Al artículo de Efe Eme contra el Manifiesto en Defensa de los Derechos Fundamentales en Internet:

(en cursiva el contenido del artículo)

Y con un objetivo: proteger los intereses del sector tecnológico.

Puede que haya algunos que lo hagan, pero la gran mayoría defiende el uso y progreso de la tecnología, así como el acceso a la cultura.

El mismo que usa y abusa del esfuerzo de terceros (sean empresarios, creadores o trabajadores).

Anda que no hay gente ahí, en la industria discográfica y audiovisual, que vive del cuento: el ayudante de no sé qué, el coordinador de no sé cuántos, el encargado regional de lo otro… supuestos supervisores y organizadores que no hacen nada del otro mundo y se atribuyen el trabajo de otros, que ganan sueldos astronómicos y se dedican a presumir de su influencia y alta posición social.

El mismo en el que operan empresas que ofrecen el ADSL más caro de Europa y el más lento.

De acuerdo, el gobierno debería tomar medidas. Es más, siempre he dicho que las comunicaciones deberían ser gratis, junto con la sanidad y la educación, porque son necesidades básicas del ser humano. Y si no gratis, ser una empresa estatal que cobrara a los usuarios el precio de costo. Pero ésa es otra guerra. Una no quita a la otra.

Y que siempre se van de rositas porque son el gran anunciante del país. Invierten en medios, blogs y empresas donde trabajan los promotores del Manifiesto.

Como si las discográficas y productoras fueran pobrecitas. El manifiesto no está instigado, que a esas empresas les vengan bien y se froten las manos es otro tema.

Quienes por supuesto exigen el todo gratis para los productos culturales pero no para la conexión gratuita a Internet. ¿Se me entiende verdad?

Me reitero en lo dicho.

Además tienen la osadía de pontificar sobre el futuro de los nuevos creadores y la amenaza que la legislación va a suponer sobre la creación cultural. Son los mismos profetas del Apocalipsis, que vengo denunciando desde hace tiempo, y que nunca aportan ninguna solución.

Profetas del Apocalipsis son los que dicen que si no se pone remedio se acabará con la industria musical. Hace quince años yo conocía casi todos los grupos buenos del momento. Ahora es imposible. A poco que investigas descubres uno mejor, porque hay montones más, y no los cuatro que te ofrecía la discográfica, de los cuales uno te ponían en los 40 Principales. La industria está obsoleta. Tienen que asumirlo. Hoy cualquiera con un Mac y el programa adecuado puede hacer un disco decente. De hecho, los cantantes del momento sacan varios discos al año. Es cierto que falta la mano depuradora de la discográfica y junto a canciones normales colocan otras de calidad inferior, pero las buenas siguen estando ahí. Hoy cualquiera tiene una cámara digital y puede hacer una película. ¿Cuánta gente buena no se quedó en el camino años atrás por no contar con una discográfica o productora que lo avalara, o porque éstas los inducían a contratos abusivos que coartaban su libertad?
Ahora mismo hay muchos más grupos musicales que hace diez años, desde que comenzaron las descargas, es un hecho. Y, sobre todo, el acceso a la cultura es cada vez más universal, sólo por eso merece la pena. ¿Qué persona que cobre 800 euros se puede permitir ir al cine cinco o seis veces, comprar varios discos y un par de libros al mes? Al precio que tienen, y con las hipotecas y los alimentos como están. Seamos realistas. ¿Y la gente que vive en el campo? Que no digan que está en peligro, porque la cultura está sufriendo una eclosión y una democratización como nunca. Quizá en la élite y el establishment no se quiera ver, pero eso es lo que está pasando a pie de calle. La popularización y el acceso gratuito no significa que el artista sea menospreciado, todo lo contrario. Dispone de mucho más público. Capas más amplias de la población valoran y agradecen su trabajo, lo que necesariamente, cuando el mercado se ajuste, repercutirá en la manera que el artista pueda vivir de su trabajo.

Por otra parte, no niego la legitimidad del derecho de autor, pero también considero que está sobrestimado. Ningún arquitecto cobra diez años después porque uno que pasaba por allí se recree en sus maravillosos arcos.
Además, un cantante no tiene por qué cobrar más que un camionero o un fresador, no más que un director de banco o un funcionario de aduanas. Componer una canción tampoco es para tanto, ¿y qué trabajador sigue viviendo de lo que trabajó 30 años atrás, aparte de su merecida pensión? ¿Que es creativo? Hay muchos trabajos creativos que no están tan sobreremunerados. Si hasta ahora ha sido de esa manera, era porque mantenía a mucha gente y a muchos directivos y accionistas que nada tienen que ver con la producción artística, pero la mayor parte de esa gente ya no es necesaria.

