He visto unas cuantas películas estos tres últimos días. Resumo, porque no me apetece mucho escribir, pero sí contarlo.

Pozos de ambición (“There will be blood” es el título original), sobre el negocio del petróleo a principios del siglo XX en Estados Unidos; oscura, lenta, distinta, pero no la recomiendo, demasiado larga.

Shaun of the death (Zombies party (una noche… de muerte)), ¡qué buena!, comedia inglesa de zombies. Una risa grande, apta incluso para los que recelan del género.

El incidente, de director del Sexto Sentido, consiguió llamar mucho mi atención al principio, pero luego se diluye como un telefilm cualquiera. Qué pena, porque El bosque y La joven del agua, de este mismo director, sí me gustaron.
Definitivamente, es la década de los zombies. Las pelis de terror son un reflejo de su tiempo. Aunque a mí siempre me aterrorizarán/seducirán más los vampiros, ya lo dije.

En el cine vi La princesa de Nebraska, de Wayne Wang. Mmmm, no. Estética llamativa, los teléfonos móviles siempre presentes, mucho plano urbano, a veces me recordaba remotamente a Lost in Translation, en ocasiones preciosista, pero no me llegó. Pertenece a un nuevo género que hemos bautizado como “de embarazos”. Juno pertenecería a éste género. Juno tampoco me gustó, aunque sé que a mucha gente sí y lo entiendo. Un guión ingenioso, una chica guapa y colores brillantes. Ya. En realidad la historia es una tontería, no se la cree nadie. La princesa de Nebraska es infinitamente más realista. A mi acompañante le gustó más que a mí, por lo que tampoco os disuado completamente de verla. Me resultó curioso que transcurre en Chinatown (San Francisco), y es interesante la parte antropológica de los chinos allí. Es china la peli y hablan en chino. Bueno, eso.

En el tren de hoy echaban una horrorosa, fantástica (me suelen gustar mucho las fantásticas, pero no las de niños), de la cual no sé ni el título. Sé que Nicole Kidman hacía de mala y uno de los protagonistas era un oso polar que hablaba. Al final no sé como, entre lectura y cabezada, la vi casi entera.

También en el tren, pero ya en el portátil, vi la película que más me ha atrapado: Code 46. De hace unos años, la vi hoy, y para nada queda desfasada. Es ciencia ficción con dramón detrás, de las que me suelen gustar. Contiene mucha denuncia social y quizá ahí podríamos tener un largo debate sobre muchos aspectos. Se sitúa en un mundo no demasiado lejano… La verdad es que es deprimente a reventar, pero tiene una historia de amor tan bonita… Igual es que estoy sensiblona estos días. Un mundo no demasiado lejano, donde el planeta es medio desértico, la gente rica se aglomera en grandes ciudades, los pobres desahuciados fuera, sin posibilidad de conseguir pasaporte. Es complicado moverse desde un punto del planeta a otro y ésa es una parte central de la historia; la otra es la ingeniería genética, los avances médicos deshumanizados. Los protagonistas absolutos son Tim Robbins y una maravillosa Samantha Morton. Los personajes se enamoran, pero son incompatibles genéticamente.
Transcurre en Shangai, e inevitablemente veía paralelismos con la del día anterior, aunque ésta es en inglés. Es interesante verla en versión original porque se puede observar como incorporan palabras de distintas lenguas queriendo mostrar una hipotética evolución (toman algunas del español). La recomiendo, sobre todo por la historia de amor (y las escenas de sexo, que son muy buenas), pero puedo entender que no le guste a todo el mundo.

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