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A continuación, una de esas noticias de rabiosa actualidad que tanto me gustan:

En unas obras que se están realizando en el Teatro Romano de Cádiz ha aparecido una inscripción del siglo I a.C., en la zona destinada a la élite social (en el proedrio, la primera fila, como si dijéramos). La inscripción, oculta, está realizada con puntero y mazo, no con cincel, es decir, deprisa y corriendo, seguramente por algún artesano que tuvo acceso a las obras del teatro, y dice algo así como: “Balbo, ladrón” (Latro Balbe).

Ahora los rumores son que Balbo trabajaba en la Junta. O quizá era prestamista el tal Balbo.

No tengo remedio, más que comprobado, y a esta edad ya no voy a cambiar: soy nocturna.

Por suerte, o porque me era vital montármelo así, tengo un horario más o menos flexible. Todos los días me propongo “madrugar” y es raro cuando lo consigo, normalmente cuando no hay más remedio y he quedado con alguien, o tengo que ir al banco, administraciones varias y esos sitios horribles en los que hay que esperar cola. Por las mañanas soy un zombi, y por las noches un vampiro.

Las tardes son magníficas, rindo a gusto, y a veces, cuando me entretengo, me pilla la madrugada. Si no estoy realizando ninguna actividad que sea incompatible, pongo la tele de fondo, por evitar el silencio de la noche, compañía lo llaman algunos.

Recuerdo los tiempos de las teletiendas, aquel magnífico wok, los cuchillos indestructibles que lo cortaban todo, bayetas mega absorbentes, hasta que llegamos a los más modernos (y odiosos) aparatos de gimnasia, los que te infringen descargas y los que acaban de percheros o bajo la cama. Nunca pensé que podría añorarlas. Ahora quedan pocas, como mucho la del ordenador normalito a precio caro que te venden como prodigio de la tecnología.

Ahora, a altas horas de la madrugada, la programación que te sueles encontrar son unos concursos horrendos (Noche de suerte, Ganas de ganar…) con unos presentadores chillones que parecen elegidos por su capacidad de hablar mucho y no decir nada, y sobre todo de molestar, llamar tu atención. Por no hablar de la música, estridente y acelerada, que incita al asesinato. Estos concursos, cloneados en todas las cadenas, ofrecen unas cantidades supuestamente atractivas a cambio de llamar por teléfono y responder a una pregunta, cuanto más tonta mejor. Toda la producción consiste en un rincón de plató (por llamarlo de alguna manera) cutremente decorado, y al presentador no da la sensación de que le paguen más que a cualquier becario medio. Por supuesto, no explican que las tarifas convierten en risibles las de los teléfonos eróticos.

Ejemplo:

Me ponen de muy mal humor, no acierto a encontrar el mando cuando aparecen. Alguna vez, si estoy muy concentrada, no me doy cuenta hasta que noto que algo me molesta y no sé lo que es. Cuando por fin cambio el canal, el descanso es infinito.

Esos programas proliferaban hace años en las televisiones locales y recuerdo que hubo una sentencia, o una declaración de alguna institución, o algo así, que ordenaba su retirada. La razón era que constituían un engaño, no sólo por los precios de la llamada, sino porque al televidente, sobre todo si era una persona mayor o con poca formación, le daba la sensación de que tenía alguna posibilidad de ganar cuando se demostró que ésta era prácticamente inexistente. Sin embargo, la llamada sí la solían coger, y te mantenían mucho tiempo en espera. Si luego no entrabas al concurso (en ningún sitio dicen que si llamas lo más seguro es que no puedas participar, y al ser las preguntas tan fáciles mucha gente se ve tentada a hacerlo) alegaban falta de tiempo o algo similar. Es el juego de azar más caro en relación precio/posibilidad de premio y el menos regulado. No sé qué ocurrió después, ni por qué motivo esas razones se olvidaron y las televisiones nacionales volvieron a dar cabida a estos concursos-engaño. Por otro lado, pienso que negocio bien lucrativo debe de ser cuando ha triunfado de esta manera. Además, cada vez comienzan en un horario más temprano.

Son una plaga. Hay un momento de la noche en que la única cadena que no los emite es la Primera. La 2 suele recoger algún evento deportivo decisivo, del tipo balonmano, partido de cuartos entre Estonia y Alemania. La Primera emite un debate político relativamente interesante, el problema es cuando empieza a repetir las noticias cada quince minutos y te las aprendes de memoria. Si hay alguna noticia especialmente molesta/trágica/mal hecha, la rayada alcanza límites insospechados.

