Alguien a quien quiero me dijo una vez que no se podía dejar la mente en blanco, que siempre se pensaba en algo. No estoy de acuerdo. Yo lo consigo. O igual esa persona tenga razón, y lo que ocurre es que se me olvida todo en el mismo instante de pensarlo. Sólo sé que es uno de mis estados favoritos, y que a veces, sin darme cuenta, espero que pasen los días, anodinos o especiales, como procuro que siempre sean y no todas las veces consigo, que pase el día hasta poder sumirme en ese estado, que no es ni siquiera de ensoñación, sino de absoluto y precioso vacío, con mi mente flotando como una balsa a la deriva sobre aguas tranquilas.
A veces antes de dormir, otras en mitad de cualquier conversación.
No voy a ninguna parte, no pretendo nada, sólo estar, pasar.
La muerte no será tan terrible, quizá se parezca a ello. Es consuelo.
Me satisface, pero no por ello creáis que adoro la muerte. Precisamente todo lo contrario: porque apuro los instantes, a veces se me escapan otros, y caigo, irremediable y afortunadamente, en el vacío del infinito.

Ahora que lo pienso, sólo hay un lugar que se le asemeje, y a él se llega a través de la música. Al fin y al cabo, ésta no podría existir sin el silencio.

En este momento me encantaría poner una canción que tengo en mente, estoy segura de que pertenece a la banda sonora de una película, pero por más que lo intento no consigo recordar su título. Qué pena, es tan bonita.

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