Se me ha caducado la licencia del Word y ahora no puedo abrirlo. Era pirata, por supuesto. Podría decir que por eso no escribo posts con tanta frecuencia, pero mentiría. No escribo porque cada momento libre que encuentro me dedico a jugar a absurdos juegos de ordenador, casi todos online, sin el valor suficiente para abordar uno verdaderamente en condiciones, un juego con mayúsculas, de los que te ocupan horas y horas de tu vida, un Diablo, un Civilization, un Sims mismamente. No leo blogs ni periódicos digitales, sólo tengo ecos de las noticias, abducida por el embotamiento de agosto.

No me aguanto ni yo.
Este verano se me está haciendo tan pesado que sólo es comparable a cuando estaba en la facultad y me quedaban para septiembre. Calor, mal humor y lucha por que mi motivación pase de ser fingida a real, así se puede resumir la situación. Y una necesidad de evasión de que no tiene límites. Pereza e inutilidad.
Como no tengo el Word, utilizo, por primera vez en serio, el Pages del Mac. No está mal, tiene su aquél, debería descubrirlo, aunque ahora mismo no estoy para eso, me conformaré con salir del paso. Como todo en Mac, estéticamente es más agradecido.
Sigo con mi retahíla: me han vuelto a comer los mosquitos, ahora, a la vejez, en mitad de agosto, vinieron un día y me comieron. Desde el despiste de México no me atacaban así. Debo de tener algún tipo de reacción alérgica, pero sólo en determinadas ocasiones, porque estas hinchazones y picores no son normales.
Y la casa llena de gente… Y tener que comprar, cocinar y mantener la compostura. Feliz y sonriente. Sin música se vaya a despertar el niño. Vestida.
Pero a la playa no voy, por eso no paso; un chiringuito al anochecer, como mucho.
Y lo peor es que sé que objetivamente no tengo motivo para quejarme, ni por esta acidez de estómago.
Sólo me puedo recluir en el lugar más caluroso de la casa, allí donde nadie va. Aguanto hasta el borde del síncope. Las noches son lo mejor, pero suelo estar cansada y me dan remordimientos porque temo no rendir al día siguiente, aunque de todas formas no lo vaya a hacer.
Engaño, miento, me invento ocupaciones imprescindibles y hago vistas gordas. No me reconozco y me sorprende mi ingenio para el escaqueo. Descubro que muchos funcionan así.
Me conforma que el verano pasará.
No pretendía este post así, pero si ha salido por algo será.
Tenía cosas en el tintero, unas canciones, un juego precioso, felicitar a Macorina por haber vuelto a escribir, pero hoy no van.
Quizá debería rendirme ante la evidencia, admitir que necesito fines de semana como todo el mundo, y no descansarlo luego todo junto. Mañana es sábado y me estoy inventando que puedo trasnochar. No he ido al concierto de flamenco bajo la luz de la luna en lugar paradisíaco por remordimiento, pero me desquito tomándome mi copa yo sola.
Desciendo por el Spotify y la música me evoca otra noche de verano: el paisaje más desértico, (sé que la música en verano se comunica por las ventanas abiertas, pero me da igual), el paisaje más desértico…

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