Llevo tiempo sin escribir. Muchas han sido las razones: internet caído por más de una semana, viajes, el amor, el estrés, la falta de tiempo y varios posts sobre la crisis abortados para evitar ponerle el cuerpo malo a nadie. Me dije a mí misma que, una vez llegado el lobo, lo mejor que podía hacer era dedicarme a la frivolidad. Mira que lo he intentado, pero no me dejan.
Leo, (ya había oído rumores, no me lo terminaba de creer), pero leo:

“Gallardón pondrá cámaras en Lavapiés para controlar a los antisistema y a los islamistas”.

Amos, amos, amos. Estoy que trino.
Lo que faltaba. Puto Gallardón, que se ponga él la cámara en el culo. (Iba a poner asteriscos, pero he pensado que no, así me desahogo más).

Yo vivo en Lavapiés, y como yo varios de mis amigos. No somos radicales ni islamistas, ni tampoco tenemos necesidad de que nadie nos vigile día y noche a través de una camarita. Y si fuésemos radicales y/o islamistas, ¿qué? ¿Alguien vigila a los fachas de Serrano o a los opusinos? Que esto ES una DEMOCRACIA (deficitaria, pero por lo menos habrá que conservar lo que hay) y cada cual puede pensar como quiera sin que por ello se le persiga, y esto constituiría persecución.
Dice el coordinador general de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento, Jesús Mora, atención a la frase: “Aunque haya buenas cifras estadísticas, si el ciudadano no tiene percepción de seguridad, no sale a la calle y ésta es ocupada por otro tipo de personas”.
1) ¿¿Qué no sale a la calle?? Pero si Lavapiés es un hervidero, ésa es su gracia, terrazas llenas, montones de barecitos de todo tipo, tiendas de barrio – de pakistaníes, chinos, las de toda la vida…- Bullicio, vida. Y libertad, dentro de lo que cabe.
2) ¿¿¿Otro tipo de personas??? Las personas que no son ciudadanos, ¿no?

Yo entiendo que Lavapiés no es el sitio más seguro de España, que se debería hacer algo con los borrachos de la plaza (¿servicios sociales?) y con los traficantes de poca monta (actuación policial quizá, pero efectiva, no masiva, y de todas formas, a mí personalmente no me molestan tanto), pero ¿y el resto? Lavapiés tiene una gracia y es que ninguna etnia/grupo social predomina sobre los demás, lo que lleva a un valioso equilibrio, delicado, eso sí. Esta variedad influye en que Lavapiés esté lleno de vida. Además, es uno de los pocos sitios de Madrid donde, a pesar de encontrarse en pleno centro y estar habitados por gentes tan distintas, todavía hay conciencia de barrio.
Lo que quieren hacer es cargarse Lavapiés, por eso, porque está en el centro (en otros lugares de la capital hay muchísima más inseguridad ciudadana). Era el siguiente caramelo para los especuladores, pero les estorbaba tanto moro y tanto perroflauta, que echaban para atrás a los burguesitos de bien deseosos de esclavizarse de por vida. A pesar de que las casas han bajado y las inmobiliarias decaído, Lavapiés permanece como la siguiente frontera.

Y ahora habrá cámaras. ¿Dónde las pondrán? En la plaza seguramente, más de una. Que encima el que vaya a hacer alguna barrabasada la seguirá haciendo igual, porque se sabrá de memoria dónde están situadas.

Ay, me acuerdo del día que llegó la poli con los caballos, la “Policía Montada de Madrid”, qué ridículos son, porque ya me diréis a mí, con el barrio lleno de cuestas la efectividad que puede tener un caballo allí, se pasan más tiempo resbalándose que en equilibrio, y pobres animalitos meterlos en todo el bullicio y la contaminación de centro. Me acuerdo que llegaron y automáticamente todos (negros, marroquíes, indios, latinos, la señora del carrito del la compra, yo, todo el que pasaba por allí) nos empezamos a descojonar en su cara, pero de revolcarse, es que era una risa. Y los polis lo sabían, pasaron del orgullo de voy montado a caballo a tierra trágame.

Bueno, a lo que íbamos, que no me da la gana que haya una cámara grabándome cuando entro, salgo, compro, registrando quién me acompaña, o si algún día llego a altas horas de la madrugada en estado lamentable. ¿Y seré sospechosa si saludo a los del restaurante libanés o charlo con los del kebap –como hago frecuentemente, porque esto es un BARRIO y la gente es amable en general-? ¿Y quién es antisistema? ¿Los que viven en el tercero?, ¿los que van a comer las croquetas de Melo´s –qué ricas-?, ¿yo? ¿Hace falta llevar rastas o leerán el pensamiento también?

Le voy a contar a Gallardón una bonita historia, que sé que no la va a leer, pero como hasta a día de hoy soy libre, la cuento:

Hace muchos años, el presidente de un poderoso país visitó Granada. Como era de esperar, puesto que es lo que se hace con todos los mandatarios y visitantes ilustres, el alcalde del momento, un tal Berbel, pepero para más señas, llevó al presidente a contemplar la puesta de sol desde el Mirador de San Nicolás, tras lo cual dicho presidente exclamó (por quedar bien o porque quizá lo pensaba, quién sabe) que era la “la puesta de sol más bella del mundo”.
El alcalde, henchido de orgullo, mandó hacer un monumento en honor de dicho presidente. Daba igual que dichas vistas hubieran existido por más de quinientos años, que notables poetas, artistas y destacados personajes las hubiesen alabado con palabras más reseñables. El merecedor del monumento, en mitad del mirador, rompiendo la simplicidad y armonía, la paz del mismo, y molestando la estancia de futuros visitantes, era Bill Clinton.
Los vecinos y los que habitualmente iban a relajarse con esas vistas se sintieron ofendidos. La indignación recorrió el barrio del Albaicín y toda la ciudad. Entonces sucedió algo. El que pasaba por allí e iba comiendo chicle le pegaba el chicle. El que tenía pintura lo grafiteaba. Otro pasaba y le rompía un piquito, otro un trozo más grande. Al final, uno hasta se atrevió hasta con un taladro. Dos meses después el busto de Bill Clinton era una masa amorfa de piedra y daba asco. El ayuntamiento supo inútil restaurarlo.

Mirador de San Nicolas
Mirador de San Nicolás

No es lo mismo, pero las cámaras van a durar nada y menos. Más de uno va a practicar el tiro de piedra a cámara en sus ratos libres, lo auguro. Lavapiés no es la Gran Vía.

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