Yo me pregunto, ¿tan difícil es programar una cosita normal, no degradante? Nada caro, entiendo que esos horarios apenas son rentables, no pido nada del otro mundo: un documental antiguo, una peli serie B, unos vídeos musicales, cualquier cosa. Hasta con una teletienda me conformaba, a eso hemos llegado, lo que demuestra que todo siempre podía ser peor.

Qué tiempos aquellos de las pelis gafapasta de la 2 hasta las tantas. Pero con eso te entretenías, las acababas viendo. No sé ni lo que quiero.

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Y para terminar, continuando con los patetismos, el clásico de la presentadora borracha:

(No lo pongo por mofarme de la muchacha -aunque tiene su gracia-, sólo pienso que, en el fondo, representa la mejor parodia de este tipo de programas, destaca sus incongruencias y ese hablar por hablar).

Nos han hecho el truco, una vez más.

Yo lo utilizo mucho con mi pobre madre, que si no ya le habría dado a estas alturas.

El truco, cuyo objetivo es paliar el efecto de terror en la víctima, es éste:

Trasladado a mi vida, hace años (ejemplo):
– Mamá, que me voy a estudiar al extranjero
– ¿Pero cóóómo?
– Me voy a EEUU, a la costa oeste, decidido.
– ¿Quéééé?
– Bueno, me lo he pensado mejor, me voy sólo a Londres.
– Ahhhh, bueno.

Trasladado a una situación cotidiana (bastante desagradable por cierto, ojalá nunca nos tengamos que ver en ésas):
Una persona que conoces tiene un accidente y está en la UCI. Se lo tienes que comunicar a su familiar. No le das la noticia de golpe. Le dices: “Fulanito ha tenido un accidente y sería conveniente que fueras al hospital”, para que se le vaya haciendo el cuerpo. Cuando va, se encuentra con la verdadera situación.
Ahí estarás tú luego para abrazarlo y decirle que se pondrá bien.

Trasladado a la vida política y económica de este país:
Sale Solbes, (que sabía seguro de la inminente publicación de la previsión de la UE; digo yo que Almunia algún telefonazo le habría echado), y le da una entrevista al País, diciendo que las cifras del paro eran peor de lo que se había calculado en un primer momento (16%), las del decrecimiento ni te cuento y “vivimos una situación insólita; vamos a algo muy excepcional“. Tres días después sale el Comisario europeo Almunia, cuando aún nos estábamos haciendo el cuerpo, diciendo que la cosa es mucho peor, que el paro se irá al 19%, el decrecimiento al 2% y las previsiones “encierran un nivel de incertidumbre excepcional” (excepcional otra vez, hummm, tú verás que el paciente está muerto). Al día siguiente aparece Zapatero en la SER dando palmaditas en la espalda, diciendo que no será para tanto, que fijo que nos recuperamos un poco antes, que no se habían tomado en cuenta las supermedidas del gobierno. Ay, ay.

Nota: Sobre las supermedidas tengo yo mis objeciones. Consisten, entre otras cosas, en dar respaldo a los bancos y financiar a ayuntamientos y otras instituciones públicas para que creen empleo, a través de la construcción de infraestructuras y similares.
Si ése era “el único margen que tenían contra la crisis” se lo han gastado muy tontamente. A estas instituciones se les da un plazo muy breve para que presenten proyectos. Deprisa y corriendo, no se ha pedido ni el 50% del dinero disponible. Pan para hoy y hambre para mañana, es seguir alimentando al enfermo del sector de la construcción, para disimular desempleados. Antes o después, esos trabajadores volverán al paro. Se podía haber invertido en industrias con futuro. Pero tanta planificación nos supera, parece.

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El otro día estuve en casa de mi amiga, la que juega peligrosamente con el lado oscuro, y me empapé de todo. Parecíamos Romeo y Julieta, ella comentando las maravillas de la vida tranquila en Colombia y yo la paz social de Ecuador o Bolivia.
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Nunca me había preocupado especialmente la seguridad ciudadana. Si acaso evitar las calles demasiado oscuras, tener precaución con el bolso en el barrio o comentar algún suceso de poca monta (lo he hecho en este blog: cuando me atracó dos veces el mismo tío -2 euros-, o el incidente de la despistada de mi hermana y el ordenador). Bueno, y en el piso de Madrid un día vino la policía y se llevó arrestada a la italiana de la puerta de enfrente, la que decía que era arquitecta. Ya nos extrañaba a nosotros. Se la llevaron por falsificación de documentos o algo así. En fin, Lavapiés.

