Advierto que voy a soltar un rollo muy grande, ya que no encuentro nada mejor que hacer, aunque a poco, poquísimo, que me esforzara, lo encontraría.

Es que llevo todo el día viendo noticias (estoy convaleciente aún de mi segunda bronquitis del año, lo suficientemente bien como para leer y distenderme, pero sin terminar de estar de alta -que me las pongo y me las quito yo-). Viendo las noticias y con un runrún en la cabeza.
Tal y como sospechábamos hace años, en aquellos tiempos del inicio de los blogs, el país iba a acabar mal; sin duda lo ha hecho, y éste todavía no es final, como supongo que todos seguimos sospechando. (Me gustaría un día, tranquilamente, releer blogs de tiempo atrás y extraer algunas opiniones; definitivamente, sí podríamos ganarnos la vida como Aramises y Rapeles).
Nos quejábamos entonces de que la gente no salía a la calle. Pues bien, hoy leo en la prensa que los sindicatos se quieren manifestar. Ahora. Ahora, ¿no? Se quieren ir a … Encima, a claras luces, es una pose, porque con la que está cayendo ya no sería normal que callaran. Y ni siquiera es por los parados, es por las pensiones (sin menospreciarlas, que es un tema gravísimo, pero es que ya hemos llegado al más allá). Aj, paso de ellos.
Yo no sé por donde vosotros vivís, pero aquí el paro es demoledor, y siguen cerrando negocios, y los que no lo hacen es porque ya están muy consolidados, no pagan alquileres y pueden continuar cogidos con alfileres. Se nos van hasta los inmigrantes.
Bonicas están las urbanizaciones fantasma, con las lluvias y los vientos de los últimos meses. Se han inundado casas y nadie ha ido a verlas. Tú verás dentro de un par de años. Hace tiempo, me gustaba ir a ver una urbanización inconclusa y abandonada de la anterior crisis de los noventa. En mitad del salón de una de las casas había nacido una pedazo de higuera… Era chula, le tenía que haber sacado una foto. Con el último boom, se retomó la construcción, quince años después. A día de hoy, vuelve a ser una urbanización fantasma.
Conozco, de oídas, a uno que decidió comprarse una casa en una de estas urbanizaciones, aunque todo el mundo le decía que estaba loco. Y es que no es lo mismo que vivir solo en el campo. Imagínate ahí, tanta puerta cerrada, tan tétrico todo, tan lejos de cualquier parte… Se ha pillado una depresión que ha necesitado de asistencia profesional. Ahora dice que lo deja y se va a vivir a Sevilla. No me extraña.
Total, aquí sigo, rodeada de gente que se mata por servir a unos ricos que ahora ven chic comprar en el Mercadona, y por unos políticos que no olvidan el anterior modus operandi e insisten en destruir lo poco que queda en favor del sistema que nos trajo a donde estamos.
Tengo una lucha interna, un tanto estúpida, pero estoy divagando: por un lado quiero que el sistema reviente del todo para que no haya dinero para construir la carretera que quieren hacer pasar por la huerta en la que he invertido todos mis ahorros; por otro lado, es un poco fuerte y poco solidario desear tanta miseria al prójimo. Por el primer lado, pienso también que mejor curar la enfermedad de raíz, amputar, sanear, aunque las consecuencias fueran catastróficas. Por el otro, yo, que en el fondo quiero ser optimista, espero que se pueda conseguir un camino de enmedio que alivie las penurias.
Al que me siga leyendo a estas alturas le debo una caña, me la  apuntáis (¿se nota que tengo ganas de salir?, es que llevo cinco días encerrada).
Sigo con mi runrún. Ahora hablan de un pacto de estado (que en el fondo no quiere nadie), el rey hace su papel -pero no cuenta en qué se gasta los millones- (btw, miedito me dan los oportunistas) y la prensa internacional se ensaña con nosotros (y de camino denosta un poco más a la socialdemocracia, por si no lo estaba suficientemente ya -en realidad quieren que el tiro rebote en Brasil, que se les escapa de las manos-).
