La niña nació hace dos meses y pesó tres kilos y medio, pero muy pronto empezó a perder peso, perder peso… Llegó a quedarse casi en dos kilos. Entonces la llevaron a un pediatra, a otro, y les decían que la niña estaba bien, que no había razón para ese adelgazamiento.
Por fin dieron con uno, que aunque no dio con el origen del problema, le puso una ayuda que le vino bien, y la niña se fue recuperando.
No hacía falta pediatra para descubrir lo que estaba pasando. La madre, que se había puesto como una ballena durante el embarazo, se estaba tomando esos productos adelgazantes tipo Herbal Lif o no sé cómo se llaman, todo ¡mientras le daba leche materna a la criatura! Claro, eso le pasaba directo al bebé.
Pero lo más alucinante es que como con la “ayuda” la niña engorda, ella se los sigue tomando, sin dejar de darle el pecho al angelito.

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