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Si alguna vez trabajáis online sobre un escritorio remoto recordad siempre la norma número uno que acabo de descubrir: ¡nunca reiniciéis el ordenador remoto!
Malditas actualizaciones.
Ahora lo veo tan claro…, pero hay ocasiones en la vida en las que no tienes segunda oportunidad.

En fin, no dramaticemos, en el fondo estoy encantada con este descanso improvisado, así blogueo.
Amenazo con soltar los links de mis últimos descubrimientos en internet, pero tengo tantos que revisarlos (y ordenarlos de camino, que es lo que en realidad pretendo) me ocuparía una tarde entera. Lo dejaremos para cuando tenga tiempo. También quiero colgar algunas fotitos de Canarias, pero como cuando cojo una cámara me vuelvo loca tengo como unas cuatrocientas fotos por clasificar, la mayoría destinadas a la papelera de reciclaje. Lo que me pasa es que cuando fotografío juego a la probabilidad: de entre todas las fotos habrá una, por lo menos una, rescatable.
Pero eso próximamente.

Estos días he estado muy tentada a hablar de mis tres marías, pero me da un poco de reparo criticarlas tan abiertamente como me gustaría.

Bueno, me animo (no he necesitado mucho).

Tienen nombres adjudicados, desde el principio se los puse y con el tiempo no han cambiado: La Empleada Negativa, la Empleada Pelota y la Empleada Pava. Se llevan a matar entre ellas. Bueno, no, la Empleada Negativa y la Pava hacen piña a veces, pero cuando no está la Negativa, la Pava cambia de actitud. Yo sé que me critican (me consta que me odian, como la canción de Alaska), pero me da igual.

La Empleada Pelota es lo más falso que he visto en años, pero por lo menos tiene iniciativa. Es casi una persona normal. Es la mejor. No sólo hace la pelota, cosa que detesto pero que he aprendido a tolerar como mal menor. Como su afán es alabar, se dedica principalmente a alabarse a sí misma. Ella es la que lo hace todo, si no fuera por ella… Y como es verdad que hace muchas cosas (no tantas como dice), le tienes que estar diciendo, todo el rato, “sí, es verdad”.

La Empleada Pava es culpa mía tenerla, porque me daba lástima despedirla (anda que no explota lo de madre soltera) y ahora me la tengo que comer con papas. Encima, como no sabe (ni se lo creería si lo supiese) que está ahí por mí, ni siquiera me lo agradece. Es la típica que no hace ni el huevo, que tienes que estar detrás todo el día (que para eso harías tú el trabajo y terminarías antes) y si le vuelves la espalda va diciendo “pues que no piense que voy a hacer esto, o lo otro”. No es simpática, ni nada especial.

La Empleada Negativa es… Es inteligente y capaz, podría hacerlo bien si quisiera, pero no, porque “esto no sé yo”, “esto no…”. Cualquier iniciativa o mejora que con todo tu esfuerzo introduces, según ella está condenada al fracaso, después de mirarte con condescendencia.  Y la crisis acabará con todos nosotros, cómo no. Y qué oscura es la noche en invierno. La alegría de la huerta, vamos. Es muy impulsiva, le sale mal, se da cuenta de que lo ha hecho mal, se frustra y “esto no…”. Ejemplo, durante un cursillo: tacha la respuesta antes de que el profesor haya terminado de formular la pregunta. Está deprimida, yo lo sé, pero no es mi culpa. Está obsesionada con llenar cubos de la fregona y al poco tiempo cambiarles el agua. Es desordenada y exaspera a la Pelota cuando se encuentra sus cosas por medio. No te saluda cuando llegas, ni se despide cuando te marchas y tiene la bonita costumbre de tirarte las cosas, no entregártelas. Si fuera camarera no duraba ni un día. Pero su mayor habilidad es sacar de quicio a la gente. Lo ha conseguido hasta con la limpiadora, que es la impasibilidad en persona. Sabe hacerte la pregunta que más te jode en el momento más inoportuno.

Forman unas telenovelas estas tres… Me cuesta sudores mantener la “paz social”, evitar el cotilleo y el correveidile. A veces lo consigo, pero ya sé que es sólo hasta la próxima.

Ahora estoy a la búsqueda de la Empleada Perfecta. Yo sé que ella existe y desea que yo la encuentre. ¿Cuándo se unirán nuestros destinos?

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(o ya lo sabía, pero fastidia)

Son las seis y media de la mañana y no me puedo dormir. Lo peor de todo es que tengo un compromiso en dos horas. Esto no viene a cuento, pero ayer me tomé dos redbulls y ando dispersa. ¿Igual por eso no puedo dormir? El plan es el siguiente: me mantengo despierta y luego, a las once, duermo hasta las dos o las tres. Yo en mi línea.

