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(o ahorro de emails y disquisiciones varias).

¿No te pasa, que simplemente hay días en los que te cansas? Te cansas del día, de estar de un lado para el otro y te apetece casita, y que te dejen en paz. O que quien te escuche te comprenda, de estar con los tuyos.

Pretendo escribir un post, y todo.

Hoy me he inventado que tenía diarrea. Mentira. Es que fui a comer a un sitio bien y me pasé con el vino. Luego no estaba pa ná.

Se acabó el día, el día de ellos, el mío intentaré aprovecharlo hasta el final.

Joder, es que como me he inventado eso, y estoy viviendo estos días en casa de mi madre, ahora, aprovechando que ella ha salido un rato a ver a una amiga, me he abierto una cerveza. Mi habitación está muy independiente, es verdad, pero mola la chimeneita, y ahora cuando vuelva cómo explico yo que me estoy tomando una cerveza. Ése es el rollo no de tener casa propia.

Así que éste es mi ratito. Me preguntan cuál es mi email y soy reticente a darlo, no sea que a través de él encuentren mi blog, que es mi reducto.

Y dadas las explicaciones preliminares, paso de los Ramones a Frank Sinatra que da gusto. Y me enciendo un cigarrito con una brasa. El perro dando por culo, ha esparcido un neceser por todo el salón. Ya no la vamos a tirar, criadita que está.

Me gustaría contarle a alguien cómo me ha ido el día. Tengo con quien hacerlo, no es eso, pero en la distancia, y es tal la cantidad de tonterías que no merece el esfuerzo del email o la llamada.
Un día normal, un día más.

En nochevieja me voy a Alemania, a un pueblo, pudiera parecer, dice Macorina, dicen los otros del frío, pero a mí sí me hace ilusión la idea. Original es, salir de aquí salimos. ¿El frío? Frío en esta época del año hace en todas partes.

A mí la temperatura no me importa, soy la de los desiertos en verano. Con tal de sentir…

Me gustan los posts de Salarino, no es novedad. Comenta él que le da pereza salir de casa, pero cuando llega al sitio lo que le da pereza es volver. Es que cuando logras la comodidad es difícil renunciar. A mí también me pasa, de alguna forma. Mil vidas distintas me he llegado a plantear.

A veces me pregunto qué es eso que me impulsa a cambiar, a buscar, el pasito más allá. Es lo que, a pesar de ser floja, que lo soy, hace que me mueva.

No sé en qué momento de la comida de hoy me entristecí.
Y no fue porque me sintiera mal, todo lo contrario. Fue conciencia de la esquizofrenia en la que vivo, que no podía hacer que los unos y los otros compartieran lo mismo.

Mírala, qué bonita está, con su cabecita sobre un cojín, parece buena y todo.

No sé, igual mi proyecto no sale bien, pero yo lo voy a intentar. Va a ser bueno para todos.

De todas formas, no me quiero agotar, me voy a tumbar y escuchar música. Después de copipegar esto, claro.

O igual sueño, e imagino noches de verano en Portugal, mercadillos exóticos y colinas de Islandia. Ojos desconocidos. No quiero recuerdos, quiero futuros posibles.

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canción de silvio

Con los amigos me ocurre como con la comida, puedo estar mucho tiempo sin ellos, pero es empezar y no parar. Hay un gran refrán sobre eso.

Quiero decir que me he impuesto a mí misma un calendario en el que, dentro de cierta flexibilidad, hasta los momentos de disfrutar de mis amistades está planificado.

Y, claro, te quedas con ganas de más. Adoro estos tiempos, en los que no doy abasto en cuanto a conocer gente interesante. Y te quedas con ganas de más. Si no es uno es el otro.

Y, sin embargo, como una adolescente, disfruto enormemente del tiempo que me dejan sola en casa, cualquiera de las casas que habito me vale.

Cada cosa tiene su tiempo y su gestación, llegará un día en que querré mi propia casa. Como ya tuve antes. Yo ya no somos yo y mi casa. Da cierta seguridad de alguna forma.

Tuve una en la que decoré el salón como si de un jardín se tratase, con sus muebles de exterior y todo. Pues me quedó bien. A veces echo de menos aquella casa.

Tuve el estudio, toda una pared de cristal a la calle. Qué soledad.

