Han cerrado la fábrica de pan del pueblo, pero no ha sido por la crisis. No, ha sido porque se ha corrido la voz de que al pan “le echan muchas porquerías”.

La fábrica, a pesar de ser la mayor (y única, diría yo) industria del pueblo, en realidad era un negocio pequeño, lo que no fue impedimento para que se mantuviera con éxito durante más de quince años. Era propiedad de unos guiris y fabricaban pan inglés (pan de molde de toda la vida). Era considerado un pan de calidad que se caracterizaba por no tener el típico sabor dulzón del pan industrial español. Además, aseguraban que no tenía trazas de huevo ni leche, por lo que era apreciado por veganos y alérgicos. Fuera de la comarca, que era su mercado natural (donde era igualmente consumido por los extranjeros residentes como por los locales), sólo se podía encontrar en El Corte Inglés, que no es que sea santo de mi devoción, pero en el fondo dice algo. Por eso me extrañó lo de que “le echan muchas porquerías”.

Investigué un poco y descubrí lo que había pasado. Al pan le echaban los mismos ingredientes que a los demás panes, incluso menos. La diferencia es que aquí la gente lo ve.
Me explico. Es un pueblo pequeño y quien más quien menos conoce a alguien, o a alguien que conoce a alguien que trabaja en la fábrica. A los propios empleados les daba asco tanto aditivo y lo comentaban. El boca a boca funcionó y, poco a poco, familiares, amigos y, finalmente, la mayoría de los consumidores dejaron de comprarlo.

No me afecta especialmente, pero es una pena que haya quebrado un empresa que practicaba el comercio local.

De todas formas, esto me hace pensar una cosa. Si viéramos, supiésemos, nos contaran las “porquerías” que llevan la mayoría de los alimentos que tomamos no compraríamos ninguno de ellos. ¿Cómo era? Ojos que no ven, corazón que no siente.

Por ejemplo, tomemos de mi cocina un Panrico, un pan de molde cualquiera. Pone: “Elaborado con harinas de máxima calidad”, vale. Nos vamos a los INGREDIENTES: Harina de trigo, agua*, azúcar, levadura, grasa vegetal, sal, harina de haba, emulgentes (E-471, E-481), conservadores (E-282, E-200), vinagre y estabilizador (E-412). Ah, y puede contener trazas de leche.

*el sabor y textura del pan depende directamente de la calidad del agua utilizada, por eso está tan rico el pan de algunos pueblos, como el de Alfacar (Granada).

No es por hacer sangre con esta marca, me acabo de comer un muy aceptable sándwich de jamón y queso, es sólo por poner un ejemplo cualquiera. Si nos vamos a los aditivos, ésta es su descripción:

E-471: Mono y diglicéridos de ácidos grasos. Grasas sintéticas, producidas a partir del glicerol y de los ácidos grasos naturales, que principalmente son de origen vegetal pero también existen aquellos de origen animal. El producto generalmente es una mezcla de diversos componentes, con una composición similar a la grasa natural parcialmente digerida.

E-481: Estearoil-2-lactilato de sodio. Preparado a partir del ácido láctico. Son ésteres del ácido esteárico y un dímero del ácido láctico, obtenidos por la industria química, aunque los componentes son sustancias naturales. Se encuentran entre los más hidrófilos de los emulsionantes.

E-282: Propionato de calcio. Sal natural inhibidora del moho y la filamentación.

E-200: Ácido sórbico. Preservante natural de acción antifúngica. Su origen puede ser natural de plantas o sintético.

E-412: Goma de Guar. Polisacárido soluble en agua que se usa como agente espesante y se extrae de las semillas de Cyamopsis tetragonoloba.

A pesar de tanto tecnicismo, parecen bastante “naturales”, pero no quiero pensar en los de la coca-cola, chucherías o platos precocinados.

Si os pica la curiosidad, no os perdáis la relación de aditivos que aparece en esta página: Food-info
Y sobre todo ésta: Ecoaldea. Algunos son preocupantes.

Lo dicho, ojos que no ven corazón que no siente.

Ummm, ¿y el hígado?

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