Tres de la tarde. Suena el fijo en casa de mi madre. No le presto mayor atención, lo coge ella. La oigo contarle a quien sea su edad, situación laboral… Sí, no, sí, sí. ¿Con quién estará hablando? me pregunto, cualquiera la ha pillado para una encuesta, esta madre mía… Cinco minutos después, la oigo decir su dni. Blabla, muy bien, muy bien, gracias, gracias.

No me atrevo a preguntar, pero al final lo hago:

-¿Con quién hablabas?
– Con Telefónica.

Un escalofrío me recorre el cuerpo.
– ¿Y le has dado todos tus datos a Telefónica?
– Sí.
– ¿Y qué querían?
– Pues dicen que me dan un servicio que por menos dinero del que pagamos ahora nos ponen más de cuarenta canales por cable y las llamadas gratis.

Pongo los ojos en blanco, las llamadas las tenía por otra compañía y no sé hasta qué punto ambos contratos se solapan.
– ¿Tú estás segura de lo que has contratado y por cuánto tiempo?
– No, por cuánto tiempo no sé.

Seguimos la conversación brevemente y al final la dejo, por no quitarle la ilusión en los nuevos canales (luego tiene la tdt y no la pone) y porque es su casa, su dinero y ella sabrá.

Cinco minutos después, no más:

Llaman a mi móvil.
Número desconocido. ¿En qué maldita hora le daría mi número a tanta gente del trabajo? Ahora tengo que cogerlo.

–    ¿Sí?
–    Hola (no me dice de entrada quién es, malo)
–    Hola
–    Hola, la llamo de Movistar (con el típico acento sudamericano de teleoperadora), quería saber si está usted interesada en conocer nuestras nuevas tarifas.
–    No, no estoy interesada, lo siento.
–    Usted es de Orange, ¿verdad?
–    Sí, soy de Orange. Paso en falso, ya le debería haber colgado.
–    ¿Me puede decir su nombre?
–    Iwi (le digo el nombre con reticencia, pero el nombre no se niega, por educación –la que ellos no tienen-). Ni piense que le voy a dar el apellido.
–    ¿Me puede decir cuánto está pagando mensualmente con Orange?
Indignación. Lo primero que se me ocurre es: ¡¿y a usted qué coño le importa?!, pero me sale un ¡pero bueno! E inmediatamente le digo: “he comprobado recientemente las tarifas de todas las compañías y me va muy bien como estoy, gracias, ya le he dicho que no estoy interesada”.
–    Ah, muy bien.
–    Hasta luego, le respondo tan seca como me es posible, pero me quedo con la sensación de haber querido cortarle antes y al mismo tiempo con ganas de pelear.
–    Hasta luego.

Preguntas:

¿De dónde ha sacado Telefónica mi número, si yo siempre he sido de Orange –antes Amena- ? Pregunta ingenua, lo sé.
Aún habiendo obtenido –ilegalmente, a todas luces- mi número de teléfono, ¿quién le da permiso para utilizarlo, llamarme y molestarme, encima con una finalidad comercial?

Ya sé que son preguntas retóricas. Y que éste tema no es la última novedad, que llevamos años sufriéndolo casi todos, pero hoy me he vuelto a indignar.

Mi fijo de Madrid lo tienen acribillado. Mi compañero de piso no sé a cuántos números ha llamado ya pidiendo que borren su número de las bases de datos. Lo he visto cabrearse, gritar, suplicar, de todo. Ese fijo, si no conozco el número que llama, directamente no lo cojo, y procuro no dárselo a nadie.

Cuando me llaman así como hoy, me acojono, me parece que me va a pasar como con el fijo. Vale que te llamen de tu propia compañía para comprobar si estás contenta con el servicio, ofrecerte nuevas tarifas, eso tendría un pase, pero ¿qué te llamen de otras?

¿Por qué alguien no para esto ya?

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