Comentaba hoy con mi hermana, autopista de la Costa del Sol por delante, la pena de que se hubiera desperdiciado la oportunidad, al construir tanto, de hacerlo en casas sostenibles. Lo dije con hastío, puede que por última vez, puesto que el tema no da para más. A esto, mi hermana me respondió, con tranquilidad y optimismo, que todo ello tenía una cosa buena. La miré con incredulidad, con gran incredulidad, llegué a pensar hasta que me estaba vacilando. Sí, me respondió, como ha habido taaaanto dinero y no se sabía qué hacer con él, se han gastado millones y millones en jardinería ambiental. ¿Te has fijado, por ejemplo, en la cantidad de palmeras washingtonias que se han plantado? Cuando esas palmeras crezcan las copas toparán las unas con las otras. Se van a formar verdaderos bosques, de palmeras y de todos esos arbolitos que ahora parecen escuchimizados. Esos árboles crecerán y para entonces ya nadie los podrá quitar. Algún día, las casas, que se han construido con materiales de mala calidad, se caerán, y los árboles perdurarán.

Mi hermana dixit.

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