El pueblo sin contaminar…

Ahora mi casa soy yo, y cuatro trapos.  Y el mac, of course.

Es mi elección, no me lamento.

Me gusta cuando me da por una canción.

Qué placer estar sola.
Mejorando el paraíso subtropical con mujer desnuda en tu cama.

Ayer me extrajeron una muela, la del juicio, abajo a la izquierda. Una cosa fea, ahora parezco la prima desconocida del oso Yogui. Aprovecho para escribir entre Nolotil y Nolotil, por distraerme, que pa otra cosa no estoy.

Aunque breve, ha sido una de las peores experiencias en el dentista que recuerdo, y llevo muchas. Cosas de la genética, es la visita sanitaria recurrente en mi vida: ortodoncias, endodoncias y empastes con técnicas varias, no se me escapa nada. El implante caerá en breve.

Quizá fuera culpa de los comentarios previos de la gente (“tú verás, tú verás“, que ni a Malayerba en el parto), seguramente mi propia imaginación, o la edad, que en estos casos a mí me funciona al revés y cada vez tengo menos aguante en cuestiones de ansiedades y angustias. Por lo que fuera, por primera vez en una situación similar, la sugestión se apoderó de mí y rocé el desmayo. Tal como le dije al dentista era la primera vez que me había pasado, y me sonó a “esto no es lo que parece”, o casi como si hubiera tenido un gatillazo. Me sentí estúpida, pero no lo pude evitar.
Ya en la anestesia pinchó hueso y el líquido se me derramó por toda la boca. Por dos veces. Esto elevó mi nivel de ansiedad, que ya era alto de por sí. Qué amargor. (Claro que nada que ver con la ocasión en que –otra dentista- me derramó ácido en el labio, prefiero olvidarlo).
La muela estaba en posición horizontal y me tenían que raspar el hueso, la boca abierta todo lo que daba de sí. Si intentaba relajarme, poco a poco se me cerraba, y a cada instante el dentista me recordaba que la abriera. Me dijo que si me cansaba se lo dijera y parábamos un momento. Se lo dije y se ofuscó. Siguió. Oí un crack. No sonaba a cosa buena, escruté la cara del dentista y ni se inmutó. Me tuve que conformar con mi ignorancia y la confianza absoluta en un desconocido. Empecé a inquietarme y a descontrolar. Me tocó la lengua con la fresa o como se llame el torno ese terrorífico. Me la he mirado y no parece mucho, pero tuvo que ser profundo porque aún ahora me duele casi igual que la misma muela. Una mezcla de dolor y especie de congelación se fue expandiendo por toda la lengua, hasta alcanzar la punta y convertirse en una sensación insoportable. Hice señales de que parara. No sabía qué explicarle. Siguió. El dolor, aunque menor, continuaba. El dentista me advirtió que si no me quedaba quieta no podría seguir. Entonces empezó a coser, y yo a observar hilos negros demasiado largos entrar y salir de mi boca. Yo de odontología no sé, pero de costura sí, y cosía con hilo demasiado largo, sobre MI carne. Intenté relajarme, él decía que quedaba poco. In extremis, me obligué a pensar en lo típico, en la playa tranquila, en un prado sereno. Nada, no había manera, sentía que me iba, y me aterraba la idea de que si ocurría en mitad de la operación algo peor pudiera pasarme al cerrar la boca bruscamente. “Piensa en un post, en un post”, me decía a mí misma. (He aquí el post). “Está blanca”, oí decir a la chica ayudante. Tuvieron que parar, sospecho que ya al final. Después de bajar el cabecero de la silla lo más que daba de sí, para que me recuperara, no continuaron. No estoy segura de si llegué a perder el conocimiento del todo, creo que no, pero no hace falta decir que lo pasé fatal.

Los profesionales de la sanidad no se dan cuenta de que algunos no soportamos la sangre, que somos aprensivos, que si no lo fuéramos a lo mejor nos dedicábamos a otra cosa, como a sus trabajos, que bien pagados están.

Ahora, tengo que decir que me duele menos de lo esperado y que estoy segura de que este hombre hizo un buen trabajo. Esperemos que pase pronto la hinchazón y no se infecte. Vaya fin de semana más ameno, no os podéis imaginar. Hala, me voy a tomar otra ampollita de Nolotil. Vivan las drogas.