El límite debe estar en el ánimo de lucro del que difunde la obra.

¿Qué credibilidad tiene esta gente para opinar sobre Arte y Creación? ¿A quién han descubierto? ¿Qué película de éxito han realizado? ¿Qué música suya ha triunfado? ¿Qué libro suyo ha funcionado? ¿Qué han hecho más allá de su trabajo periodístico? No tienen ninguna autoridad.

¿Autoridad? Esa falacia la he oído demasiadas veces. ¿No tengo yo autoridad para hablar sobre el Sahara, aunque nunca haya estado allí? ¿No puedo opinar sobre la pena de muerte aunque no haya vivido ningún caso cercano, y ni siquiera exista en mi país? Cierto es que los implicados deben tener voz propia, pero de ahí a autoridad… Y el trabajo periodístico no es nada despreciable.
Hay demasiado endiosado por ahí. ARTISTAS, que la mitad están ahí por influencias familiares o conveniencias de las discográficas, que no valen tanto y ven peligrar su estatus, su chalet de barrio pijo y las vacaciones en Miami. Gente que se había hecho la idea de un futuro asegurado y ahora lo ven peligrar. También se acabó el chollo del la canción pelotazo y vivir el resto de la vida del cuento. Normal que protesten, pero la vida es así. ¿Cuántas profesiones no están cayendo en picado por el cambio tecnológico o la crisis? Agencias de viajes (¿debe prohibir el gobierno la venta de billetes por internet?), inmobiliarias (¿se debe prohibir colocar el cartel de “se vende”, prescindiendo de intermediarios?)… Son los tiempos y el mercado, el mismo que cuando les iba bien no tenían reparos en abrazar.
Durante años se nos ha robado, un cd vale céntimos, y si quieres hacer rico al artista súbele un euro, pero ¿20? , ¿de qué? ¿Promoción? Internet tiene sus propios medios. En los últimos años ha salido mucha gente así. ¿Distribuidores? Sí, ésos son los que sin hacer nada se han llevado la tajada. Ocurre igual en muchos otros campos de la economía, en la agricultura, por ejemplo. La ventaja de internet es que elimina la necesidad de esos distribuidores, además del antiecológico soporte físico y su necesario transporte, y lo mejor es que ahora esa gente se puede dedicar a hacer otras cosas más provechosas para la sociedad. El soporte físico ha muerto (excluyo al libro de esto, es otro campo con sus propios matices). La industria discográfica se ha basado en el control del soporte físico de la copia y eso ya no tiene sentido. Lo siento, el mundo cambia y hay negocios que mueren. Durante muchos años han manejado mucho dinero y no pueden seguir haciéndolo de la misma manera. El mundo de la producción audiovisual está sufriendo un cambio y se acabará ajustando, pero no de la manera que ellos desean. Es como las gasolineras, es un negocio que dentro de unos años no tendrá sentido. Les queda renovarse, quizá en puntos de asistencia en carretera o tiendas para el automóvil, pero ya no tendrán sentido. Hay profesiones y negocios que tienen su tiempo y no se pueden prolongar más allá, pero es más sonado cuando ese condenado a desaparecer tiene poder económico. ¿Qué pasaría si no hubiera más petróleo de pronto? Que las compañías petroleras harían lo posible por prolongar su chollo, como de hecho están haciendo, negando datos e impidiendo el desarrollo de vehículos limpios, que podían estar completamente desarrollados desde hace 50 años, pero no los han dejado. Lo mismo ocurre con la INDUSTRIA del cine y musical. No olvidemos que en EEUU es una de las grandes industrias del país, sobre todo en California y Miami, junto con la automovilística, la petrolera y la armamentista. La Warner tuvo pérdidas el año pasado. Por eso Obama se dedica a convencer a presidentes extranjeros, como a Zapatero,  para que le ayuden a poner remedio. Por eso nos han incluido en la lista negra, y por eso Bruselas, la hermanita obediente, ha legislado. La industria rabia y patalea, observa estadísticas del número de descargas y piensa que es dinero que está perdiendo. Sin embargo, no es así, que una persona se descargue una canción no significa que si no pudiera hacerlo se compraría el disco. La gente descarga incluso canciones que nunca oirá, o canciones sólo por escuchar cómo suenan, o canciones que escuchará unas pocas veces, pero que nunca se le ocurriría comprar. Se calcula que de cada siete canciones bajadas, sólo una la persona contemplaría comprarla. No se dan cuenta de que esto incluso les beneficia, es promoción gratis para su artista. Y el artista se debería alegrar más que nadie, porque consolida su nombre y eso, a la larga, se traducirá en beneficios, quizá no del tipo tradicional, quizá no en forma de cheque de la discográfica, pero sí en un “no hay entradas” o en que los pedidos de su página web desborden las expectativas. Lo que pasa es que para el artista consagrado esas promesas de futuro saben a poco, y acojonan.

