(o ya lo sabía, pero fastidia)

Son las seis y media de la mañana y no me puedo dormir. Lo peor de todo es que tengo un compromiso en dos horas. Esto no viene a cuento, pero ayer me tomé dos redbulls y ando dispersa. ¿Igual por eso no puedo dormir? El plan es el siguiente: me mantengo despierta y luego, a las once, duermo hasta las dos o las tres. Yo en mi línea.

Bueno, a lo que iba:

Siempre me han apasionado las series/películas de “vamos a atrapar al asesino” (negras, para entendernos), desde la maravillosa “Se ha escrito un crimen” hasta la cansina CSI.

Sí, lo confieso, he visto mucho CSI, y como tal me veía puesta en las últimas técnicas de detección de ADN y lámparas fluorescentes que revelan cualquier tipo de fluido.

En realidad no soy tan ingenua como para pensar que esas técnicas se utilizan habitualmente en la investigación de crímenes, y menos en España, pero una cree que sabe más o menos cómo funciona el tema.

Hecha esta introducción, procedo con la historia.

No iba a contar quién era la protagonista, pero he decidido que sí, por abreviar. Es mi hermana (evito adjetivo).

Me llama a las tres de la mañana. Se lo cojo, el corazón alteradillo, pero como la conozco, y en seguida noto su tono calmado, me tranquilizo. Mi hermana tiene la bonita costumbre de llamarme a la hora que le da la gana (da igual el tiempo que hayamos estado sin hablar o que yo esté ocupadísima o dormida), para contarme desde que la ha dejado el novio hasta qué pena que el gato no come bien y está flaco, o qué me parece el precio de una alfombra que ha visto por eBay. Todo cabe, todo vale. Resignación.

Sin embargo, lo que me empezó a contar era ciertamente inquietante. Le habían entrado a robar en la casa.
– ¿¿¿Pero ahora???
– Noo, ahora nooo.
No, se había DADO CUENTA ahora.
Decía que se había dejado abierta la puerta de la casa (mira que le dije que a la cerradura siempre había que darle por lo menos una vuelta; que se lo dije, demostración mediante, hará dos meses, no más). Le habían robado el ordenador, la maleta pequeña y un cartón de tabaco. El ladrón era fumador (dato importantísimo -ironía-). Se había dado cuenta del robo al ir a fumar y al buscar el ordenador.
En el ordenador estaba EL PROYECTO. ¿Y no le has hecho copia en el disco duro? No sé ni para qué pregunté, según lo iba pronunciando sabía la respuesta: No. ¿Para qué?
El ladrón había sacado una bolsa de plástico con la ropa interior de la maleta donde estaba el ordenador y se había llevado la maleta con el ordenador dentro.
En ese momento se me encendió la bombilla CSI y me sentí taaann feliz de poder utilizar mis conocimientos: ¡En la bolsa pueden estar las huellas!
Estuvimos especulando sobre quién podía haber sido (alguien de su bloque, seguro, probablemente la vecina desequilibrada) y sobre las estrategias a seguir.

Ya al día siguiente, no antes, por no asustarla, le comenté que igual no se había dejado la puerta abierta, que se la habían podido abrir y por eso ella la encontró entreabierta o, añadió ella, si era alguien del bloque podía haberle sacado copia a la llave porque un día se dejó la llave en la cerradura (ejem, yo seré desastre, pero mi hermana supera todos los récords, nacionales, mundiales y olímpicos). Tenía que cambiar la cerradura (se admiten apuestas sobre cuándo lo hará).
Fue a poner la denuncia. Le comentó lo sucedido a algunos vecinos y todo el mundo estuvo de acuerdo en que era la vecina desequilibrada, y mi hermana más o menos lo confirmó porque ésta era siempre muy habladora con ella, excesivamente incluso, y ahora no le dirigía la palabra (aunque igual no ha sido, no lo sabemos).

Por la noche vino la policía a la casa, estuvieron mirando la bolsa, y OH DECEPCIÓN, dijeron que no se podían tomar huellas pasadas ¡tres horas!, y que tenía que ser en una superficie plana. Vaya porquería de poli. Tres horas, pues vaya, pues así no sé qué crimen van a descubrir. Vamos, eso lo pilla Grissom y saca hasta qué día hizo la primera comunión el ladrón.
Pero nada, así es la vida.

Ya veremos como evoluciona el caso, aunque yo tengo una esperanza nula.
Además, en realidad, no quiero saber más de la historia, así tiene más cuidado otra vez, y porque me ofusco.

Ay, qué sueño, veo borroso y ha pasado una bola azul por la pantalla.

ACTUALIZADO, IMP: Ahora ha venido la policía científica de verdad (la otra era la local), y dicen que lo de las tres horas es mentira y “la mayor estupidez que han oído en su vida” y quieren saber el nombre del agente que dijo eso porque provocó que mi hermana, pensando que la bolsa ya no tenía utilidad, la arrastrara por el suelo y la manoseara. Otra prueba era un cargador que también sacaron de la bolsa y que mi hermana ha tocado por encima.
Quieren el número de serie del ordenador y ahora encuéntralo tú. Niños, guardad siempre los números de serie de las cosas.

Bueno, ya estoy más feliz con nuestro CSI, y si poco aprecio le tenía a la policía de Madrid, menos se lo tengo ahora.

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