Ya lo he dicho, nunca me había alarmado por estos temas, lo consideraba un problema de eficacia policial fácilmente solucionable con un mínimo de buena gestión. Pero ahora que paso más tiempo en la Costa del Sol las cosas aquí tienen otro cariz.

Las noticias de sucesos en España comentan numerosos casos, que si mujer apuñalada (si no le hacen algo peor, que parece que están por a ver quién bate el récord), porteros de discotecas, mafia búlgara, lo de Coslada como mucho, atracos que acaban con heridos, algún muerto de vez en cuando. Quizá incluso haya un aumento de delitos en los últimos tiempos, efectos secundarios de la crisis.

Pero lo que pasa en la Costa del Sol no es normal. No hay semana que no muera alguien como consecuencia de las mafias. Lo más grave es que NUNCA aparece en las noticias. Te enteras, cuando llevas un tiempo aquí, por el boca a boca. Al principio puedes hasta dudar de la veracidad, pero llega un momento en la información es directa de conocidos, y yo misma conozco a dos víctimas de grandes robos con violencia, violencia de UCI.  Atracos a mano armada en establecimientos que frecuento… Son demasiados casos, hasta yo, que soy tranquila para estas cosas, tengo que reconocerlo.

Hasta ahora había extremado la precaución en casos como los que he citado anteriormente, calles oscuras y demás, lo de sentido común. Ahora, siento preocupación en circunstancias en las que no debería.

Las empresas de seguridad hacen su agosto, enero que es. Ahora pone alarma todo el mundo y no hay negocio, por pequeño que sea, que no encargue la recaudación a gente especializada.

No sé de qué me extraño. La Costa del Sol es refugio de la mayoría de las mafias mundiales. También es sabido, desde los tiempos de Gil, que la mayoría de los periodistas, por no hablar de periódicos completos, están comprados. No es coña, ni paranoia: yo misma tuve un día en mis manos la documentación que probaba la financiación de cierta mafia a cierta empresa editorial local.

En serio lo digo, que como no se le ponga remedio a esto, va a llegar el día en que vaya del todo de las manos del Estado. Un bonito ejemplo lo tenemos en montones de países latinoamericanos.

Me da mucha pena ver esta decadencia. Primero el hormigón, y ahora esto. No hay remedio. Y no hablemos ya de la degradación de valores y demás cuestiones filosóficas.

Ahora, que es invierno, y Marbella perdió el glamour que nunca tuvo, muchos de los negocios dedicados al lujo siguen abiertos, aunque cierren los que nos abastecen a las personas normales. Restaurantes, tiendas de ropa, joyerías, tiendas de decoración subsisten ambientadas con acentos del este, alguno italiano, chileno o de origen indescifrable. Se nota los que son en la actitud, el musculito, la ropa. Los coches. Están tirados de precio ahora. Un ferrari no vale nada, sólo un poco más que una vida, parece.

Me da a mí, esto es suposición, que la crisis llega para todos, y las mafias están rabiando. El negocio del blanqueo está muy mal. Y aquí se juntan todos, muchas bocas y poco pastel. Sigue alguna construcción, una ilegal en Estepona vi el otro día, pero ya no da para lo que ellos necesitan, no para lo que estaban acostumbrados. Los acólitos se aburren, los acólitos no reciben las prebendas habituales, y si los acólitos saben que Fulanito guarda cien mil euros en su casa van a por él, da igual reventarle la cabeza. Y Menganito es mío, no te lo vayas a quedar tú.

A mí, el día que me crujió todo fue el día que vi, hace años, a la poli local saludando, con actitud obediente, a un Hummer sin matrícula. Y yo había visto a los del Hummer antes, tomando copas en el bar guay, y no eran precisamente secretas. Una está esperando tranquilamente aparcada en el puerto deportivo, fumando un cigarrito, y se lleva esos sustos.

Mi experiencia con la mafia es amplia y extensa, por desgracia. Te entra rabia, pero nunca me arriesgaré.

