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Hacía mucho tiempo que no oía a Van Morrison, hoy he vuelto a hacerlo, en el coche; sólo volvíamos a casa, pero hubiéramos llegado hasta Marrakech:

Days like this

Did ye get healed

Y ya que nos ponemos…

Queen Of The Slipstream

You’re the Queen of the slipstream
With eyes that shine
You have crossed many waters to be here
You have drank of the fountain of innocence
And experienced the long cold wintry years.

There’s a dream where the contents are visible
Where the poetic champions compose
Will you breathe not a word of this secrecy, and
Will you still be my special rose?

Goin’ away far across the sea
But I’ll be back for you
Tell you everything I know
Baby everything is true

Will the blush still remain
On your cheeks my love
In the light always seen
In your head?
Gold and sliver they placed
At your feet my dear
But I know you chose me instead

Goin’ away far across the sea
But I’ll be back for you
Tell you everything I know
Baby everything is true

You’re the Queen of the slipstream
I love you so
You have crossed many waters to be here
And you drink at the fountains of innocence
An experience you know very well

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(Edit: ya están algunas fotos)

Amenazo, amenazo con ordenadar mis marcadores (mis favoritos) del ordenador y y de camino meteros un millón de links de recomendaciones.
Pero no será hoy. Ahora os dejo un youtube, un reciente descubrimiento que ha hecho una amiga: Marla Glen, cantante estadounidense, lesbiana y maravillosa.
La hemos llegado a definir (definición post porro, todo hay que decirlo), como un híbrido entre Chavela Vargas y Antony and The Johnsons, en negro. En realidad es la otra cara de la moneda de Antony, de alguna forma. Él es un tío tremendo con voz que a veces parece de tía, ella una tía tremenda con voz de tío. No sé, ahí lo dejo:

Otro, DISTINTO:

Ah, en breve foticos en el Flickr. Si no salen ahora (hay que almorzar), pronto las cuelgo. Llevo unos fines de semana maravillosos, llenos de impactos visuales y emocionales.

Gracias por los comments del post anterior. Vosotros sabéis.

Ya sé que Joaquín Sabina carga a muchos blogueros que por aquí pasean. A mí misma me ocurre, y durante mucho tiempo lo he evitado. Además, me cuesta desligarlo de la connotación progre que en los últimos años acarrean este hombre y los de su círculo.

Y SIN EMBARGO, me voy a permitir esta canción que probablemente sea una de mis favoritas del autor, tiene una letra preciosa, al césar lo que es del césar.

Me parece una excelente versión ésta que he encontrado en el Youtube y cuelgo abajo. La copla del mismo título (+ te quiero), que la precede, también es de las que más me gustan, aunque no precisamente así cantada, pero bueno, tampoco está tan mal:

Hace unos días me enteré de la noticia, algo tarde porque ya no vivo en Granada, pero se sabe desde hace meses. Me la contó un conocido y no lo podía creer. Mucho hemos hablado en estos espacios del cierre de locales emblemáticos, de cines y demás, pero ahora sí que me ha jodido.

No puede ser.

El Eshavira Club es un local donde había actuaciones en directo, de jazz los miércoles y jueves, y de flamenco los domingos. Está situado en un subterráneo algo escondido, al que se accede por un patio de suelo de piedra, muy bonito y fresco en verano.

En resumidas cuentas, resulta que han declarado el edificio donde se aloja en ruina (esta viejo, pero no en ruina -me he informado antes de afirmar esto-) porque los vecinos tenían renta antigua. La misma mierda de siempre, que esa esquina, en esa calle, vale muchas pelas y van a hacer apartamentos. Dejan en la calle a ocho familias, entre ellas muchas personas mayores.
Ahí están, de juicios, pero el final está cantado.

(la noticia)

Así, con la complacencia de los gobernantes locales, la especulación urbanística se cobra la enésima víctima.

El Eshavira es/(¿era?) lo mejor de lo mejor, el sitio donde podías llevar con toda seguridad a la gente que venía a visitarte de fuera porque sabías que no iba a fallar.
Fui mucho en el pasado y ahora me arrepiento de no haber ido más los últimos años, aunque tampoco he parado.
Las actuaciones eran siempre de mucha calidad, no en vano era uno de los locales organizadores del Festival Internacional de Granada de Jazz. Qué noches, qué bueno. Qué lástima.

El problema es que no se considera a estos lugares de música en directo centros de cultura, sino meros establecimientos de hostelería, y no sólo no se los protege sino que se les hace la vida imposible.

Quedan Planta Baja (cerró en el 2004, pero el grupo Eskorzo la bunkerizó y reabrió), la Copera, Tren, el Alexis, el Liberia, el Bohemia Jazz Café y, sobre todo, mi favorito aunque haya que ir en coche, El Secadero (que ha tenido sus movidas). La pregunta, llegados a este punto, es ¿hasta cuándo durarán?. El Pícaro también ha caído y la Tertulia anda en la cuerda floja.

