Resulta cansado, a estas alturas, oír de boca de gente supuestamente inteligente, leída y viajada, expresiones como conspiración judeomasónica o discursos que vienen a significar lo mismo. Recuerdan tanto al dictador bajito (me refiero al local, Hitler era alto, contra toda creencia popular), que me produce un rechazo inmediato. La realidad, de pronto, parece adquirir los tonos gastados de un NODO cualquiera.
Cansancio, al igual que ante las manifestaciones racistas, como ya comenté en posts anteriores.
Con este tipo de generalizaciones no avanzamos.
De pronto, alentada por los conspiranoicos que abundan últimamente (con razón), mucha gente se satura de términos y el resultado es un batiburrillo donde se confunden Nuevo Orden Mundial, illuminati y masones entre planes para dominar a la humanidad y programas de lavado de cerebro.

Si al asco de mundo actual, donde las corporaciones tienen más poder que muchos gobiernos, lo queremos llamar Nuevo Orden Mundial, por mí bien. En lo que nadie se pone de acuerdo es en si hemos entrado ya en esa etapa, o es algo por llegar que se puede evitar… Se abusa, y en mi opinión sólo hace incrementar el estado de terror que supuestamente los que más utilizan la expresión intentan denunciar. Yo lo sustituiría por “gobiernos corporativistas” o algo similar, pero no me voy a poner aquí ahora a quebrarme la cabeza para buscar un nombre históricamente más adecuado.

También está el tema de los judíos. No cabe duda de que lo que están haciendo con los palestinos es un verdadero genocidio. Lo último que oí al respecto es que el 90% de los palestinos sobrevive exclusivamente gracias a la ayuda humanitaria, y a veces ni eso le hacen llegar. Por otro lado, gran parte del poder mundial actual reside en un reducido número de familias de banqueros (qué mala es la usura, ya lo decían los antiguos), y muchas de esas familias, no todas (importante matiz), son de origen judío (de ahí que Estados Unidos no se meta con Israel ni a la de tres). Eso tampoco lo duda nadie, pero de ahí a deducir que los judíos son malos por naturaleza, me niego. Hay judíos estupendos por ahí, mira Woody Allen, y montones de gente destacada en muchos campos artísticos y culturales, dentro incluso del mismo Israel. Muy interesante, por ejemplo, es la entrevista al historiador israelí Shlomo Sand, publicada hace unos días en “Público”, donde afirma que “El pueblo judío es una invención”. Otra cosa es que la mayoría de judíos, sobre todo los israelíes, esté arrastrada ideológicamente por décadas de belicismo e incesante propaganda, y ya sea prácticamente irrecuperable de su estado mental etnocéntrico.

Luego hay mucha confusión con respecto a los masones. Los masones, por definición, no son practicantes religiosos, al menos de la manera tradicional que conocemos, por lo que su supuesta alianza con los judíos la veo más que artificial. También es verdad que el dinero hace extraños (y buenos, añado yo) amigos de cama.

La masonería nace como una respuesta a los estados absolutistas europeos por parte de la burguesía emergente. Utilizaron como base las organizaciones gremiales ya existentes. Son culturalmente valiosos porque son transmisores y regeneradores de antiguos conocimientos filosóficos. Su carácter secreto se debió a la persecución a la que fueron sometidos por parte de los gobernantes del momento. De hecho, el único gremio que logró escapar al control estatal fue el de los constructores (de ahí que hayan perdurado sus símbolos de la escuadra y el compás), que acabó por agrupar a otros miembros destacados de distintos ámbitos de la sociedad. Curiosidad: tan sólo existe un gremio de los asociados secretamente que logró perdurar, aparte del de los constructores, y se trata de los carboneros de Sicilia, que con el tiempo degeneraron en la actual mafia siciliana, rama chunga de los masones.
Existen, desde el principio, numerosas corrientes internas dentro de la masonería, en ocasiones muy diferentes y hasta contrarias entre sí, por lo que resulta absurdo meterlos en el mismo saco. Los hay buenos y malos, como en todas partes, como en todo, y el conocimiento no es intrínsecamente bueno o malo, es sólo eso, conocimiento.
Los objetivos de los masones se consumaron tras el triunfo de la Revolución Francesa. Prácticamente todos sus líderes eran destacados masones. De hecho, libertad, igualdad y fraternidad, los ideales liberales, eran exactamente los de los masones.
La Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos son dos acontecimientos que se retroalimentan. En Estados Unidos, los masones prescinden del secretismo que mantienen en Europa y los símbolos masones se muestran abierta y libremente en la fundación del nuevo estado. Así, los primeros presidentes estadounidenses (y la mayoría de los posteriores) son todos masones del máximo rango. La masonería cala hondamente en la sociedad, se abren salas por doquier, y el desarrollo de las universidades no se pueden entender sin ellos, con la creación multitud de clubes y hermandades.
Una constante de la masonería es el elitismo, en principio intelectual, en la elección de sus miembros. En Estados Unidos, la consolidación del sistema político da como resultado que la élite económica, política e intelectual coincide en la figura de los masones, por lo que con el paso del tiempo se comienza a dar una relación endogámica entre ellos. Las reuniones de masones favorecen los contactos y, siguiendo un proceso natural, en sus descansos se gestan grandes negocios.
Sazonadas por millones de dólares, las extrañas y turbias alianzas comienzan a aparecer. Ahí es donde surgen, o se fortalecen, los illuminati, los skulls&bones y toda la “mafia” que conocemos y los conspiranoicos adoran.
La masonería provee de interesantes conocimientos que pueden ser utilizados para distintos fines. Parte de los masones se acercan a la extrema derecha y desarrollan ideas expansionistas, de las que son partícipes, en muchas ocasiones, los banqueros judíos. Hitler, que como todos sabemos no estaba muy pallá, gran aficionado al esoterismo, inicia su recorrido desde Europa, se adscribe a los illuminati y llega a converger con sus colegas nortamericanos. Se cuenta que el propio Eisenhower tuvo que pedirle a Bush abuelo, prominente banquero, que dejara de financiar al régimen nazi, ya bien avanzada la Segunda Guerra Mundial.
Y llegó la guerra fría, los bildelberg y la oscura historia de Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX, cuyas consecuencias sufrimos en la actualidad, y las que nos quedan por sufrir.
Sin embargo, en mi opinión, el dominio creciente de las corporaciones y lobbies nada tiene que ver con la masonería original, son si acaso su perversión.

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