Pero lo quieren todo gratis. Lo de los demás, claro está. Y en vez de preocuparse de las empresas periodísticas, que se hunden lentamente, califican a otros de obsoletos.

En efecto, las empresas periodísticas se hunden. Murdoch se hunde, está que trina, culpa a Google y quiere cobrar contenidos. Se alía con Microsoft y Bing. Caerán juntos. ¿Cuánto dinero no nos han robado ya Murdoch y Gates? Las empresas periodísticas también deben reciclarse, y si sus directivos no se quieren dar cuenta, seguro que los periodistas ya lo han hecho.

Exigen al Gobierno neutralidad ante cualquier presión y son ellos los primeros en presionar…

Nada comparable a la SGAE (institución privada CON ánimo de lucro). Y a los cánones. Medida más injusta es difícil de encontrar, hay que remontarse al derecho de pernada. Sólo con eso se debían dar por satisfechos.

Conviene recordar que esta propuesta gubernamental –con la salvedad de la inclusión del poder judicial- es bastante más light que en los países de nuestro entorno.

La salvedad lo dice todo.
Con otros muchos temas los países de nuestro entorno también son más duros (matrimonio gay, edad penal…) y eso no hace que sean mejores. De nuevo, una falacia.

Que por otra parte además sufren menos problemas con las descargas ilegales que el nuestro (somos campeones del mundo en esto). Y hay una directiva de Bruselas, que fija un plazo de dos años, para adaptarse a la normativa aprobada en el Parlamento europeo.

Es ponerle puertas al campo, se ha dicho hasta la saciedad y así es. En Suecia, en nada de tiempo, ya hay medio millón de personas que utilizan servicios de empresas para disfrazar la IP. Los programas P2P (peer to peer, o mejor people to people) se pueden modificar fácilmente para no ser rastreados, y aunque esto ocurriera y se cerraran webs y servidores, o se cortaran conexiones, hay demasiada información volcada ya, digitalizada, en mi ordenador y en el de la vecina. Podemos vivir décadas sólo con lo que hay, pasándolos de modo tradicional, en plan boca a boca, sería más costoso en términos de trabajo, pero se haría. Eso o rastrear hasta la última información que se transmita, el estado policial total, y sopesando ambos bienes jurídicos, no creo que compense. Además, como leí por ahí, no se pueden mandar a los GEOS porque una niña de doce años se descargue una canción de su grupo infantil favorito.
Posibles soluciones para los artistas: subvenciones (se puede argumentar que eso los hace afines al poder político; no sé si hay mucha diferencia con hacerlos afines al poder económico, que es lo que son ahora, estando ligados a esas multinacionales del ocio), conciertos (y que no se lleven la tajada sus discográficas, como ocurre ahora con los contratos 360º), publicidad (en páginas o insertada en la obra)… La gente está ansiosa de ocio audiovisual y cuando algo es bueno de verdad sobrevivirá, no como los productos comerciales que hasta ahora se acababan consumiendo porque te los metían por los ojos. El modelo cambia, está sufriendo una revolución, con todo lo que ello supone, y cuanto antes lo asuman los implicados, mejor para ellos. Hay que buscar otras soluciones, no intentar prolongar un modelo obsoleto. Lo que está ocurriendo no tiene vuelta atrás. Gastar energías contra la corriente sólo debilita, como este artículo tendencioso que arremete contra periodistas que en este caso sólo se están haciendo eco de lo que muchos piensan.

Y yo no tengo cargo de conciencia, porque me bajo todo lo que pillo y más, pero gasto MUCHO dinero en cultura.

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