Desde luego, no se podía esperar otra cosa del actual Ayuntamiento de Granada, que se ha propuesto cargarse la vida cultural de la ciudad y, a este paso, lo va a conseguir.

Están vaciando mi vida de escenarios, como las de tantos.

Es lo de siempre. No pondrán ahí un Starbucks porque es un subterráneo, o sí, capaces son.

Ya lo sé, lo hemos hablado mucho, sólo hacemos lamentarnos por lo mismo, parece que cualquier tiempo pasado fue mejor, que ya lo sabemos, o sobre todo, que da igual lo que digas porque no se puede hacer nada sobre ello, pero tenía que contarlo.

Hace mucho que no lo hago, no es mi estilo, a diferencia de otras que conozco; me refiero a repetir cansinamente una sola canción, hasta agotar neuronas propias y nervios extraños.

Sin embargo, alguna vez he caído en la tentación. Así, que recuerde, me ocurrió con “The Test” de los Chemical Brothers, alguna de Dead Can Dance, con Afrocelt Sound System, y “Hunter”, “Bachelorette” o “Human Behaviour” de Björk. Así me conocéis mejor.

En una ocasión, hace muchos años, de un estilo muy diferente, me dio por poner “Ojalá”, de Silvio Rodríguez.

Es una canción preciosa, lo sigue siendo, con una letra tan delicada que es difícil que no te llegue al corazón, y lo digo aunque la tengo muy vista, oída más bien, y con ella llegué a rozar el aborrecimiento. Al final la canción se salvó.

Yo vivía sola, y sola que me quedaría mucho más. Enamorada hasta la médula, despechada, llorosa y, en definitiva, patética, me ponía la cancioncita para hundirme más en mi pozo de desesperación (nunca mais, nunca mais; ahora, pasado el tiempo, preferiría un “Ojalá que te mueras“, o mejor un “Que te den”).

Pero estábamos en que yo, sola, llorosa y compungida, durante días estuve poniendo la canción. En el apartamento de al lado vivía una pareja de guiris jóvenes que tenían un bebé. Apenas hablaban español, las cuatro palabras básicas para hacerse entender. Una mañana, los tabiques de papel, me despertó la guiri cantándole al bebé: “Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta…”. La pobre se la había aprendido. Ése fue el momento en que decidí que no más.

Acabo de recordar una pareja que tuve que me decía las cosas a través de las canciones. Con el paso del tiempo me sonrío, pero era insufrible la mujer. Te tenías que esforzar en descifrar el significado, el problema solía venir cuando la letra era en inglés y no había manera de encontrarle sentido, una vez que por fin habías conseguido adivinar la letra. Al principio, muy al principio, le decía que sí lo había entendido, por no parecer tonta, y luego me ponía la canción a solas en mi casa a ver si le sacaba algún significado; luego, pasado el tiempo, le decía directamente que no la comprendía, y ella me miraba con mezcla de incredulidad y decepción. Al final, opté por ignorarla, es que no había manera de entender a aquella mujer. Haberme dicho las cosas claras, a la cara.

Pequeño homenaje, recuerdo ésta, tremenda (y tenía razón, se lo tengo que reconocer):

Following (The Bangles)
You think I’m crazy or something
Always following you around
You say I’m a hopeless case
Run an obsession into the ground.

You call me a loser
You call me a shadowing fool
Look over your shoulder
And you say I’m haunting you.

So why do you call me
Why do you look for me
Why do your eyes follow me the way they do.

You hold me responsible
Yeah, so I stand accused
Of causing all the trouble after high school
Between him and you.

Yeah, you call me a loser
You call me a shadowing fool
But I was a good girl
Yeah, ‘til you taught me what it means to be true.

Why do you call me
Why do you look for me
Why do your eyes follow me the way they do.

Why do you call me
I know you look for me
Why do your eyes follow me the way they do.

Se me ha borrado el post de hoy (se colgó el mac, también ocurre), y paso de reescribirlo todo con detalle. Decía que ya volví del puente, que lo he pasado muy bien.

Cinco de la mañana. Se apaga el fuego, me despierta el frío. Me acerco a la chimenea para reavivar las pocas ascuas que quedan, con el mayor sigilo posible porque no quiero despertar a nadie. Medio dormida aún, mientras entro en calor, acabo embobada contemplando las llamas.

Kirikita, cuatro añitos recién cumplidos, despierta por el ruido que yo había formado, se acerca. Se sienta junto a mí, y permanece en silencio también, durante minutos. Entonces, con una voz más ronca de lo que correspondería a su edad (quizá por encontrarse recién levantada), comienza a hablar, muy misteriosa y pausadamente, con su lengua de trapo:

-Iwi, te voy a contar un cuento, el de la niña que iba a gomitar y no tenía nombre…

La miré con los ojos como platos.