Bueno, a lo que iba:

Siempre me han apasionado las series/películas de “vamos a atrapar al asesino” (negras, para entendernos), desde la maravillosa “Se ha escrito un crimen” hasta la cansina CSI.

Sí, lo confieso, he visto mucho CSI, y como tal me veía puesta en las últimas técnicas de detección de ADN y lámparas fluorescentes que revelan cualquier tipo de fluido.

En realidad no soy tan ingenua como para pensar que esas técnicas se utilizan habitualmente en la investigación de crímenes, y menos en España, pero una cree que sabe más o menos cómo funciona el tema.

Hecha esta introducción, procedo con la historia.

No iba a contar quién era la protagonista, pero he decidido que sí, por abreviar. Es mi hermana (evito adjetivo).

Me llama a las tres de la mañana. Se lo cojo, el corazón alteradillo, pero como la conozco, y en seguida noto su tono calmado, me tranquilizo. Mi hermana tiene la bonita costumbre de llamarme a la hora que le da la gana (da igual el tiempo que hayamos estado sin hablar o que yo esté ocupadísima o dormida), para contarme desde que la ha dejado el novio hasta qué pena que el gato no come bien y está flaco, o qué me parece el precio de una alfombra que ha visto por eBay. Todo cabe, todo vale. Resignación.

Sin embargo, lo que me empezó a contar era ciertamente inquietante. Le habían entrado a robar en la casa.
– ¿¿¿Pero ahora???
– Noo, ahora nooo.
No, se había DADO CUENTA ahora.
Decía que se había dejado abierta la puerta de la casa (mira que le dije que a la cerradura siempre había que darle por lo menos una vuelta; que se lo dije, demostración mediante, hará dos meses, no más). Le habían robado el ordenador, la maleta pequeña y un cartón de tabaco. El ladrón era fumador (dato importantísimo -ironía-). Se había dado cuenta del robo al ir a fumar y al buscar el ordenador.
En el ordenador estaba EL PROYECTO. ¿Y no le has hecho copia en el disco duro? No sé ni para qué pregunté, según lo iba pronunciando sabía la respuesta: No. ¿Para qué?
El ladrón había sacado una bolsa de plástico con la ropa interior de la maleta donde estaba el ordenador y se había llevado la maleta con el ordenador dentro.
En ese momento se me encendió la bombilla CSI y me sentí taaann feliz de poder utilizar mis conocimientos: ¡En la bolsa pueden estar las huellas!
Estuvimos especulando sobre quién podía haber sido (alguien de su bloque, seguro, probablemente la vecina desequilibrada) y sobre las estrategias a seguir.

Ya al día siguiente, no antes, por no asustarla, le comenté que igual no se había dejado la puerta abierta, que se la habían podido abrir y por eso ella la encontró entreabierta o, añadió ella, si era alguien del bloque podía haberle sacado copia a la llave porque un día se dejó la llave en la cerradura (ejem, yo seré desastre, pero mi hermana supera todos los récords, nacionales, mundiales y olímpicos). Tenía que cambiar la cerradura (se admiten apuestas sobre cuándo lo hará).
Fue a poner la denuncia. Le comentó lo sucedido a algunos vecinos y todo el mundo estuvo de acuerdo en que era la vecina desequilibrada, y mi hermana más o menos lo confirmó porque ésta era siempre muy habladora con ella, excesivamente incluso, y ahora no le dirigía la palabra (aunque igual no ha sido, no lo sabemos).

Por la noche vino la policía a la casa, estuvieron mirando la bolsa, y OH DECEPCIÓN, dijeron que no se podían tomar huellas pasadas ¡tres horas!, y que tenía que ser en una superficie plana. Vaya porquería de poli. Tres horas, pues vaya, pues así no sé qué crimen van a descubrir. Vamos, eso lo pilla Grissom y saca hasta qué día hizo la primera comunión el ladrón.
Pero nada, así es la vida.

Ya veremos como evoluciona el caso, aunque yo tengo una esperanza nula.
Además, en realidad, no quiero saber más de la historia, así tiene más cuidado otra vez, y porque me ofusco.

Ay, qué sueño, veo borroso y ha pasado una bola azul por la pantalla.

ACTUALIZADO, IMP: Ahora ha venido la policía científica de verdad (la otra era la local), y dicen que lo de las tres horas es mentira y “la mayor estupidez que han oído en su vida” y quieren saber el nombre del agente que dijo eso porque provocó que mi hermana, pensando que la bolsa ya no tenía utilidad, la arrastrara por el suelo y la manoseara. Otra prueba era un cargador que también sacaron de la bolsa y que mi hermana ha tocado por encima.
Quieren el número de serie del ordenador y ahora encuéntralo tú. Niños, guardad siempre los números de serie de las cosas.

Bueno, ya estoy más feliz con nuestro CSI, y si poco aprecio le tenía a la policía de Madrid, menos se lo tengo ahora.