No tengo remedio, más que comprobado, y a esta edad ya no voy a cambiar: soy nocturna.

Por suerte, o porque me era vital montármelo así, tengo un horario más o menos flexible. Todos los días me propongo “madrugar” y es raro cuando lo consigo, normalmente cuando no hay más remedio y he quedado con alguien, o tengo que ir al banco, administraciones varias y esos sitios horribles en los que hay que esperar cola. Por las mañanas soy un zombi, y por las noches un vampiro.

Las tardes son magníficas, rindo a gusto, y a veces, cuando me entretengo, me pilla la madrugada. Si no estoy realizando ninguna actividad que sea incompatible, pongo la tele de fondo, por evitar el silencio de la noche, compañía lo llaman algunos.

Recuerdo los tiempos de las teletiendas, aquel magnífico wok, los cuchillos indestructibles que lo cortaban todo, bayetas mega absorbentes, hasta que llegamos a los más modernos (y odiosos) aparatos de gimnasia, los que te infringen descargas y los que acaban de percheros o bajo la cama. Nunca pensé que podría añorarlas. Ahora quedan pocas, como mucho la del ordenador normalito a precio caro que te venden como prodigio de la tecnología.

Ahora, a altas horas de la madrugada, la programación que te sueles encontrar son unos concursos horrendos (Noche de suerte, Ganas de ganar…) con unos presentadores chillones que parecen elegidos por su capacidad de hablar mucho y no decir nada, y sobre todo de molestar, llamar tu atención. Por no hablar de la música, estridente y acelerada, que incita al asesinato. Estos concursos, cloneados en todas las cadenas, ofrecen unas cantidades supuestamente atractivas a cambio de llamar por teléfono y responder a una pregunta, cuanto más tonta mejor. Toda la producción consiste en un rincón de plató (por llamarlo de alguna manera) cutremente decorado, y al presentador no da la sensación de que le paguen más que a cualquier becario medio. Por supuesto, no explican que las tarifas convierten en risibles las de los teléfonos eróticos.

Ejemplo:

Me ponen de muy mal humor, no acierto a encontrar el mando cuando aparecen. Alguna vez, si estoy muy concentrada, no me doy cuenta hasta que noto que algo me molesta y no sé lo que es. Cuando por fin cambio el canal, el descanso es infinito.

Esos programas proliferaban hace años en las televisiones locales y recuerdo que hubo una sentencia, o una declaración de alguna institución, o algo así, que ordenaba su retirada. La razón era que constituían un engaño, no sólo por los precios de la llamada, sino porque al televidente, sobre todo si era una persona mayor o con poca formación, le daba la sensación de que tenía alguna posibilidad de ganar cuando se demostró que ésta era prácticamente inexistente. Sin embargo, la llamada sí la solían coger, y te mantenían mucho tiempo en espera. Si luego no entrabas al concurso (en ningún sitio dicen que si llamas lo más seguro es que no puedas participar, y al ser las preguntas tan fáciles mucha gente se ve tentada a hacerlo) alegaban falta de tiempo o algo similar. Es el juego de azar más caro en relación precio/posibilidad de premio y el menos regulado. No sé qué ocurrió después, ni por qué motivo esas razones se olvidaron y las televisiones nacionales volvieron a dar cabida a estos concursos-engaño. Por otro lado, pienso que negocio bien lucrativo debe de ser cuando ha triunfado de esta manera. Además, cada vez comienzan en un horario más temprano.

Son una plaga. Hay un momento de la noche en que la única cadena que no los emite es la Primera. La 2 suele recoger algún evento deportivo decisivo, del tipo balonmano, partido de cuartos entre Estonia y Alemania. La Primera emite un debate político relativamente interesante, el problema es cuando empieza a repetir las noticias cada quince minutos y te las aprendes de memoria. Si hay alguna noticia especialmente molesta/trágica/mal hecha, la rayada alcanza límites insospechados.

Yo me pregunto, ¿tan difícil es programar una cosita normal, no degradante? Nada caro, entiendo que esos horarios apenas son rentables, no pido nada del otro mundo: un documental antiguo, una peli serie B, unos vídeos musicales, cualquier cosa. Hasta con una teletienda me conformaba, a eso hemos llegado, lo que demuestra que todo siempre podía ser peor.

Qué tiempos aquellos de las pelis gafapasta de la 2 hasta las tantas. Pero con eso te entretenías, las acababas viendo. No sé ni lo que quiero.

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Y para terminar, continuando con los patetismos, el clásico de la presentadora borracha:

(No lo pongo por mofarme de la muchacha -aunque tiene su gracia-, sólo pienso que, en el fondo, representa la mejor parodia de este tipo de programas, destaca sus incongruencias y ese hablar por hablar).

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