Y se habla de soluciones: a cada cual peor, cada vez que oigo algo pienso el “virgencita que me quede como estoy”. Claro que el que me quede como estoy es inviable. Como dice un señor arquitecto y economista (que es el único que de verdad controla y es razonable) en el vídeo que linkeo más abajo: contando los intereses que deben los españoles a los bancos, la deuda nacional llegará a ser tres veces el PIB español, porque claro, cuando se cuenta lo que debemos, no se hace contando los intereses de las hipotecas. Absolutamente insostenible.
Se habla de soluciones, y siempre es tocando a la clase trabajadora, mira tú, no habrá otras.
Hace falta flexibilizar el mercado de trabajo, aumentar la productividad… Totalmente de acuerdo. Pero de verdad no entiendo, como “mujer empresaria” que soy ahora, tanta insistencia en abaratar el despido. De verdad, de verdad, que no me parece tan caro despedir a una persona. Sí si lleva la tira de años trabajando, digamos diez o veinte años (que digo yo que si lleva trabajando tanto contigo estará más que cualificada, y si no haberla despedido antes). Y de todas formas, si tanto te molesta, la largas igual, y ni te duele el dinero (hablo por experiencia). Y si lleva poco trabajando, ¿qué te cuesta 1.000, 2.000 euros? Pero si eso es lo que te cuesta una avería eléctrica, o una pequeña reforma en un local, o el aire acondicionado… Se les va la cabeza, esa gente lo que quiere es explotar al personal, ahora tú, ahora el otro que es más barato (más necesitado), y tiro porque me toca. Ojalá fuera tan fácil solucionar el problema como abaratar el despido.
Flexibilizar el mercado de trabajo significa otras cosas, entre otras disponibilidad y organización (dejemos el tema formación, que me consume). Soy totalmente seguidora de un solo tipo de contrato para todo el mundo, incluso a los del régimen agrario. Un contrato sencillo, un tiempo de prueba como ahora y luego indefinido si el trabajo es estructural. Si DE VERDAD es temporal, pues el tiempo que sea y que no sea renovable ni sustituible por otro. No sé, yo lo veo claro. No entiendo tanto darle vueltas a la tortilla. Y los despidos, pues por las cosas razonables que se despiden a las personas. También es verdad que nunca llegué a aprobar Derecho Laboral en España, que lo hice de Erasmus – se llamaba Seguridad Social Europea-, igual por eso lo veo tan fácil.
En fin, que si has leído hasta aquí te debo dos cañas, porque todavía no he dicho lo que quería decir al principio.
Yo quería hablar sobre las soluciones que se barajan, que siempre es en detrimento del trabajador, que se habla de abaratar el despido, de reformar el sistema de pensiones (hace años y años que tengo el pálpito de que no voy a cobrar pensión, ¿por qué será?, quizá por algo que leí en un libro de Ciencias Sociales – de entonces-, algo sobre la pirámide de población, el babyboom y demás, y si no lo decía el libro lo diría mi profesora, que siempre supo lo que se hablaba)… De reducir sueldos (jaaaaa, ¿y ya matamos de hambre a la gente directamente, no?, con las hipotecas que hay…).
¿Y no habrá otra solución? La había. Empiezo a temer que es demasiado tarde. La había hace cuatro años. Antes también, pero sólo con cuatro años antes que la hubiesen puesto en marcha se habría podido solucionar algo. Bueno, todo esto es mi opinión, pero la desarrollo:
España va de culo porque el sistema capitalista va de culo también, y el final lo veremos o no, pero todavía no sabe bien cuándo ni cómo será. Sin embargo, España tiene una característica perversa particular que agrava el problema: que en los últimos diez años ha convertido la construcción en el motor de su economía, auspiciada por la especulación y la corrupción -sin olvidar el histórico blanqueo de dinero-, desviando a sus trabajadores hacia este sector y endeudando a toda la sociedad. (Target: vivienda). Ello, además de deformar el mercado de trabajo, ha encarecido la vivienda tanto que ha condicionado la vida de sus habitantes, ya sea por hipoteca o por los altos alquileres. (Target:vivienda).
Lo que hay que tocar, lo que está mal de raíz es la vivienda, y es lo que Zapatero no ha tenido cojones de hacer, aunque supiera que tenía que hacerlo (no por nada creó el ministerio de Vivienda).
(Tercera caña y vale por tarde/noche completa, que yo después de la tercera no me miro).