Cuentos de terror por una niña de cuatro años.

Será que va en la naturaleza humana contar historias a la luz de la hoguera.

Este vídeo (poner en grande, pulsar en la marquita “youtube”), de los islandeses Sigur Rós, me lo dedico a mí, y a Kirikita, que hace poco se paseó por todo Madrid disfrazada de manera extraña y parecía un niño de éstos.

Te lo dedico a ti también.

Anoche:

Él: Yo no soy racista, pero…
P.: Dilo, dilo (lo jalea para ver hasta dónde puede llegar)
Él: pero yo los mataba a todos.
P.: ¡Ésa es la frase!
Ella (pareja de Él, ligeramente escandalizada, apaciguando los ánimos): No, yo no soy racista, soy ordenada, cada uno en su país.
P.: ¡Ésa sí que es la frase!
P. y yo nos descojonamos del todo. En su cara.

Nota: el padre de Ella pasó quince años en Alemania.

Qué cansancio y aburrimiento del temita, y de manifestaciones, de fascistas y antifascistas, de hablar de homosexuales, que si se curan o no (si la felicidad tiene cura, yo no la quiero), de todo. Asco, hastío.
Éste no es el camino, no lleva a ninguna parte.

Hablemos de otra cosa.

Curiosidad histórico-medioambiental: una de las mayores aportaciones de Franco a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial fue la madera de los bosques autóctonos de Galicia y Asturias, los cuales se repoblaron posteriormente con pinos de crecimiento rápido. Los pinos son una especie parasitaria, extraordinariamente nocivos fuera de su hábitat natural, se queman muy rápido y son responsables de la rápida propagación de incendios que en ocasiones observamos en estos lugares.
Vaaale, que Franco no es responsable de la merma de los bosques españoles, que ya Felipe II se cargó lo suyo con la Armada (In)vencible y lo que no era armada, y hasta los romanos hicieron de las suyas, pero es bueno saber el porqué de las cosas.

Mierda de lluvia ácida (nadie habla de eso, ¿verdad?, pues existe, aquí).
A ver si se acaba el petróleo de una puta vez.

Muy interesante el post de Lifestraveller sobre las cianobacterias, y no os perdáis el blog Normalizado, que renueva imagen:

Para los que estéis decorando, lo que sea, bonitos diseños para empapelar paredes: Kaffeine. Y pósters: allposters.com

 

1 a.m.:

Llaman por teléfono, al fijo. Una chica joven, con voz angustiada, evidentemente asustada, pregunta: “¿Seguridad?“, yo “¿qué?”, ella “¿Seguridad?“, yo “no, se ha equivocado”, “perdone” me responde, e inmediatamente cuelga. No parece una broma, sería absurdo. Me quedo con ganas de preguntar si la puedo ayudar en algo, me pregunto qué le pasará, me produce intranquilidad, no dejo de imaginarme qué puede haber ocurrido para que haga esa llamada, pero no se me ocurre nada, así que para quedarme reconcomiéndome mejor lo escribo aquí. Ya está.

Estoy ñoña hoy (óigase canción de abajo), estoy rara en general últimamente, como prerregla pero de contínuo, no sé, igual el motivo es físico, o químico. Voy a hacer ejercicio, a ver si soltando endorfinas me mejoro, que ya no sé. O bueno, quizá no haya que resistirse a la montaña rusa, sino seguirla, disfrutarla, soltarse. Pero yo soy de las que gritan, mucho.

[odeo=http://odeo.com/audio/17364003/view]

(aleluya)

ojo-web1.jpg

Leo en El Paííís (digital, que ya he dicho que no lo compro más):

“ Neil Diamond revela la identidad de la musa de ‘Sweet Caroline’ ”

.

No es que Neil Diamond sea de mis favoritos, demasiado ñoño para mi gusto, pero reconozco que esa canción hubo una época en que me encantaba (y recuerdillos que todos tenemos).
Así que leo el titular e inmediatamente pincho, pensando, emocionada, “¿quién, quién?”, e imaginando una tremenda historia de amor, hasta que descubro que… se la dedica a ¡Caroline Kennedy!, hija de John F. Kennedy. Pues vaya, ¡qué chasco!.

(he puesto la foto en la que el hombre salía más favorecido, porque vaya tela)

Ahora os dejo con la canción:

http://songza.com/listen?z=OqDTlwq532M

No he podido ponerla de otra manera que no sea el burdo link (vaya cruz que tengo yo con la musiquita de los posts, ni con wordpress ni leches, es mi maldición particular). Aprovecho el buscador musical que nos ha mostrado Salarino, que tiene muy buena pinta en general, aunque todavía no me ha dado tiempo a investigarlo bien.