Ojalá se fueran de aquí para siempre. Joder, yo vivo al lado de Gibraltar, aquí no había nada, se ha vivido del contrabando siempre, mi propio padre trapicheaba con café y azúcar, y mi abuela ostentaba la venta-guardiacivilfree (tiempos de Franco, se entiende). Por eso, actualmente, las mafias implantan tan bien en la mentalidad popular local. Y luego la cercanía con Marruecos. Si nos remontamos en los tiempos, llegamos hasta los bandoleros y las tropas francesas. Es el puto sino.

Esta tierra está muy jodida, lo cuento porque sé que me leéis los de otros lugares. Un poquito de autocompasión.

Y eso, que de esos barros, estos lodos.
Pero me refiero a GIL (Grupo Independiente Liberal). Llegó a gobernar en nueve municipios (de extensión territorial considerable en total), después en Ceuta. Llegaron hasta a gobernar en mi querido Casares durante dos años (los engañaron, publicidad por persona –venía un tío y te ponía un vídeo en tu casa —anda que no hacen faltas pelas para eso– -), PC/IU desde el principio de la democracia, a los dos años la gente se dio cuenta del percal y los largaron con viento fresco, ahora han vuelto a la racionalidad). Nueve municipios. Un minipaís. Nadie, que no sepa lo que es esto, sabe lo que supone.

Ya lo dijo mi profesor de literatura (la suerte de mi vida ha sido tener tal cantidad de profesores excepcionales). Era 1º de BUP o algo así. Llegó él, El País bajo el brazo (cuando El País, en el contexto de nuestro colegio y demás, significaba algo), el día de la victoria de Gil (un compañero mío de clase era el hijo del teniente de alcalde), y dijo, refiriéndose a la victoria de Gil, rictus grave en el rostro: “Llegará el momento en que nos acordemos de este día”.
Visionario era.
Me sigo acordando. Profundamente.

Es que esta tierra era muy despoblada. Frontera durante siglos. Peligrosa.
Hijos de puta, han venido a apropiarse de ella los peores.

bonita canción: Amy Macdonald – This is the life (nostalgia)

Llevo un mes sin escribir nada aquí (no por falta temas ni desahogos, sino por pura pereza) y no se me ocurre mejor hora para hacerlo que a las dos de la mañana. Es por el café que tomé a las siete, demasiado tarde y demasiado cargado.

Y mañana me tengo que levantar a las ocho, y hacer una cosa que requiere PENSAR.
Es que me va el riesgo.

Por fin terminaron las puñeteras fiestas, qué largas se me han hecho este año. Miro hacia atrás y parece una mala pesadilla. Como muestra del amoroso clima que se ha vivido por estos lares sólo decir que en el trabajo hicimos dos cenas de navidad, cada grupo a escondidas del otro, eso lo descubrimos todos más tarde.

Se me ha estropeado la batería del ordenador, estoy muy disgustada por eso. Ése es el motivo por el que utilizo el ordenador menos de lo habitual, cada vez que lo cojo me acuerdo y me pongo de mal humor. Sólo los que me conocen de verdad, y entre ellos incluyo a la mayoría de los lectores de este blog, saben lo ordenador/internet-dependiente que soy.

Me quiero cortar el pelo. Tengo que pasar la ITV del coche, pero perdí el permiso de circulación, el coche se quedó sin gasolina en la puerta de casa y ahí lleva un mes. (Lo he dicho de pasada, ¿no se ha notado?)

No estoy al día de los periódicos, ni de los blogs.

Tengo que leer unos libros técnicos y no hago más que posponerlo.

Esta época del año nunca fue buena para mí, pero no quiero caer en la profecía autocumplida. Me da miedo deprimirme, ahora no me lo puedo permitir. Aguanto, a base de ironía y acidez, del impulso al vacío, de la huída hacia delante. Es una extraña mezcla de adrenalina y resignación.

Ahora que por fin me apetece escuchar música me olvidé del disco duro.
Me olvidé de enviar el fax. Otra vez.
Me olvidé de los apellidos de ella, y eso que vivimos años juntas.

No se me olvida la silueta de tu cadera cuando desnuda duermes, eso no.

Quiero comprarme unas katiuskas, quizá rojas, creo que es lo único que me hace ilusión. Algo es algo.