bonita versión: • Romeo and Juliet – The Killers

Cada día me parezco más a mi madre. Hoy he estado con mi hermana y me lo ha comentado justo después de que yo lo pensara. No es que me queje, que mi madre es una mujer admirable, pero no deja de sorprenderme.

Mañana tengo que estar, activa y en otro lugar, a las siete de la mañana. No tengo remedio: la hora en que me duermo es inversamente proporcional a la hora en que tengo que levantarme y a la importancia de la cita. Cuanto más relevante el evento, más tarde me acuesto, menos duermo. Deben ser los nervios, rechazo interno, o quién sabe. Pensaba que con el tiempo la costumbre se iría atenuando, pero no, soy incorregible. Por eso me acuerdo de que me parezco a mi madre, ella siempre dice que cuando tiene que viajar, aunque sea algo irrelevante, la noche antes se pone nerviosa y no puede dormir. Y ya tiene la tira de años, y sigue así. Va a ser que esto no tiene solución.
Será el riesgo, la negación, o vete tú a saber.
Y aquí estoy, que últimamente no escribo un post ni a la de tres; pues hoy, esta noche, me ha dado por ahí. Y con copita y todo, que me he puesto para amenizarme a mí misma. Bueno, ya tengo dos dedos de frente (al menos eso quiero creer) y no me voy a dar el pasote, pero el amago lo tengo.
Me he puesto a los Smiths, altito, que no falte de ná. Cuánto tiempo.
Mañana me voy cagar. Qué finura hablando/escribiendo, ¿verdad? Es la pura verdad.
Asquito de días intensos que estoy teniendo. Tiempo ha me hubiera largado con viento fresco, pero no tengo más remedio que apencar.
Yo no se qué le pasa a esta perra que cada día ladra más, ¿será la música? Son las 23:45 h. Ya se aburrirá, espero.
He tenido tantos posts que escribir estos últimos tiempos… Se los llevará el viento, como los besos que no diste, o como diga la canción.
De verdad que necesito aire puro y éste es mi último reducto.
Qué bonitas canciones las de Morrisey.  Y qué pena que se acabe la copa, y la noche.
Hace un rato he estado con chicas veiteañeras, jóvenes, risueñas y despreocupadas. Me adapté, reí, volví a viejas anécdotas, y sentí vacío y desarraigo.
Que no se acabe la noche.
No puedo decir que sea duro. Duro sería no tener qué comer mañana, el terror, la desesperanza.
Sólo es… un peso.
¿Qué hubiera sido de mi vida de quedarme en Gales, con o sin ella?, ¿de seguir viajando? Cada día que pasa eliges, eliminas posibles.
Me gusta la brisa del mar que siempre corre aquí. Cambió el paradigma, que es como se llama ahora a que el mundo no tiene nada que ver con lo que era o te imaginaste que pudiera ser, ya no existe nada de lo que fue. Y no soy una viejecita flipada con el invento de la radio, y adoro internet, pero estoy asqueada de que todo ha ido a peor. No es sólo que nos vendieran algo que nunca fue, es que esto… no.
Creo que he pillado un poco de insolación; si es que yo el sol… fatal.
No quiero ser pesimista, seguiré riendo, pero ya creo en menos cosas. Sí en que la revolución está en cada uno de nosotros y es mental.
Vaya post a trompicones, todavía soy capaz de colgarlo.
Tiempo, dinero. Ganas.
Me acuerdo cuando me miró, se le iluminaron los ojos, sonrió y me dijo, entre sorprendida y maravillada: “¡Estás soñando!”. Sí, yo sueño, siempre he soñado, despierta, que se disfruta más. Soñaba que me quería mientras me estaba queriendo.
Se va a acabar la noche, lo estoy viendo. Y mañana no voy a estar lúcida, también lo estoy viendo. Si alguna vez lo estuve.
Y pasaré el día a trompicones, como el post.

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