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Comentaba hoy con mi hermana, autopista de la Costa del Sol por delante, la pena de que se hubiera desperdiciado la oportunidad, al construir tanto, de hacerlo en casas sostenibles. Lo dije con hastío, puede que por última vez, puesto que el tema no da para más. A esto, mi hermana me respondió, con tranquilidad y optimismo, que todo ello tenía una cosa buena. La miré con incredulidad, con gran incredulidad, llegué a pensar hasta que me estaba vacilando. Sí, me respondió, como ha habido taaaanto dinero y no se sabía qué hacer con él, se han gastado millones y millones en jardinería ambiental. ¿Te has fijado, por ejemplo, en la cantidad de palmeras washingtonias que se han plantado? Cuando esas palmeras crezcan las copas toparán las unas con las otras. Se van a formar verdaderos bosques, de palmeras y de todos esos arbolitos que ahora parecen escuchimizados. Esos árboles crecerán y para entonces ya nadie los podrá quitar. Algún día, las casas, que se han construido con materiales de mala calidad, se caerán, y los árboles perdurarán.

Mi hermana dixit.

No lo digo por hacerme la que sabe más que nadie, pero es que a mí misma se me olvida. Todos los medios españoles desinforman sobre lo que ocurre en Venezuela, Bolivia y países latinoamericanos en la misma onda. (Me hizo gracia cuando en una entrevista le preguntaron a Evo Morales qué le diría al recién elegido presidente paraguayo y respondió: “Bienvenido al eje del mal”).
No sé la razón profunda (aunque la sospecho, y no quiero hacerlo), pero la actitud de los medios españoles, no sólo de los tradicionalmente de derechas, sino especialmente El País y recientemente Público, hacia estos gobiernos es de auténtica inquina.

Un ejemplo reciente: imaginaos que en España se celebra un referéndum, y resulta que hay zonas, pongamos por caso, País Vasco y Cataluña (y el paralelismo lo paramos ahí porque no es comparable), donde el porcentaje de votos de aprobación es menor y no llega al 50%, pero al final es aprobado. ¿Titularía al día siguiente El País “España se rompe”, “Zapatero divide a España”? No. Pues eso hace con Bolivia, cual Jiménez Losantos cualquiera. Y eso que la constitución boliviana, tampoco he profundizado mucho en el tema, recoge aspectos tan “terribles” como el reconocimento de los derechos de los pueblos indígenas o la prohibición de privatizar el agua y la electricidad. Qué cosa tan tremenda.

Haciéndome eco de uno de los comentarios más repetidos en los últimos tiempos, es increíble como siempre se ha criticado cualquier nacionalización por parte de estos países pobres, pero ahora, cuando se trata de insuflar dinero a los bancos o incluso nacionalizarlos a todos, hasta a los neocons les parece estupendo. Hay que ser hipócrita.
Y también, al hilo, me repatea cuando el gobierno español se lanza a pecho descubierto a defender a compañías tipo Repsol, BBVA y Telefónica, porque son españolas. Que son unas putas compañías privadas, que la mitad de los accionistas no son españoles ni nada, y aunque lo fueran. ¿Qué preferimos, que los beneficios de unas explotaciones petrolíferas redunden en una compañía privada (en las carteras de los accionistas, que son los mismos de los bancos y las inmobiliarias) o en los habitantes empobrecidos de estos países? Igual el gobierno, antes de lanzarse, debiera preguntar a sus propios votantes.

Fue escandalosa la manipulación que El País realizó no hace mucho, cuando las revueltas en Bolivia. Había dos grupos, los opositores, violentos y organizados, y los indígenas que apoyaban a Evo Morales, que en esta ocasión decidieron apostarse pacíficamente junto al Palacio presidencial para mostrarle su apoyo. El País no dudó en mostrar a los violentos (que se ven que son niños pijos con pelas suficientes como para hacerse “escuditos” de serie –encima con el emblema de Santa Cruz, el núcleo de la oposición al gobierno, que hay que tener poca idea para no darse cuenta-) como si fueran los que apoyaban a Morales, y a los pacíficos (indígenas) como si fueran los pobrecitos opositores.
Pues bien, El País tardó diez meses en dar explicaciones. Y en este caso no me cuela que fuera un error, lo siento.