Algunos abogaron, cuando la gran demanda de una casa a precio digno, por obligar a los propietarios a alquilar las viviendas vacías. En mi opinión, no hacía falta semejante medida drástica (no fuéramos a colisionar con el sacrosanto derecho a la propiedad recogido en nuestra sacrosanta constitución), bastaba con cargar de impuestos al que tuviera una segunda (quien dice segunda, dice tercera, o dice centésima) vivienda. Ello hubiera repercutido directamente en el abaratamiento del alquiler, y por ende en el precio de la vivienda, ya que muchos optaban por una hipoteca debido a que resultaba casi igual de precio que un alquiler y al final “la casa era tuya”, y el manido  “alquilar es tirar el dinero”.
¿Y la vivienda como inversión? ¿Y tener una segunda vivienda? Vaya un lujo. Había quien tenía el pisito en la playa, o en la montaña, o en la estación de esquí, y decía “es que yo no quiero alquilar el apartamento porque me gusta, de vez en cuando, ir allí y si lo tengo alquilado no puedo ir”. A lo que yo respondo: de acuerdo, es un lujo, y como tal págalo, igual que yo pago los míos.
Luego están también los que decían que no alquilaban porque luego el inquilino blablabla y no se va, y te deja el piso hecho un asco (cierto, en Espña urgía una ley de alquiler: no era tan difícil, sólo había que copiarse por encima de Alemania, Bélgica, Suecia…).
Pero no se hizo, no. Porque era cortar el negociete de las hipotecas, del amigo constructor y el chollo del ayuntamiento. Vamos, el conjunto de la sociedad.
Y si no tuvieron cojones entonces no lo van a hacer ahora, algo tan simple como supergravar una vivienda vacía. ¿No hace falta dinero? ¿Quién ha ganado más en los últimos años? ¿Quién tiene el dinero? Pues que paguen ahora. Vivienda vacía=mogollón de pelas, para el desempleo, la sanidad, la educación… Esas cosillas. Noooo.
¿Y por qué no? En Estados Unidos (que de todas formas va de culo igual – dato: el paro en la franja de la población con menor poder adquisitivo ahora mismo es mayor que en el peor momento de la Gran Depresión-), en Estados Unidos, decía,  el precio de la vivienda ha descendido un 50%. Eso está sirviendo para, más o menos, más o menos, reactivar su economía. En España no bajan ni a la de tres. ¿Por qué? Porque nuestros bancos supersolventes tienen parte de su capital respaldado por el valor de las viviendas que poseen. Si se reconociera que esas viviendas están sobrevaloradas muchos de ellos tendrían que admitir que están en quiebra. Por eso, y porque poseen muchas, no dejan que bajen.
Pero entonces, ¿qué pasaría, como decía antes, si se gravara la vivienda vacía? Que los bancos tendrían que pagar muchos impuestos, puestos que son ellos quienes poseen la mayoría de las viviendas vacías en España. Tanto dinero que igual, entonces, entrarían en quiebra, o al menos no les interesaría tenerlas en propiedad, y las pondrían a la venta masivamente, por lo que bajaría mucho el precio (hasta su valor real), y estaríamos en las mismas, que se notaría que el emperador va desnudo, es decir, que los bancos no tienen con qué respaldarse.
Y eso no se puede, porque es romper la baraja. No se puede. Pero como lo que es no tiene remedio, la otra opción es la lenta agonía, que es esto, lo que vivimos.

Este documental lo vi hace tiempo (imagino que muchos lo habréis visto), tendrá uno o dos años, calculo yo (se nota el ligero desfase con la actualidad, no corresponde exactamente a los sentimientos de este momento) y hace poco me lo tropecé de nuevo. Aunque no es la gran maravilla técnica ni de nada, sí creo que plasma, en líneas generales, lo que muchos pensamos.
Vídeo.

Y una canción de los Smashing Pumpinks (de las famosas), pero ésa os la buscáis vosotros.

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