Cádiz, 2008:

“Shiquiiiya, a partí de ahora en burra”, y le responde otra, más joven y moderna, pero igualmente a grito pelado: “noooo, en bicicleta”.

Son comentarios surgidos a raíz del precio de los combustibles.

La reciente huelga de transportes hizo que pudiésemos atisbar, envueltos en falsas escaseces, cómo serían las cosas en una situación económica peor de la que hemos disfrutado estos años.
A ver, no nos vamos a morir, ni por ésta ni por las que vendrán, el ser humano es como las ratas, duro de exterminar.
Así que mejor buscar unas gafas del color que nos agrade.

Ejemplos de cosas aparentemente negativas que se nos avecinan y que no debieran serlo tanto:

Precios altos en los alimentos y posible escasez.

En Cuba llevan así la tira de años y no se han muerto. Vale, no es el mejor ejemplo.

Hay que tener cuidado al bromear con esto porque al final siempre la pagan los mismos, y en muchos países, si no actuamos desde los más desarrollados, lo van a pasar mal, y quien dice mal dice morirse de hambre un montón de gente. Pero tampoco olvidemos que actualmente producimos alimentos de sobra para todo el planeta.

Últimamente, una pregunta flota en el aire por todas partes. Si los productores ganan cada vez menos y los alimentos están cada vez más caros, ¿quién se queda ese dinero? Muchos ya sabemos quién se queda ese dinero, pero no está mal que la pregunta siga flotando.

Vivimos en una sociedad asquerosamente opulenta, se tiran toneladas y toneladas de alimentos todos los días. No creo que sea tan malo que apreciemos un poco más lo que tenemos, en general, y comparándonos con países digamos africanos.

Que no hay pescado. Así se renuevan los caladeros, que buena falta les hace. Eso sí, a los pescadores hay que ayudarlos, pero ahí yo ya no sé la solución, si no estaría trabajando en un ministerio o algo.

Nota histórica:
En 1940 los caladeros del Mar del Norte estaban prácticamente esquilmados, después de siglos en los que las grandes potencias europeas se dedicaron a pescar en ellos sin pausa. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, se hizo prácticamente imposible la pesca debido a la presencia de unidades militares. Al finalizar la guerra, los caladeros se habían recuperado espectacularmente. La naturaleza tiene un poder de regeneración tan grande como el de destrucción que nos muestra ahora, nunca la subestimemos, sólo hay que ayudarla un poquito.

Petróleo por las nubes, y subiendo.

Esto, sin duda, puede acelerar la búsqueda de alternativas de transportes, tanto de nuevos medios menos contaminantes, como potenciar definitivamente los transportes colectivos eficaces.

Otro apunte histórico: Cuando EEUU entró en la Segunda Guerra Mundial tardó tan sólo seis meses en reconducir toda su industria hacia la armamentística (por cierto, llevada por mujeres). Se puede hacer lo mismo dirigido hacia cualquier tipo de industria, incluso una que suponga prescindir definitivamente del petróleo. Seis meses, y no había los medios que hay ahora.

Cuanto antes lo hagamos menor será el costo, en todos los sentidos.

Algunos expertos en economía opinan que no se deberían reducir los impuestos sobre los combustibles, para que la gente se vaya acostumbrando. Es buena idea, hay que evitar los cambios demasiado bruscos, por la estabilidad social.

Otra nota: Es curioso que son menos de los esperados los que culpan al gobierno de la situación económica (sí es verdad que la falta de ideas y determinación por parte del gobierno de Zapatero ante la situación es impresentable, aunque no sean los únicos), ¿Dónde quedó la piña del PP? El ejemplo de que en Francia e Italia gobiernan la derecha y están igual, es incontestable. (Por cierto, el Berlusconi cada día da más miedo, ¿lo habéis visto en sus últimas apariciones?, ninguneando al sistema judicial y blindándose en el poder. E Italia no tiene un historial muy fino en este sentido. En fin…).
Y si no es culpa de los gobiernos nacionales, A+B = ¿entonces quiénes son los dueños de las compañías de petróleo?

En este punto, tengo que hacer una observación: en seis meses el mundo no consume mucho más de pronto, no queda mucho menos petróleo y China crece, sí, pero no tantísimo en tan pocos meses como para justificar semejante subida en los precios. Probablemente sea cierto que hemos alcanzado el cenit de producción de petróleo, el famoso Peak Oil, pero ni los más pesimistas de los observadores sostienen que se pueda producir un declive tan brusco, el proceso es una curva.
Se trata sobre todo de un movimiento especulativo de los grandes inversores (ya sabemos lo que es eso, lo sufrimos en carne propia con la vivienda), que ante el agotamiento del mercado inmobiliario, se han lanzado a por lo seguro, por ahora. Las eléctricas, primas hermanas, son la otra baza; y el mercado de la alimentación, menospreciado en los últimos años, comienza a subir.

Hay que buscar la manera de prescindir del petróleo lo antes posible, y casi mejor si es obligados, y casi mejor aún antes de que se acabe del todo.
Si a todo esto se unen los innumerables desastres naturales por todos lados, tenemos la concienciación ahí, en un plis, a base de guantazos, eso sí, como era de suponer, pero la tenemos ahí. Se está cociendo.

Los gobiernos se callan como putos, ¿para qué hablar del agotamiento de un sistema basado en el petróleo si no se tienen soluciones?, (o si éstas son tan impopulares para grandes sectores de la economía). El motor del cambio tiene que ser la sociedad, y lo será. Al final, será para bien. El no tener tantos bienes materiales repercute en una sociedad menos individualista donde todos necesitan de todos.

Ha de producirse una reducción del despilfarro y un consumo racional, lo que dará lugar, inevitablemente, a un reajuste de la producción = Tonterías fuera.
Se perderán muchos puestos de trabajo y aparecerán otros. Habrá que buscarse la vida. La imaginación al poder.
Sí, lo vamos a pasar mal, unos más que otros, por desgracia. Es preocupante la destrucción de la clase media aquí, en nuestra Europa (¿62-65 horas semanales?, ¿se les ha ido la pinza?, ¿pensarán trabajar eso los laboristas ingleses que promueven la ley?), pero no se podrá anular semejante potencial humano.

Las crisis no son necesariamente algo negativo, sino un cambio, y las revoluciones un cambio profundo y rápido en las estructuras sociales y económicas.
Habrá que dejar de hablar de crecimiento como algo positivo, lo que supone un cambio radical en la mentalidad de todos. El crecimiento no siempre es bueno, como no lo es, por ejemplo, que crezcan las células cancerígenas. Se puede invertir la tendencia, y hacer que todos los factores involucrados converjan hacia un nuevo modelo más aceptable y respetuoso con la naturaleza y nosotros mismos.
Hay que reinventarse muchas cosas.
Son muy interesantes los movimientos que están surgiendo, como la revisión de la llamada bioeconomía.

Me quedo con las palabras de la periodista argentina Alicia Dujovne:  “Lo que en concreto se promueve con este abandono de la fe en el progreso infinito –absurda, en un planeta finito como el nuestro–, no es regresar a la Edad Media, sino a la producción material de los años 60-70; evitar los viajes kilométricos de las mercancías; relocalizar las actividades; reducir el despilfarro energético; penalizar el gasto publicitario; volver a una agricultura próxima al habitante y a una vida frugal. En otros términos, reducir la acumulación, escuchando el consejo del oráculo de Delfos, más válido que nunca: “De nada demasiado”.”

Ay, no os quejéis, que nos está tocando vivir unos tiempos apasionantes.

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