El delito de estos gobiernos, principalmente, recae en cosas tan deleznables como, por ejemplo, pedir que las compañías extranjeras paguen impuestos como lo hacen en los demás países desarrollados, cosa que hasta ahora no hacían. Y claro, de no pagar nada, a tener que pagar una pasta, duele.
Sí, por ejemplo, aunque nos pueda parecer inconcebible, hasta que Chávez llegó al poder, ninguna compañía extranjera, las que manejan el grueso de la economía del país, ya fuera petroleras o de alimentación, pagaba impuestos. Eso no se cuenta.

Recientemente ha habido cambios en Público, se ha producido un trasvase de gente desde El País. En esta nueva línea, nada más destituir al director (cuyo blog desde entonces está mejor que nunca), se ha cambiado al corresponsal en Venezuela. Demasiado sospechoso.

Hay que tener mucho cuidado. Estamos intoxicados todos, yo la primera. Es fácil, y críticos como somos, dejarnos llevar.
Así que cuando leo algo sobre esto en El País, o ahora en Público (mi panfleto favorito), tengo que sacar el chip de alerta y pensar que me la pueden estar metiendo (más de lo habitual).
No es que yo a Chávez le tenga simpatía. El tipo tiene un ego del tamaño de varios campos de fútbol (la medida española de las cosas), y es impresentable su ansia de perpetuarse en el poder, pero se trata a estos países como si fueran dictaduras, y no lo son. Cuando lo sean, entonces entenderé la actitud de acoso y derribo, pero hoy por hoy no lo son, y lo que hacen los medios españoles es ningunear la voluntad política de esos pueblos.

*Quitando lo chabacano que es Chávez, ha tenido puntos históricos estos años, como cuando llamó borracho a Bush (“danger, danger”), o cuando a raíz de la expulsión del embajador de EEUU de Bolivia (que era de la CÍA y apoyaba un golpe de estado, cosa que no me creo que sea mentira, ni baladí), dijo “váyanse al carajo”, “yanquis de mierda”. Diplomacia fina no es, la verdad, pero dio en el clavo sobre lo que muchos pensaban. Por ejemplo, El País hizo más hincapié en las palabras del presidente venezolano que en la profundización sobre el hecho gravísimo de la incitación al golpe de estado sobre un estado democrático (el enésimo).

Me llamó la atención algo que dijo Chávez en su discurso durante la última reunión del Foro Social Mundial. Decía que allí se habían encontrado un militar (él mismo), un obispo (el presidente de Paraguay), un chicago boy (Correa es un economista de la Escuela de Chicago –de ésos que EEUU formaba para luego gobernar Latinoamérica en el neoliberalismo, si no en una dictadura- reconvertido) y un tupacamaru (Morales). Es verdad que los tiempos cambian una barbaridad. Años atrás, los tres primeros hubieran sido los dictadores perfectos, y el cuarto, el opositor perseguido.

Tampoco hablan nunca los medios de la erradicación del analfabetismo en los niños de Bolivia y Venezuela, que a día de hoy es total. Y con democracia, que no son Cuba. Tampoco de la corrección en los índices de pobreza. Según la ONU, en los últimos años, en los únicos países donde el problema del hambre ha mejorado de manera destacable ha sido en Brasil y los del entorno. Ya lo digo, para mí esos presidentes (quitando a Lula, que tiene un pase, aunque haya defraudado a muchos) no son santo de mi devoción, demasiado brutos, demasiado aire paleto (habría que ver su opinión sobre la homosexualidad, por ejemplo, -y los indígenas muy guays todos, pero son machistas a más no poder-), pero sólo con lo que ya han hecho, para como está el mundo, me vale.