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Hablemos del tiempo, que es de lo que se habla cuando no se tiene qué decir. O cuando todo cansa y sólo queda el fluir del momento.

Iba yo a escribir un post hace cuatro o cinco días comentando que ya había terminado el verano. Maldición, justo entonces se batió récord de temperatura, como suele ocurrir últimamente: 38 grados y medio, y un sopor que me hizo sentir enferma, (y este lugar, apunto, nunca fue Sevilla). Aunque nada en comparación con los 43 grados de unas semanas atrás. Macorina y yo, cada una en un sofá, como perrillos exhaustos. A ocho kilómetros hacia el interior hicieron 47 grados, 34 grados a las 4 de la mañana, y a esas horas no se produce el efecto invernadero dentro de los termómetros callejeros.

Pero ya ha terminado el verano, aunque siga sin llover. Hoy se ha levantado nublado y un viento brutal, que me gusta. Ha tumbado una maceta de más cincuenta centímetros de diámetro y la ha partido. Tenía una palmera dentro que transplantaré esta tarde, si me da por ahí. Qué pena, esa maceta la compré en Granada hace años. Me costó muy muy barata, lo peor fue transportarla. La palmera la compré en Ikea Alcorcón, el año terrible, cuando huí a Madrid, y para protegerme del agobio y la contaminación del centro, convertí mi salón en un jardín/invernadero, con sus muebles de jardín, sus regaderas, su terraza y sus cortinas de cuentas verdes. La palmera, oferta del momento, medía 30 centímetros y ahora es más alta que una persona. Ahora, que revienta de cantidad de raíces, la pondré en la tierra, como a mí, para que arraigue.

Mientras escribo estas palabras escucho “La Torre del La Vela”, de 091.

(siento el ruido de fondo) ,  (¡qué años!…)

Hace falta Granada -pequeña gran ciudad- para sentir la canción como es (Torre de La Vela = Alhambra), aunque haya cosas universales (Lorca, que estás en los cielos) . Y es que ya soy de muchos sitios. Je. Me retrotrae a antes, antes del año terrible, y así por fin todo tiene continuidad. El viento hace el ruido ése, el tipo peli de miedo, pero es mediodía. Lo peor es mi madre diciendo “¿otra cerveza de “ésas” te vas a beber?“, y yo “no es tanto, una normal es así“, y señalo la mitad dando más margen del real. Es sólo cerveza, y esta mañana he trabajado bien. Decía del viento, y de la palmera que arraiga, y yo no. Porque yo no. Es mentirijilla. Ya verás dentro de dos semanas, cuando coja carretera y manta.

Ya no siento la sensación de desarraigo total de hace cuatro años. Lo quise, lo conseguí y se cumplió la maldición de los deseos cumplidos. Extraña sensación, de desasosiego y flotabilidad, de magnífica libertad.

Me dispuse a plantar. Y era fácil, o así me resultó. Ahora me resisto a lo contrario, y también es fácil. Es sólo seguir como siempre.

Que sople, que sople más, que caigan todas la macetas, los toldos, los carteles. Hay gente que no lo soporta, mi madre, por ejemplo, que es de fuera, pero yo me crié en los vientos del sur. Escribió Almudena Grandes “Los aires difíciles“, y me decepcionó. Ella sabía de la importancia, intenta plasmar la influencia en los locales, pero se pierde. No encontré en el libro lo que esperaba.

Ocurrió otro episodio, ya escribí otro post al respecto, hace años, en el blog antiguo. Veré a ver si lo puedo recuperar. Pues no lo encuentro, cómo me exasperan estas cosas. Quizá nunca lo escribí, sólo lo soñé. O lo borré, no lo descarto. Argggg, me cabrea. Se me quitan hasta las ganas de reproducirlo. No, decía del viento que corrió sobre la plaza de Chueca, de pronto, y todas supimos interpretar que era el fin de todo, el fin del año terrible.

Noticias: El Tiempo (mi abuelo sólo veía de la tele El Tiempo -él era simple, pero sabio-). Mañana: ¡Levante grande en el Estrecho! Eso, que corra, que corra el aire.

Mañana levantazo: tiembla Euskadi, que voy pa yá, tiembla Lavapiés, que te voy a cerrar.

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