da la impresión de que los expedientes los iniciaron para, en caso de problema, poder decir “ahh, ahí están esos papeles, nosotros no tenemos nada que ver”.

Me produce satisfacción, cómo no, que metan en la cárcel a todos los implicados en la trama de Estepona (aunque no han pillado ni a la mitad de la gente, pero bueno, algo es algo). Sin embargo, me queda la sensación, como una espinita, de que no todo el que tenía responsabilidad política en el asunto está respondiendo por ello.

(Pues éste no era el post que tenía pensado, pero es el que me ha salido. Otro día, más).

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