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El otro día estuve en casa de mi amiga, la que juega peligrosamente con el lado oscuro, y me empapé de todo. Parecíamos Romeo y Julieta, ella comentando las maravillas de la vida tranquila en Colombia y yo la paz social de Ecuador o Bolivia.
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Nunca me había preocupado especialmente la seguridad ciudadana. Si acaso evitar las calles demasiado oscuras, tener precaución con el bolso en el barrio o comentar algún suceso de poca monta (lo he hecho en este blog: cuando me atracó dos veces el mismo tío -2 euros-, o el incidente de la despistada de mi hermana y el ordenador). Bueno, y en el piso de Madrid un día vino la policía y se llevó arrestada a la italiana de la puerta de enfrente, la que decía que era arquitecta. Ya nos extrañaba a nosotros. Se la llevaron por falsificación de documentos o algo así. En fin, Lavapiés.

Ya lo he dicho, nunca me había alarmado por estos temas, lo consideraba un problema de eficacia policial fácilmente solucionable con un mínimo de buena gestión. Pero ahora que paso más tiempo en la Costa del Sol las cosas aquí tienen otro cariz.

Las noticias de sucesos en España comentan numerosos casos, que si mujer apuñalada (si no le hacen algo peor, que parece que están por a ver quién bate el récord), porteros de discotecas, mafia búlgara, lo de Coslada como mucho, atracos que acaban con heridos, algún muerto de vez en cuando. Quizá incluso haya un aumento de delitos en los últimos tiempos, efectos secundarios de la crisis.

Pero lo que pasa en la Costa del Sol no es normal. No hay semana que no muera alguien como consecuencia de las mafias. Lo más grave es que NUNCA aparece en las noticias. Te enteras, cuando llevas un tiempo aquí, por el boca a boca. Al principio puedes hasta dudar de la veracidad, pero llega un momento en la información es directa de conocidos, y yo misma conozco a dos víctimas de grandes robos con violencia, violencia de UCI.  Atracos a mano armada en establecimientos que frecuento… Son demasiados casos, hasta yo, que soy tranquila para estas cosas, tengo que reconocerlo.

Hasta ahora había extremado la precaución en casos como los que he citado anteriormente, calles oscuras y demás, lo de sentido común. Ahora, siento preocupación en circunstancias en las que no debería.

Las empresas de seguridad hacen su agosto, enero que es. Ahora pone alarma todo el mundo y no hay negocio, por pequeño que sea, que no encargue la recaudación a gente especializada.

No sé de qué me extraño. La Costa del Sol es refugio de la mayoría de las mafias mundiales. También es sabido, desde los tiempos de Gil, que la mayoría de los periodistas, por no hablar de periódicos completos, están comprados. No es coña, ni paranoia: yo misma tuve un día en mis manos la documentación que probaba la financiación de cierta mafia a cierta empresa editorial local.

En serio lo digo, que como no se le ponga remedio a esto, va a llegar el día en que vaya del todo de las manos del Estado. Un bonito ejemplo lo tenemos en montones de países latinoamericanos.

Me da mucha pena ver esta decadencia. Primero el hormigón, y ahora esto. No hay remedio. Y no hablemos ya de la degradación de valores y demás cuestiones filosóficas.

Ahora, que es invierno, y Marbella perdió el glamour que nunca tuvo, muchos de los negocios dedicados al lujo siguen abiertos, aunque cierren los que nos abastecen a las personas normales. Restaurantes, tiendas de ropa, joyerías, tiendas de decoración subsisten ambientadas con acentos del este, alguno italiano, chileno o de origen indescifrable. Se nota los que son en la actitud, el musculito, la ropa. Los coches. Están tirados de precio ahora. Un ferrari no vale nada, sólo un poco más que una vida, parece.

Me da a mí, esto es suposición, que la crisis llega para todos, y las mafias están rabiando. El negocio del blanqueo está muy mal. Y aquí se juntan todos, muchas bocas y poco pastel. Sigue alguna construcción, una ilegal en Estepona vi el otro día, pero ya no da para lo que ellos necesitan, no para lo que estaban acostumbrados. Los acólitos se aburren, los acólitos no reciben las prebendas habituales, y si los acólitos saben que Fulanito guarda cien mil euros en su casa van a por él, da igual reventarle la cabeza. Y Menganito es mío, no te lo vayas a quedar tú.

A mí, el día que me crujió todo fue el día que vi, hace años, a la poli local saludando, con actitud obediente, a un Hummer sin matrícula. Y yo había visto a los del Hummer antes, tomando copas en el bar guay, y no eran precisamente secretas. Una está esperando tranquilamente aparcada en el puerto deportivo, fumando un cigarrito, y se lleva esos sustos.

Mi experiencia con la mafia es amplia y extensa, por desgracia. Te entra rabia, pero nunca me arriesgaré.

Ojalá se fueran de aquí para siempre. Joder, yo vivo al lado de Gibraltar, aquí no había nada, se ha vivido del contrabando siempre, mi propio padre trapicheaba con café y azúcar, y mi abuela ostentaba la venta-guardiacivilfree (tiempos de Franco, se entiende). Por eso, actualmente, las mafias implantan tan bien en la mentalidad popular local. Y luego la cercanía con Marruecos. Si nos remontamos en los tiempos, llegamos hasta los bandoleros y las tropas francesas. Es el puto sino.

Esta tierra está muy jodida, lo cuento porque sé que me leéis los de otros lugares. Un poquito de autocompasión.

Y eso, que de esos barros, estos lodos.
Pero me refiero a GIL (Grupo Independiente Liberal). Llegó a gobernar en nueve municipios (de extensión territorial considerable en total), después en Ceuta. Llegaron hasta a gobernar en mi querido Casares durante dos años (los engañaron, publicidad por persona –venía un tío y te ponía un vídeo en tu casa —anda que no hacen faltas pelas para eso– -), PC/IU desde el principio de la democracia, a los dos años la gente se dio cuenta del percal y los largaron con viento fresco, ahora han vuelto a la racionalidad). Nueve municipios. Un minipaís. Nadie, que no sepa lo que es esto, sabe lo que supone.

Ya lo dijo mi profesor de literatura (la suerte de mi vida ha sido tener tal cantidad de profesores excepcionales). Era 1º de BUP o algo así. Llegó él, El País bajo el brazo (cuando El País, en el contexto de nuestro colegio y demás, significaba algo), el día de la victoria de Gil (un compañero mío de clase era el hijo del teniente de alcalde), y dijo, refiriéndose a la victoria de Gil, rictus grave en el rostro: “Llegará el momento en que nos acordemos de este día”.
Visionario era.
Me sigo acordando. Profundamente.

Es que esta tierra era muy despoblada. Frontera durante siglos. Peligrosa.
Hijos de puta, han venido a apropiarse de ella los peores.

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